domingo, 30 de junio de 2013

SOBRE EL PROTESTANTISMO EN ESPAÑA

D. Manuel Muñoz y Garnica
 
EL PROTESTANTISMO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX
 
Por Manuel Fernández Espinosa
 
El feliz hallazgo que merecemos a las investigaciones de D. Luis Gómez López, publicado recientemente en este blog, ha puesto al descubierto otra empresa cultural más, de las acaudilladas por el infatigable D. Francisco de Paula Ureña y Navas. Al Círculo de Obreros Católicos de Torredonjimeno, hay que sumar a partir de ahora la Sociedad Católico-Literaria de los Amigos de los Pobres que descubría D. Luis Gómez en sus indagaciones de hemeroteca. Ni que decir tiene la satisfacción que nos produce constatar nuevamente que en el curso del siglo XIX y primera mitad del XX la actividad de los carlistas locales (tradicionalistas o integristas) fue una realidad y, por supuesto, se refuerza cada día más nuestra hipótesis de partida: a saber, que Torredonjimeno (así como otras localidades de la comarca: Jamilena, Higuera y Santiago de Calatrava, Porcuna, Lopera, Valdepeñas de Jaén, Martos...) fueron poblaciones en las que hubo una fuerte presencia de tradicionalistas carlistas.
 
El texto que publicaba D. Luis Gómez y que firmaban los miembros de la Sociedad Católico-Literaria de los Amigos de los Pobres de Torredonjimeno merece ahora nuestra atención. Vamos a trazar un breve bosquejo histórico que sirva de comentario para comprender mejor el texto en su contexto. Dice así:
 
“Señor Director del SIGLO FUTURO.
Muy señor nuestro: El nombre, las glorias y la caballerosidad de la católica España constituyen el móvil fortísimo que impulsa á los infrafirmantes, jóvenes individuos de la «Sociedad católico-literaria de Amigos de los pobres », de Torredonjimeno (Jaén), á suplicar á Vd. dé cabida en su católico diario á la presente, protestando solemnemente contra la impía, heretical y absurda permisión del tan sonado templo luterano en nuestra corte. Casi tienen el presentimiento de que no han de ser oídas las justas reclamaciones de los católicos españoles; pero no importa; así sabrán mejor, y una vez más, que es de hijos bien nacidos llorar y sentir las desgracias de su patria. Ni la paz, ni la cultura, ni la honradez pueden aconsejar al gobierno lo que todos los católicos, que son los españoles verdaderos, ni deben permitir, ni mucho menos aprobar; y que el protestantismo no da paz, bien claro lo dice la historia con las guerras religiosas de Inglaterra, Alemania y Francia; que no trae la ilustración, antes la quita, harto demostrado lo tiene nuestro Balmes en el mejor de sus libros; y que lleva en su frente la deshonra, demostrando con evidencia la impura cuna que le meció en su infancia, la obscena ropa que vistió de joven y el sucio manto que hoy cubre su decrepitud y sus mentiras. ¡Lástima grande que la España que supo y apartó de sus hijos la peste de la herejía, abra sus puertas al error y se manchen con el lodo y el cieno que arrojan otras naciones.

 
Torredonjimeno, festividad de la Purificación de Nuestra Señora, 2 dé Febrero de 1893.

Presidente efectivo, J. de la Cruz Pérez Ortega.— Vicepresidente, Francisco de P. Ureña Navas.—
Secretario, Pedro Aranda Ocaña.—Tesorero, Esteban Serrano Zafra;—Socios efectivos: Manuel Peinado Izquierdo.—Ernesto Pérez Ureña.— Antonio Ureña Estrella.—Francisco Ureña Estrella. —Juan Benito Vegara Martos.— Francisco Ortega Montejero. — Juan Erin de Fuente.—Dámaso Calahorra.—Gerardo Muñoz. —Crisóstomo Ureña Estrella. —Juan Jacinto Cañada Ureña”.
 
En el cuerpo del texto se alude a un libro de Balmes: "harto demostrado lo tiene nuestro Balmes en el mejor de sus libros". El redactor de este manifiesto de repulsa a la instalación de un templo protestante en Madrid estaba refiriéndose, sin ninguna duda, al libro "El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea" (del año 1840), formidable tratado de apología católica que hay que haber leído para poder comprender el énfasis que ponen nuestros católicos tosirianos en este texto para reprobar la penetración del protestantismo en España.
 
Jaime Balmes
 
 
EL PROTESTANTISMO EN ESPAÑA: UN PROBLEMA MÁS QUE RELIGIOSO
 
La sensibilidad (diríamos que susceptibilidad, en proporción a la ignorancia) que caracteriza a nuestros contemporáneos puede escandalizarse ante una defensa tan integral del catolicismo frente al protestantismo. Tampoco ayuda mucho, es cierto, la torcida interpretación que del Concilio Vaticano II y el Ecumenismo se ha visto realizada en las últimas décadas, desgraciadamente en el campo católico. Pero si queremos comprender esta reacción de nuestros integristas hemos de tener en cuenta, permítaseme que sea escueto, algunos factores, como son los siguientes:
 
1. El Siglo XIX supuso un siglo de revolución que trastornó España. Al principio fue la invasión napoleónica que traía las perniciosas ideas de la revolución francesa. Pero, mientras España combatía al invasor que trataba de implantar sus errores políticos (falsas libertades, falsa igualdad y falsa fraternidad), los españoles se verán divididos al surgir en Cádiz una secta -la de los liberales- que, mutando a lo largo del siglo, más o menos radicalizados, perpetra la gran traición a la tradición católica y monárquica que caracterizó a España en su más gloriosa Edad.
 
2. El único, natural y legítimo sentir y ser tradicional español se mantuvo en las filas del ejército carlista que no luchaba simplemente por una cuestión dinástica, sino que había empuñado las armas para combatir a una secta minoritaria de españoles extranjerizados que porfiaban en desfigurar España, fascinados por ideales del todo ajenos a los intereses del auténtico pueblo español y convertidos en vasallos de potencias extranjeras, ora Gran Bretaña, ora Francia.
 
3. Es aquí cuando hace acto de presencia el protestantismo en España. Serán misioneros -casi todos británicos y de diversos cultos protestantes (cuáqueros, metodistas...)- los que vengan a España, como si nos hiciera falta a los españoles ser "evangelizados". Este protestantismo incipiente, un injerto extraño, estaba impulsado económicamente por Gran Bretaña (en menor medida por Alemania). En un primer momento puede localizarse el foco de emisión protestante en Gibraltar, desde donde algunos agentes del protestantismo pretendieron extender su doctrina herética por Andalucía, sin resultados dignos de destacar. La propagación del protestantismo no era ajena a determinados intereses políticos que Gran Bretaña se traía entre manos: y es que, en los gabinetes británicos se había visto necesario que, para minar y socavar el vigor de España (siempre una posible amenaza al poderío imperialista anglosajón) había que descatolizarla, protestantizándola. De esta guisa: desarmada y desalmada, España se convertiría en un pelele y la amenaza de un resurgir español se abortaba.
 
4. ¿Hubo protestantes españoles? Los progresos de las diferentes "misiones" protestantes en España no fueron, en modo alguno, relevantes y, teniendo en cuenta el desembolso y la actividad generada por los agentes protestantes británicos, hay que decir que resultó un rotundo fracaso. En general, los españoles que apostataron de la Iglesia Católica, para abrazar la herejía protestante, lo hicieron movidos más por viles intereses que por un auténtico proceso de conversión religiosa. La mayor parte de adeptos españoles al protestantismo decimonónico fueron sacerdotes y religiosos que apostataron del catolicismo, para poder casarse con las mujeres con las que estaban abarraganados (hubo uno que se hizo ortodoxo por el mismo motivo venéreo, poniéndose bajo la autoridad del capellán de la Legación Rusa en España). Los españoles que se hicieron protestantes, sin ser sacerdotes o religiosos, fueron literalmente comprados por los misioneros ingleses que, explotando la miseria y la incultura, pudieron a cambio de un dinero tener clientes para sus misiones: y esto, siempre, en puntos muy localizados, allí donde los británicos explotaban nuestros recursos mineros que, gracias a la corrupción liberal, eran cedidos al plutocrático clan de los Rothschild y sus diversos tentáculos.
 
En el caso de la provincia de Jaén los mineros ingleses y alemanes fueron los que en Linares intentaron abrir una capilla protestante (como abrieron logias masónicas y espiritistas) a la vez que compraban algunas apostasías. Tal ocurrió en Iznatoraf, con un caso que fue muy sonado en su época, siendo ministro de la Gobernación Romero Robledo. Lo que allí ocurrió fue que un "pastor" protestante, a sueldo de una dama inglesa, se querelló contra el párroco católico por haber bautizado un hijo del pastor protestante, a requerimiento de la esposa de éste y madre de la criatura. 
 
5. La primera Constitución Española que aprobaba la "libertad de cultos" fue la promulgada durante el convulso y catastrófico Sexenio Revolucionario que se inició con la llamada Revolución Gloriosa de 1868, si bien es cierto que la Constitución de 1854 ya esbozaba esa libertad de cultos, aunque ésta quedó en agua de borrajas. Al concluir el Sexenio, abierto el proceso de la llamada Restauración Canovista se produjo otra Constitución que se caracterizaba por dar una de cal y otra de arena, tal y como era el espíritu del liberalismo doctrinario de Cánovas del Castillo. Esta imprecisión, esta vaguedad de algunos artículos constitucionales tuvo como consecuencia que los progresistas de Práxedes Mateo Sagasta, eminente director de la masonería en España, realizaran siempre que se veían en el poder una interpretación de la Constitución para lesionar, en la medida de sus posibilidades, los intereses de la Iglesia Católica. El anticlericalismo, el anticatolicismo, era la seña de identidad de los progresistas como lo es hoy (vemos que no han progresado a pesar del paso del tiempo) y todo apoyo a cualquier credo no-católico siempre fue una forma de provocar problemas a los católicos. En 1893, fecha de nuestro texto, le había tocado el turno en el poder a Sagasta y, por lo tanto, no era extraño que el gobierno hubiera accedido a la pretensión de los protestantes que quería erigir un templo en Madrid.
 
6. Los integristas tosirianos (empleamos el término "integrista" en su sentido originario) estaban bien informados del peligro que constituía la propagación del protestantismo en España. No sólo habían leído el portentoso libro de Mosén Jaume Balmes más arriba citado, "El protestantismo comparado con el catolicismo...", sino que contaban con elementos algo más que teóricos: nadie ignoraba en aquel entonces que el protestantismo español servía de tapadera no sólo a los intereses británicos, sino a las conspiraciones revolucionarias. Bajo la cobertura protestante operaban los revolucionarios socialistas y así está demostrado con la intervención de protestantes en la sublevación de Loja, acaudillada por el veterinario Rafael Pérez del Álamo, y que tuvo lugar el año 1861. En este sentido, el cultísimo ubetense Dr. D. Manuel Muñoz y Garnica (1820-1876), canónigo lectoral de la Santa Iglesia de Jaén y director del Instituto provincial de Segunda Enseñanza de Jaén, había escrito en 1861 un libro titulado "El protestantismo inglés y los revolucionarios españoles". D. Manuel Muñoz Garnica había sido corresponsal epistolar de Mosén Balmes en vida del filósofo catalán. Como estrecho colaborador tuvo Balmes al médico D. Benito García de los Santos (1823-1863) que, aunque había nacido en Madrid, era profesor de Historia Natural en el Instituto de Jaén y, por lo tanto, compañero a su vez de Muñoz y Garnica. Desde 1844 a 1846 el profesor García de los Santos y Jaime Balmes, conjuntamente, habían dado a la estampa "El Pensamiento de la Nación", periódico en el que se derramaba la erudición y el talento de Balmes. Es posible también que en fecha imprecisa, Jaime Balmes visitara Jaén a tenor de este pasaje epistolar que le escribe Balmes, desde Madrid, a su amigo García de los Santos:
 
"Quiere usted saber cuándo voy a Jaén; como yo no lo sé tampoco, mal puedo contestar. Salude usted al señor Garnica...".
 
Pero algún día trataremos más detenidamente las figuras de Muñoz Garnica y de Balmes.
 
A modo de plan inicial la cuestión podría quedar presentada en estos factores que simplemente hemos enunciado. Esta no es la historia del protestantismo que quisiera el señor César Vidal, pero ésta es la que hay: la que podemos reconstruir concienzudamente si consultamos los archivos municipales, parroquiales y diocesanos, si investigamos en las hemerotecas y si leemos esos buenos libros que la estupidez políticorrectal mantiene lejos del lector medio español. Nos referimos a la obra completa de Jaime Balmes y a la "Historia de los Heterodoxos Españoles" del ínclito D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Poca bibliografía fiable y solvente pudiéramos citar para esta cuestión además de ésta, amén del libro de Muñoz Garnica. 
 
Es por lo tanto muy oportuno que, antes de juzgar un asunto histórico (como es la presencia protestante en España), el contemporáneo prescinda de sus ideas prefabricadas por el desastroso sistema de enseñanza español, desarrollado desde los años 70 a esta parte. No se puede abordar un tema como éste, desde el sentimentalismo estúpido y la idealización de la modernidad. Hay que buscar la verdad en los archivos, en las hemerotecas y en las bibliotecas. El protestantismo en España no es una cuestión simplemente religiosa, sino que tenía consecuencias políticas. El protestantismo en España favorecía la colonización y explotación de nuestros recursos a manos de potencias extranjeras que nos estaban convirtiendo en una colonia, merced a la colaboración de las sectas masónicas y liberales.

Quien prescinde de los esquemas mentales vigentes evita, ante estas cuestiones históricas, el decir pamplinas, que son las que se suelen leer y escuchar cuando el que las escribe o las dice es un analfabeto funcional.
 
George Borrow, el más famoso de los vendedores de Biblias protestantes en España
 
 
  

sábado, 29 de junio de 2013

EL CÍRCULO DE OBREROS CATÓLICOS DE TORREDONJIMENO

D. Francisco de Paula Ureña y Navas

EL OBRERISMO CATÓLICO A FINALES DEL SIGLO XIX EN TORREDONJIMENO

Edición digital a cargo de
D. Manuel Fernández Espinosa.

El manuscrito inédito que publicamos es un cuaderno de dos hojas de papel apaisado y doblado, unidas por un hilo en su centro, lo que dan ocho páginas sin numerar de 15,5centímetros x 21,5 centímetros. De las ocho páginas, están exentas de escritura la portada interior y la contraportada exterior. En la portada visible dice "Para la Inauguración del Círculo / de / Obreros Católicos / de Torredonjimeno / Festividad del Príncipe / de / los Apóstoles / 29 de Junio de 1899", y lleva sello de la Iglesia Parroquial Mayor de San Pedro Apóstol de Torredonjimeno. En las cinco páginas interiores, la apretada letra de un anónimo autor (en ningún lugar consta su nombre) diserta sobre la actualidad de su época, confirmando el Magisterio de la Iglesia Católica respecto a la cuestión social y laboral.

Se trata del borrador de un discurso de inauguración cuya autoría podemos atribuir a D. Francisco de Paula Ureña Navas, licenciado en Derecho y Filosofía y Letras que, después de sus estudios en Sevilla, se había instalado en la provincia, colaborando desde el año 1891 para el diario "El Pueblo Católico" de la ciudad de Jaén, del que luego sería director y propietario. En el año en que se fecha el documento que reproducimos D. Francisco de Paula Ureña Navas tenía 28 años de edad (ver ÓRDAGO, n.º 6, año 2001, Tosirianos Ilustres... D. Francisco de Paula Ureña y Navas, periodista y escritor, pp. 22-23). Fue asesinado en Madrid en 1936 por las brigadas del terror rojo y, tras muchos años de olvido, hemos sido nosotros los que hemos recuperado su biografía y vamos recuperando su obra, abordando la rica figura de Ureña y Navas en otros trabajos, publicados en varios medios impresos y digitales).

Reproducimos el texto original, convenientemente anotado para su major intelección.


TRANSCRIPCIÓN DEL TEXTO ORIGINAL

Para la Inauguración del Círculo de Obreros Católicos de Torredonjimeno.
Festividad del Príncipe de los Apóstoles
29 de Junio de 1.899


Señoras y Señores:

La disgregación universal que ha producido el exceso de libertad y el desdoro lamentable en que ha caído el principio de auctoridad (1), han traído el pavoroso error del socialismo. El hombre jamás hubiera pensado en pedir con o sin derecho, con el rugido feroz de los tumultos públicos, la igualdad social absoluta y la abolición de las categorías y de las clases, si el alto nivel en que debía sobrenadar el principio auctoritario (sic) no hubiese perdido ya tantos grados en la escala de su legítima grandeza.

Los depravados filósofos que, ardiendo en ambición y concupiscencias del mundo, combatieron más o menos disimuladamente, la dignidad de este principio, y lo humillaron para generalizarlo y hacerlo más asequible, quisieron hacer comprender con punible ignorancia o liviana malicia, que la auctoridad no era una ley fundamental del mundo, y un principio imprescindible de cohesión.

En su torpe osadía lo atacaron y envilecieron, partiendo así y destrozando cuanto era posible el eje del mundo político y racional. Al golpe fatal de tan perversas doctrinas, se vio venir aterradora la anarquía de abajo arriba, y en presencia del monstruo extraño se asustaron los mismos fabricadores, demostrándose una vez más que la falsa filosofía es un verdadero crimen de Estado.

Desquiciada así la máquina social, ocurre sin embargo un fenómeno raro, singular. Todas las teorías del impío filosofismo moderno predican la humillación y abatimiento del poder, ya en el fondo, ya en la forma; y mientras esto se predica con una mano hacia arriba, se implanta y se idolatra con otra mano por bajo, la soberanía popular absoluta; y mientras existe una secta que en el 2º artículo de los 12 de su credo escribe Nullus super nos [Nadie por encima de nosotros], y en el 9º Bonum necare qui volunt prosse nobis, se ensalza con impúdico cinismo la fuerza individual, se proclama al yo, puro, independiente y soberano, la autonomía privada, la responsabilidad del hombre solo ante el mismo hombre.

En medio de esta descomposición y espantoso flujo y reflujo en que se agita la humanidad, se ve flotar al mismo tiempo a la manera de cuerpo sumergible, un instinto poderoso [2] de cohesión de tal modo, que nunca se ha enseñado tanto el individualismo y la segregación social y nunca como hoy, se han multiplicado tanto los gremios, las asociaciones, las sociedades de todo género. Antiguamente la humana inventiva sorprendía un secreto, y lo encerraba en el silencioso pecho del individuo; hoy se conocen empresas de exploración y descubrimientos; cada descubrimiento, cada idea nueva, es objeto de una empresa; y lo que es más: alterada y radicalmente conmovible la organización social desnivelada por haberse debilitado el contrapeso regulador de la auctoridad, el hombre la ha proclamado con el nombre de Confederación y con el de Asociación internacional de los trabajadores. Esta es una nube oscurísima preñada de rayos y tempestades; detrás está la luz, la verdad oculta que, corrompida, ha ocasionado este error.

Y como los males y los errores son también términos lógicos para analizar e interpretar los fenómenos, nosotros, en presencia de ese espíritu universal de asociación, contra el principio fatal y estéril del individualismo, recordaremos la confesión paladina del famoso Patriarca de los escépticos. Negaba Pirro (2) la existencia del mundo externo; pero al acometerle cierto día un perro, se indignó contra él y le amenazó con la muerte; reconviniéndole sus discípulos, arguyéndole de contradicción entre sus dichos y sus hechos, respondió: es imposible despojarse de la humana naturaleza.

Pues por analogía, debemos hoy decir nosotros que es imposible sacudir y anular la influencia de los primeros principios; estos son como los cimientos de los edificios, lo último que perece, lo más inaccesible a los golpes, lo último que deja de actuar en la mole construida, por más que ésta se cuarteé, se desmorone y se derrumbe a causa de las oscilaciones y vaivenes. Y como todo principio obra en el sentido de la unidad, porque la unidad es la imagen de todos los principios, por eso el [principio] auctoritario, ordenado por Dios para centralizar la sociedad vive indestructiblemente, respira siempre en un punto si se le mueve o quiere sofocar en el que tiene su asiento propio. Esta manifestación será lenta pero es infalible.
Hecha esta observación general, vengamos al estudio concreto de ese espíritu avieso con que el filosofismo, no pudiendo ahogar entre los brazos del sofisma el principio auctoritario, se propone en nuestros días falsear, al menos, bastardear y pervertir la fuerza de asociación y de gremio en que aparece sustituido aquel vasto núcleo de cohesión natural. [3]

Efectivamente Señores: Como quiera que la fé es el ejercicio intelectual y constante del respeto al principio autoritario, porque la fé se practica por asentimiento y el asentimiento por subordinación, era preciso materializar (3) a la clase obrera, porque la materia no tiene entendimiento ni virtudes intelectuales, a fin de que el taller fuese un enjambre de descreídos y despreocupados.

Lógicos en su sistema disolvente y corruptor esos genios de la perdición social procuraron descristianizar las masas porque el cristianismo tiene a la fé como base esencial de su sistema; sustraído el taller a la influencia cristiana, era ya materia dispuesta para el misterio de iniquidad que se estaba elaborando.
Los efectos perniciosos de este procedimiento y sus males inmensos, cuyos augurios nos tienen en inquietud y sobresalto continuos, indican sin embargo bien claramente donde radica el infalible remedio; porque si tanto afán tienen los doctrinarios de ese impío filosofismo en alejar el taller del espíritu, de la fé y de la Iglesia, será porque en estas cosas germinará ciertamente la fuerza capaz de contrarrestar ese insensato procedimiento, pues nadie teme lo que no le daña.

¿Pero es cierto que el sistema católico basado en la fé, preguntan con ironía, cristianiza el taller? Quién lo duda, Señores... Penetremos sino en la estructura de la ciencia católica acerca del trabajo, de su razón de ser y de sus fines, y una convicción esplendorosa recreará nuestros ánimos con los mismos consuelos que espiritualmente el sabio cuando a través de largas vigilias, hipótesis y dudas racionales reposa tranquilo en la certeza de la verdad.

¿Sabéis qué enseña la Iglesia, qué nos dicen sus libros santos acerca de la fé y de las obras, o hablando en concreto, del creyente y del obrero? Pues oid el principio fundamental de su doctrina tan clara como sólida y terminante: Fides sine operibus muerta est; la fe sin obras es cosa muerta. Pero esta es una proposición universal afirmativa, como enseña la lógica, y por consiguiente que puede convertirse simplicite o lo que es lo mismo, que según ese texto del Apóstol Santiago, son verdaderas estas dos proposiciones: la fé sin obras es cosa muerta; las obras sin la fé son también cosa muerta. Y pasando del abstracto al concreto, diremos en consecuencia firme que el creyente sin prácticas genuinas de su fé no es tal creyente, es como dice la Escritura Santa: "Un sepulcro blanqueado", [4] un ser que tiene nombre de vivo, pero que realmente está muerto; y por lo tanto, que el Obrero, el hijo del taller aunque destile en abundancia el sudor de su frente bajo la prensa férrea del trabajo, sino eleva sus miradas más allá del mecanismo y de los artefactos y no vive delante de Dios, según la frase profundamente religiosa y social del libro revelado, es un fantasma de vida social, es una entidad solo distinta en la forma de los instrumentos conque realiza la industria.

De aquí la necesidad de sostener en el ánimo de los hombres un prinpio intelectual que los espiritualice en la práctica y éste no puede ser otro más que la fé de Dios, que es espíritu esencial y espiritualiza todo lo que se le adhiere. Por eso Jesús Cristo cuando quería promover en sus discípulos gran confianza y resolución decía: Habete fidem Dei: Tened la fé de Dios, esa fé que traslada y perfora montes con más facilidad que los propulsores de hélice; porque esa fé impone para la práctica el deber de la conciencia y la conciencia del deber; y el trabajo y la acción fabril son más fecundos cuando se practican bajo la sana convicción del deber, porque la fé en tales casos hace al obrero más inspirado y amante y generoso con el capitalista, beneficiándose entonces que las empresas prosperan sin los obstáculos que hoy oponen constantemente las luchas entre el capital y el trabajo, y que no prueban otra cosa más que la inmoralidad del Capitalista y del Obrero.

La civilización moderna, rompiendo esas bases inmutables de la organización social, ha escrito sobre la caja de caudales del Capitalista esta horrible sentencia: In solo pane vivit homo [el hombre solo vive por el pan] y el operario ha escrito a la vez en su taller, la misma sentencia.

El 1º [el capitalista] no ha pensado más que en producir; el 2º [el obrero] en disputar las horas de trabajo; en tener por Dios al vientre y por apetito la ociosidad. En castigo de este positivismo material, hoy la producción es mayor que la demanda, la fabricación se paraliza, el rico muere en la abundancia y se ahoga en el dividismo; el obrero en cambio muere de hambre después de haber impuesto aranceles con el orgullo de las huelgas; y la esfinge del pauperismo se presenta amenazante en los vivos y arrancando lágrimas de compasión ante el cadáver de los que mueren extenuados por la indigencia y la miseria. A estos tristísimos resultados nos ha conducido el materialismo del capital y del trabajo, la escuela que solo piensa en producir y consumir como si los hombres fueran Epicuri de grege porcos [cerdos de la hijaera de Epicuro] (4).

Pero enfrente de estos resultados nefandos, suena magnífica la voz de Jesucristo diciendo: [5] ¿De qué sirve al hombre tener por interés y capital tanto como vale el mundo si luego pierde su alma?

Y la Iglesia Católica, respiración perfecta y legítima de Jesús Cristo combatió sin tregua a los progenitores de estos males: a los ebionitas (5), Carpocracianos (6), Valdenses (7), Fraticelos (8), Lolardos (9) y a sicarios anabaptistas (10) con el mismo valor que en nuestros días ha condenado a Sansimón (11), Fourier (12) y Owen (13), y a los delirios de Comte (14) y de Littré (15). Sí, Señores, allá va la última sentencia, el argumento de condenación del inmortal Pontífice contra el funesto materialismo que ha entronizado la incredulidad en el taller: Siendo así, dice, que los sectarios del socialismo se reclutan especialmente entre los artistas y obreros que, cansados de su situación, fácilmente se engríen con el cebo de las riquezas y la expectativa de los bienes agenos (sic), es a todas luces oportuno, fomentar círculos de artistas y obreros que, constituidos bajo la tutela de la religión cristiana, contribuyan a infundir en los asociados el espíritu de conformidad con su suerte, la resignación con su estado y la resolución a vivir quieta y pacíficamente.
Felizmente esta idea que ha venido ensayándose con éxito consolador en el mundo Católico ha encontrado hoy eco en los hombres sensatos de esta población. Loor a la sensatez; loor a la rectitud de sentimientos, yo os felicito hombres de buena voluntad, y al felicitaros y daros mi parabién de lo íntimo de mi alma solo me resta haceros un ruego: Que cumpláis el reglamento con exactitud y que nos amemos con esa caridad cristiana que sabe estrechar con lazo dulcísimo todas las clases de la sociedad, por distinta que sea su suerte, para que amándonos bendigamos a Dios y a su Divina Providencia que con admirable sabiduría ha ordenado la diversidad de las condiciones humanas, al intento de que se practiquen las virtudes conque merecemos el Cielo, abriéndonos a la vez una riquísima mina de consolación para nuestra alma.

He dicho.

NOTAS:


Los números dentro de corchetes indican el paso de página en el original, los introducidos en paréntesis remiten a las notas que van a seguido, en correspondencia.

(1) El "principio de autoridad" al que se apela en el texto no puede identificarse ligeramente con ningún despotismo o absolutismo político. Para un católico, la autoridad legítima en el orden temporal dimana de Dios y ha de ajustarse a su Ley eterna. La autoridad arranca, pues, de Dios que es su fuente. Recordemos que en el Evangelio se dice que los judíos decían de Jesucristo que predicaba "con autoridad", lo cual no dice que predicara como un déspota. Entender el principio de autoridad de otra manera sería interpretar burdamente los conceptos según la mentalidad de los tiempos, pero para hacerse una idea de lo mucho que se han degradado los conceptos tradicionales, merced a una dilatada labor de deformación y perversión de los mismos, nos vemos obligados aquí a tener que dar razón de este asunto para evitar malinterpretaciones. Recordemos también que en el Concilio Vaticano I (1869-1870) se definió la primacía de la jurisdicción e infalibilidad del Papa que, como vicario y "Dulce Cristo en la Tierra", es la máxima autoridad en cuestión de moral y costumbres.

(2) Pirro: (también llamado Pirrón) Nació en Elis entre el 365 y el 360 a.C. Aunque no dejó ningún escrito predicó una doctrina filosófica que establecía una absoluta desconfianza tanto hacia el conocimiento como a la misma existencia de la realidad inmediata, de ahí que se le considere "patriarca de los escépticos". Sus seguidores fueron llamados escépticos, pirronianos o zéticos (que en romance significa "indagadores que indagan sin encontrar nada").

(3) Materializar: El autor se refiere con este verbo a la acción de convertir a las gentes a la mentalidad materialista, en este caso es la del obrero, disuadiéndolo de que no hay Dios, ni espíritu ni alma inmortal, para que éste acepte con fe ciega una vida limitada a lo material y perecedero.

(4) Epicuro: Filósofo nacido en Samos en el año 341 a.C. que predicaba y practicaba una doctrina que tenía el placer como sumo y universal bien, siendo el goce la única meta digna de lograrse. Con algunos de sus secuaces formó una escuela filosófica que se llamó El Jardín. El verso latino es de Horacio, y designa a esta escuela griega de filósofos hedonistas. D. Francisco de Paula Ureña había traducido brilalantemente las obras de Horacio, por lo que puede ser un indicio de su autoría.

(5) Ebionitas: Secta hererodoxa judeocristiana del siglo II d. C., cuyos secuaces seguían la Torah, practicando la circuncisión y observando el Sábado y las fiestas judías. Rechazaban al apóstol San Pablo por considerar que éste hostilizaba la Ley de Moisés. Defendían que Jesús era un profeta, pero no pasaba de ser un simple hombre, no divino. Algunas de estas doctrinas heterodoxas ebionitas rebrotan con Arrio, y posteriormente con Mahoma, el profeta del Islam.

(6) Carpocracianos: secta heterodoxa del siglo II d. C. que profesaba las doctrinas de Carpócrates de Alejandría. Este heresiarca rechazaba el Antiguo Testamento y defendía el poder salvífico del conocimiento (gnosis). Los carpocracianos sostenían que Jesucristo había sido engendrado carnalmente por San José. San Ireneo de Lyon acusó a Epífanes, hijo de Carpócrates, y a su esposa Marcelina, nuera de Carpócrates, de practicar la magia negra, negando la distinción entre el bien y el mal.

(7) Valdenses: Movimiento heterodoxo cristiano del siglo XII fundado por Pedro Valdo, un comerciante de Lyon, que entendían el cristianismo como un comunismo místico, mostrando una grande hostilidad a los bienes materiales. Al principio fueron acogidos por los papas que depositaron en ellos grandes esperanzas de reformar la cristiandad, pero pronto la discordia enfrentaría a la Iglesia con estos hijos díscolos. Los valdenses que estaban en Francia acabaron mezclados con los cátaros, pero los que buscaron asilo en Suiza se mantuvieron en la clandestinidad, hasta que reaparecieron en el siglo XVI para unirse a los calvinistas en su lucha contra Roma.

(8) Fraticelos: También conocidos como fraticellis, es un movimiento de frailes franciscanos que durante el siglo XIV se separaron de la Iglesia. No reconocían ninguna autoridad eclesiástica y, al igual que los valdenses, proclamaban la pobreza absoluta, pero degeneraron de tal modo que llegaron a practicar extraños rituales satánicos que consistían en la estrangulación de niños que luego quemaban: tras la cremación recogían las cenizas de sus víctimas para utilizarla como polvo sacramental. En la popular novela de "El nombre de la rosa", de Umberto Eco, se les cita abundantemente, creando una idealizada imagen que contradice la Historia.

(9) Lolardos: Dos son las sectas anticristianas cuyos seguidores tienen como nombre el de Lolardos. Por una parte eran denominados así unos enigmáticos vagabundos "místicos" que aparecieron en los Países Bajos durante el siglo XIII y principios del XIV. Su doctrina se basaba en la fe personal, en la elección divina y en la Biblia, rechazando la doctrina ortodoxa y la jerarquía eclesiástica. También, con el nombre de "Lolardos", nuestro anónimo autor puede estar referiéndose a los secuaces del siniestro Gualterio Lolard (Walter Lollard), un oscuro personaje que fundó la secta de los Luciferianos en el siglo XIV, atacando a la Iglesia Católica y sosteniendo la creencia de que Lucifer y su ángeles rebeldes habían sido arrojados injustamente del cielo, a la vez que confiaban en que al final de los tiempos Lucifer vencería a San Miguel Arcángel para ganar las Alturas de las que fue precipitado a los infiernos, y así hacer partícipes de su victoria a sus secuaces. Los lolardos luciferianos adoraban a Asmodeo, y practicaban todo tipo de rituales eróticos y nefandos. El gato negro, el sapo y la rana eran animales a los que también tributaban culto como supuestas encarnaciones de Asmodeo, el demonio de la lujuria. Se extendieron por los Países Bajos, Alemania, Austria, Bohemia, Francia e Inglaterra. Gualterio y varios de sus seguidores fueron capturados por las autoridades y entregados al brazo secular, fueron quemados en la hoguera por satanistas.

(10) Anabaptistas: Movimiento protestante que formaba el ala de la extrema izquierda de la reforma luterana. Fundado en 1520 por Thomas Münzer, uno de los discípulos de Lutero, la secta de los anabaptistas negaba el bautismo a los recién nacidos, y sostenía ideas mesiánicas que pretendían instaurar mediante las armas una nueva Edad de Oro en la tierra, implantando así un extraño comunismo pseudo-cristiano.

(11) Saint-Simon, conde de: (Claude Henri de Rouvroy) nació en 1760 en París y murió en 1825. Este pensador político francés de noble cuna, fascinado por el desarrollo de la sociedad y de la historia se empleó sin método alguno en la elaboración de programas que reorganizaran la sociedad. Como la mayor parte de pensadores utópicos sucumbió a la tentación de fundar con su filosofía una nueva religión que él llamó "nuevo cristianismo" siendo su núcleo la idea de fraternidad y, en su consecuencia, una sociedad mundial "libre" que se dedicara sobre todo a la producción, sustituyendo la Iglesia por el "taller".

(12) Fourier, Charles: nació en 1772 en Besançon y murió en 1837. Fue en gran parte autodidacta. Fourier es uno de los más representativos "socialistas utópicos". Sus proyectos de reforma social no excluían la monarquía, aunque sí predicaban el "amor libre", cosa que su paisano de Besançon, el anarquista Proudhon, se negaba a aceptar. Fourier pensó en la necesidad de reformar la sociedad desde la base, por eso concibió una idea de grupos reducidos (falanges) que se agruparían en unos idílicos "falansterios", una especie de comunas donde el visionario Fourier suponía que los individuos podrían alcanzar su felicidad realizando sus capacidades. Como todos los revolucionarios acabó pensando que su proyecto era la realización del plan de Dios. Influyó decisivamente sobre el movimiento cooperativista.

(13) Owen, Robert: nació en 1771 en Inglaterra y murió en su patria en el año 1858; es considerado en justicia como el fundador inglés del socialismo y el cooperativismo, pero de cuño más reformador que revolucionario. No obstante, se consideraba a sí mismo, como el resto de revolucionarios, designado por el dedo de Dios para reformar la sociedad, cosa que él basaba en una progresiva mejora racional del medio que rodea a cada individuo para de esa forma cambiar la naturaleza humana, nunca defendió la revolución sangrienta. Sus ideas se plasmaron en algunas fábricas, con innegables resultados que caben atribuir a la metódica honestidad y buena intención de este socialista utópico. En 1824, tras esperar en balde a que las instituciones le permitieran levantar en las islas británicas una "aldea de cooperación" que seguiría sus postulados de planificación social, Owen marcha a Estados Unidos, para fundar en el Nuevo Mundo la ciudad de "New Armony" (Nueva Armonía), un ensayo utópico plasmado en la realidad. Su proyecto piloto de sociedad perfecta fracasó. En 1829 abandonó Estados Unidos y regresó a Inglaterra para incorporarse al movimiento sindicalista y luego colaborar en el corporativismo. Pese a ser otro iluminado más de la larga lista del socialismo, Owen nunca predicó la lucha de clases.

(14) Comte, Auguste: nació en 1798 en Montpellier y murió en 1857. En su juventud fue secretario de Saint-Simon, colaborando en el órgano saint-simoniano de "Le Producteur". Comte es el padre del positivismo, una filosofía hostil a toda metafísica, cuyo propósito era reorganizar la sociedad mediante la reforma del saber y del método. Después de la muerte de Clotilde de Vaux en 1846, de la que se había enamorado perdidamente, Comte entró en una crisis "mística" que le inspiró una religión de la Humanidad, religión de la que se proclamó pontífice. Esta religión de la Humanidad era concebida por Comte como el estadio más perfecto de una peculiar Filosofía progresista de la Historia. El positivismo llegó a convertirse en una "iglesia" sin Dios, pero con jerarquía sacerdotal, rituales propios que en gran parte rememoraban a Clotilde, así como santos laicos en sus altares. Todavía existen "templos" positivistas esparcidos por el planeta. Brasil es una de las naciones receptoras del positivismo que ha continuado en pequeños grupos la tradición sectaria fundada por Comte.

(15) Littré, Maximilien-Paul-Émile: nació en París en el año 1801 y murió en 1881, discípulo directo de Comte hasta el año 1852 en que rompió con su maestro, por repugnarle el giro que Comte había dado a su filosofía, pretendiéndola convertir en religión de la Humanidad. Desde 1863 a 1871, Littré se manifestó abiertamente ateo, considerando que el ateísmo era la única "religión" que convenía al auténtico positivismo. Los diez años últimos de su vida los dedicó a la política, actuando desde el sector laicista más derechista de la Francia de aquel entonces. A él le debemos el "Dictionnaire de la langue française" en cinco volúmenes, lo que muestra su capacidad de trabajo metódico y concienzudo. Dicho diccionario es una obra clásica que ha conocido varias ediciones.

* * *

A la luz de la escueta noticia que hemos dado sobre cada uno de los pensadores que el autor de nuestro texto cita en su discurso de 1899, el lector comprenderá que la Iglesia no mirara con buenos ojos ninguna de las doctrinas de estos patriarcas del "filosofismo" que combate el autor. En todos los casos, con excepción del de Littré que nos parece el más coherente, comprobamos que las ideas de organización social que delinearon los socialistas y positivistas, pudieron ser impulsadas en su principio por un noble y solidario compromiso con el género humano, pero a la postre se convirtieron todas en sectas pseudo-religiosas y para-religiosas. Nuestro culto y anónimo ensayista no citaba ni a Carlos Marx, ni a Engels, ni a los príncipes rusos Bakunin y Kropotkin.

jueves, 27 de junio de 2013

TOSIRIANOS PROTESTAN POR LA EDIFICACIÓN DE UN TEMPLO PROTESTANTE EN MADRID

 
"Fachada de la Iglesia Española Reformada Episcopal, objeto de las protestas en el año 1893"
 
En la capital de España, en la céntrica calle de la Beneficencia al número 18 de la misma, fue construida entre 1892 y 1893 por el arquitecto Enrique Repullés Segarra una capilla para la Iglesia protestante. Ello se debió a que una comisión de pastores de la Iglesia Española Reformada solicitó la apertura de ese templo evangélico en la citada calle de la Beneficencia, levantándose gran polémica en la sociedad decimonónica del momento por dicho asunto

En la España de las postrimerías del siglo XIX, a las honradas y tradicionales gentes católicas, tal asunto no sentó nada bien, ya que pensaban que este hecho significaba la “profanación” de nuestro suelo y que llenaba de oprobios a nuestros antepasados, quienes habían dado abundante y generosamente su sangre en las guerras de Europa para que esta herejía protestante no tuviese cabida, al menos en España.

Como era de esperar la inauguración de ese edificio en la Villa y Corte fue bastante problemática, y muy pronto empezaron las protestas en torno a la edificación del edificio. El suceso fue de una gran trascendencia y a las protestas se unieron asociaciones culturales de toda España y diversos prelados incluido el por entonces Arzobispo de Toledo D. Antolín Monecillo, quien no dudó en unirse a las protestas enérgicas que se celebraban contra la apertura de la mencionada capilla. De forma conjunta, asociaciones y clero acordaron establecer a cada lado del templo protestante dos escuelas católicas para contrarrestar sus perniciosos efectos que tal capilla podía producir en el barrio. No toda la sociedad española estaba en contra de esta postura y frente a los católicos que se manifestaban, se opusieron los liberales radicales, especialmente los estudiantes universitarios, quienes adoctrinados por los partidos de izquierda y por  la masonería, llegaron a manifestarse en varias ocasiones para que se cumpliera el precepto constitucional.
Aquella capilla protestante sería finalmente inaugurada el 18 de marzo de 1893 y en la actualidad alberga las dependencias de la Escuela Profesional de Sordomudos, así como la sede de la Iglesia Española Reformada Episcopal.

"D. Antolín Monescillo y Viso, Arzobispo de Toledo en el año 1893"


En cuanto al edificio, realizado en un estilo arquitectónico de influencias góticas, consta de una iglesia de una sola nave, flanqueada a su izquierda por una construcción de cuatro pisos que se destinó a cátedras para seminaristas, mientras que a la derecha, se realizó la residencia y demás dependencias del seminario.

Traemos en esta ocasión, una carta de protesta escrita por los miembros de la “Sociedad católico-literaria de Amigos de los pobres” de Torredonjimeno, asociación cultural, sin ánimo de lucro, integrada en su mayoría por personajes, que a lo largo del siglo XX, llegarían a tener gran protagonismo en la Historia provincial. Dice así la carta de protesta que enviaron al diario Católico El Siglo Futuro:

"D. Francisco de Paula Ureña Navas. vicepresidente de la Sociedad católico-literaria de Amigos de los pobres"

“Señor Director del SIGLO FUTURO.

Muy señor nuestro: El nombre, las glorias y la caballerosidad de la católica España constituyen el móvil fortísimo que impulsa á los infrafirmantes, jóvenes individuos de la «Sociedad católico-literaria de Amigos de los pobres », de Torredonjimeno (Jaén), á suplicar á Vd. dé cabida en su católico diario á la presente, protestando solemnemente contra la impía, heretical y absurda permisión del tan sonado templo luterano en nuestra corte. Casi tienen el presentimiento de que no han de ser oídas las justas reclamaciones de los católicos españoles; pero no importa; así sabrán mejor, y una vez más, que es de hijos bien nacidos llorar y sentir las desgracias de su patria. Ni la paz, ni la cultura, ni la honradez pueden aconsejar al gobierno lo que todos los católicos, que son los españoles verdaderos, ni deben permitir, ni mucho menos aprobar; y que el protestantismo no da paz, bien claro lo dice la historia con las guerras religiosas de Inglaterra, Alemania y Francia; que no trae la ilustración, antes la quita, harto demostrado lo tiene nuestro Balmes en el mejor de sus libros; y que lleva en su frente la deshonra, demostrando con evidencia la impura cuna que le meció en su infancia, la obscena ropa que vistió de joven y el sucio manto que hoy cubre su decrepitud y sus mentiras. ¡Lástima grande que la España que supo y apartó de sus hijos la peste de la herejía, abra sus puertas al error y se manchen con el lodo y el cieno que arrojan otras naciones.

Torredonjimeno, festividad de la Purificación de Nuestra Señora, 2 dé Febrero de 1893.
 
Presidente efectivo, J. de la Cruz Pérez Ortega.— Vicepresidente, Francisco de P. Ureña Navas.—
Secretario, Pedro Aranda Ocaña.—Tesorero, Esteban Serrano Zafra;—Socios efectivos: Manuel Peinado Izquierdo.—Ernesto Pérez Ureña.— Antonio Ureña Estrella.—Francisco Ureña Estrella. —Juan Benito Vegara Martos.— Francisco Ortega Montejero. — Juan Erin de Fuente.—Dámaso Calahorra.—Gerardo Muñoz. —Crisóstomo Ureña Estrella. — Juan Jacinto Cañada Ureña”.
 
Luis Gómez

miércoles, 26 de junio de 2013

EL PADRE TARÍN. DE LINARES A TORREDONJIMENO

 
"Iglesia de Sana María de Linares. En ella, en el año 1896, el Siervo de Dios P. Tarín, predicó a los linarenses en plena fiesta de Carnaval"
 
Ya en otras ocasiones hemos tenido la ocasión de hablar del Siervo de Dios “Padre Tarín” (para saber más sobre el P. Tarín, véanse los artículos publicados en la Revista Cultural Órdago de Torredonjimeno, nº 13, Febrero de 2010. “Órdago con el León de Cristo: El siervo de Dios P. Tarín”. Manuel Fernández Espinosa, p. 29 y “Recuerdos de mi vida (1899-1925)” de D. Juan Montijano Chica, en la revista Órdago, nº 4, Enero del 2000, pp. 7 a 13).

Misionero sin igual en su época, sus homilías y sus predicaciones eran seguidas por la gente de forma multitudinaria, hasta tal punto, que su visita representaba una gran acontecimiento para la localidad que tenía la dicha y la gracia de contar con su presencia.

Torredonjimeno tuvo la suerte de poder contar con sus apostólicas predicaciones en varias ocasiones. Tal y como decíamos  en la revista del año 2000, también sirvió mucho para que el que fuera sacerdote y canónigo de la S. I. Catedral de Jaén, D. Juan Montijano Chica (q.e.p.d.) decidiese ingresar en el seminario.  

Traemos en esta ocasión una crónica de su visita a la jiennense localidad de Linares allá por el año 1896, donde al parecer, sus predicaciones fueron tan intensas y tan seguidas, que se resintió hasta la fiesta de carnaval, pues había más gente escuchando al Siervo de Dios que disfrazado por la calle.

Desde la ciudad de Linares, y tal se desprende el texto, el P. Tarín se desplazó a Torredonjimeno para continuar con sus predicaciones.

Hay que hacer constar no obstante, que la fiesta de carnaval, y por lo que se deprede de la noticia, no era de las “favoritas” del P. Tarín, y siempre que podía, incitaba a la gente a no perder el tiempo en dicha “charlotada” más propia de Satanás que de los santos.  

"Estampa de la época en la que se ve al P. Tarín"
 
EL PADRE TARÍN EN LINARES

Año 1896

Como una señal elocuente de la inagotable misericordia de Dios, tenemos en Linares que este apóstol jesuita venga á nosotros con tanta continuidad, como mensajero divino, á dar públicas manifestaciones de su gracia á esta ciudad que tanto le ama, á este pueblo que oye reverente su palabra de fuego, que ha sabido apreciar su ardiente caridad, y hacerse acreedor al singular estímulo que siente por nosotros el hijo de San Ignacio, para que hagamos y demos fruto de verdadera penitencia. Linares tiene motivo para alegrarse, y alegrarse de verdad, porque secunda con docilidad las instrucciones de este orador sagrado, y sabe despreciar todo vano respeto que pueda oponerse á las saludables enseñanzas de ese que dicen ser apóstol de la Mancha y de Andalucía, que para nosotros es en cuerpo y alma Apóstol de Cristo, en Andalucía, en la Mancha y en todas partes donde quiera que vaya y para quien quiera que vaya. ¡Oh, y qué bien hemos visto en estos ejercicios espirituales una vez más cómo se cambian y se edifican los pueblos! ¡Cómo hemos visto por las señales indelebles de un celo desusado (imposible de comprender si no se mira al ciclo) hasta dónde puede llegar el poder de una buena voluntad fundada en el amor de Dios! Quiera Dios que se termine la obra comenzada y que no olvidemos estos favores tan particularísimos de su misericordia. Porque si no correspondiésemos con las obras á tan señaladas mercedes, si nos hacemos indignos, entonces las mociones de espíritu que hemos sentido y las lágrimas de contrición que hemos visto derramar y hemos derramado, serian formidables acusaciones para todos en el Tribunal del Eterno Juez.

El día 11 llegó á Linares, procedente de Madrid, el ilustre jesuita, donde estuvo dando santa misión á más de 2,000 pobrecitos en uno de los barrios extremos de aquella corte: y como siempre, sin el menor descanso, organizó el plan de batalla con su especialísima táctica de invariable capitán del Corazón de Jesús. Nunca se acaba de conocer en sus obras apostólicas al Padre Tarín; siempre resulta nuevo, y ni en las cosas más menudas se le puede ver una repetición, con ser tan continuados sus actos en diez años que lleva de ministerio apostólico. Desconoce e! cansancio; antes al contrario, crece su actividad, á medida de la necesidad que se presente.

A las seis de la mañana, en Santa María, nos daba la primera meditación y nos explicaba la santa Misa: numeroso público acudía ansioso de oír las verdades que decía el misionero. De diez á once, en la otra parroquia de San Francisco, hacia otro ejercicio de meditación, para que aquella parte de la ciudad no careciese de los saludables efectos de su celo: bien pronto dieron muestras de estimarlo, acudiendo con gran entusiasmo, y todo fué poner espuelas á los ardientes deseos del jesuita. De once á doce, en Santa María reunía los niños de los colegios, y durante esta hora los estimulaba con ejemplos á reflexiones morales al conocimiento del Catecismo de la doctrina, al patriotismo, haciéndolas entender en qué consiste éste, y señalando oportunísimos hechos históricos que despertara en ellos una fe viva, y de maravillar era cómo los tenia suspensos y llenos de atención. Otro ejercicio tenía lugar á las cuatro de la tarda en Santa María, donde acudían otras personas que podían utilizar á esta hora los beneficios espirituales con que ha querido nuestro amado Prelado enriquecer estos actos indulgenciándolos, y donde notamos el mismo recogimiento é igual entusiasmo. El último acto de cada día se daba en San Francisco con una conferencia para hombres solamente. Aquí sí que es imposible reseñar lo que aquel patético orador puso á nuestra consideración; es verdad que la expectación que se observaba en el público era tan respetuosa, que solamente esto edificaba: ¿Para qué sirve la piedad? fué el tema de la primera conferencia. Había numerosa concurrencia, aunque en mucha parte tuvieron solamente admiradores; allí les vimos respetuosos pagar tributo á la verdad y la ciencia. Tuvo el Padre rasgos sublimes y abundantes conceptos de filosofía y de historia; en oportunísimas citas que hizo se le veía el patriotismo, y de su corazón español salieron bellísimos arranques que, cual acogidas saetas, se elevaban en el nuestro.

¿Para qué sirve la oración? Con esta pregunta comenzó la segunda conferencia; puso á nuestra vista los bienes que proporciona ésta; con su lenguaje, siempre castizo, nos habló de los hombres que, debido á la oración, realizaron grandes obras; cómo el hombre responsable cuando sabe hacer oración, y cuánto pierdo en no explotar esa mina, esa panacea de inapreciable riqueza; estas y otras ideas que no podemos recordar fueron objeto de minuciosas reflexiones. La Caridad nos la presentó en la tercer día de ella sacó el incansable orador aquellas notas tiernísimas que conmovieron al auditorio, como amena melodía resonaron en nuestros oídos aquellas obras de caridad que nos presentó, no hay [que decir sino que son incontestables; porque eran hechos y hechos innegables y para éstos no sirve más que bajar la cabeza crédulos é incrédulos: recomendó las Conferencias de San Vicente de Paul, y no decimos los hechos que citó, porque este trabajo no pierda el carácter de simple reseña.

Comenzó la cuarta de estas nocturnas conferencias, diciendo: hoy quiero hablaros de un importante asunto; porque hasta aquí no hice más que hablaros de la sombra de un árbol cuando os hablaba de la Piedad, cuando os hablaba de la Oración os hablaba do las hojas de ese árbol; cuando os ha hablado de la Caridad os hablaba de los frutos de esa árbol; hoy voy á hablaros del árbol que produce estos frutos

es decir, voy á hablaros de la Fe. Decir lo que dijo el Padre en esta conferencia es temeridad pero más sería querer decir, como lo dijo: sin fe el hombre es el ser más desdichado de la tierra, por ella se han realízalo las mayores ha heroicidades, las mayores hazañas; vivir sin fe es vivir una vida irracional, sin savia y falta de todo bien espiritual: citó varios ejemplos, demostrando hasta la saciedad la necesidad de la fe.

Para mayores alegrías, tuvo necesidad el padre de quitarnos estas conferencias; porque el fruto de los ejercicios y de ellas exigía su atención en el confesonario y la de los demás sacerdotes que han auxiliado al Padre en una y otra parroquia. Para, las comuniones  generales se utilizaron los tres días da Carnaval, y ya no fue posible acudir a San Francisco ni para las meditaciones. En Santa María se replegaron los ejercitantes, y desde allí se le hizo al Carnaval que sufriera un eclipse casi total. ¡Qué tres días más dichosos nos dio el Padre! La espaciosa iglesia se hallaba repleta desde las cinco de la mañana, y á la explicación de la Santa Misa, la meditación, ya cantábamos el [Perdón! Y nos pedía oraciones para nuestros hermanos de la guerra de Cuba; y Linares, representado por mil y más criaturas, cantaban, llorando de emoción lágrimas de consuelo, sacadas siempre por el fervoroso misionero.Los sermones de las tres tardes de Carnaval fueron de tan prácticos resultados, que cada uno de los oyentes se hicieron valerosos sacerdotes de aquella idea santa de destruir el Carnaval y sus bailes, que era el blanco donde tiraba sus dardos el pregonero de Cristo. La palabra del apóstol se comunicaba á nuestras almas con certera puntería, poniendo á la vista de todos los amargos frutos de estas fiestas paganas. ¡Qué pintura nos hacía de esas cloacas inmundas del baile, de esas oficinas de Satanás! ¿Cómo supo poner su hábil palabra en los oídos de las doncellas para decirlas como han de huir de esas inmundicias del baile! ¡Qué bien afeó la criminal condescendencia de aquellas madres indiscretas, de aquellos padres imbéciles que permiten que sus hijas sean por el baile pasto de aquellos gavilanes de curvo pico robadores de  cándidas palomas!

"Vista de la Iglesia de San Pedro de Torredonjimeno. Iglesia que recibiría al P. Tarín una vez terminó sus ejercicios en Linares"
 
 
El jueves dio comienzo en Torredonjimeno a una novena, y salió de entre nosotros para derramar el bien en otros. Dios le premio el interés que tiene en su corazón por Linares.”

 

Luis Gómez


martes, 25 de junio de 2013

EL FRACASO ELECTORAL EN EL AÑO 1876. HISTORIA DE UN MENTIRA

"Caricatura de la época que ironiza sobre la promulgación de la Constitución de 1869"

En 1874 se constata que la I República estaba acabada, agostada, y que el sistema republicano no era capaz de encajar en la España de finales del XIX y principios del XX. Disposiciones disparatadas para la época, medidas de carácter radical y violento, nada pacíficas, y cuatro Presidentes del poder Ejecutivo en tan sólo once meses de singladura, mostraron a los españoles que aquel sistema político no estaba maduro mas que para transmitir confusión y odio hacia las diferentes clases sociales.

Desde 1868, los movimientos políticos y la inestabilidad del país, obligó a los españoles a vivir un sinfín de peripecias, a cada cual más radical o estrambótica. Se buscaba un nuevo “golpe de timón” a los destinos de los españoles y uno de ellos fue el que en 1871, se buscara un sucesor para la corona del Reino de España. Se había expulsado a la reina Isabel II y en su lugar se optó por buscar un nuevo rey, pero eso sí, uno que no fuera Borbón. Y es que una cosa estaba clara por ese entonces, y es que todavía no se toleraba a los borbones, de lo mal que lo habían hecho desde Fernando VII hasta entonces, así que ni Isabel II ni su hijo eran candidatos a volver al trono español. Tras muchos vaivenes y movimientos de parte de las embajadas europeas, se optó por la elección de Amadeo I de Saboya. En la elección tuvieron que ver muchos las presiones que ejercían las diferentes cancillerías europeas, tanto en Alemania como en Francia o Inglaterra, que pretendían colocar a sus candidatos en detrimento de los de los otros. Al final Amadeo debe abdicar. La cuestión se agrava con la proclamación de la I República, a la que puso fin el General Arsenio Martínez Campos. Atrás quedaban los movimientos cantonalistas y las disputas carlistas.

Así las cosas, a finales de 1876, los políticos tratan de poner algo de orden en la situación caótica que se vivía en el territorio nacional. Cánovas del Castillo, se propugna como gran estadista del momento, y establece las bases para que comience en España la Restauración. Se pide la dimisión de Isabel II (ya lo había hecho en 1870) y su abdicación a favor de su hijo Alfonso XII. Se solicita al ejército la no injerencia en los temas políticos, cuestión esta que había sido habitual hasta la presente, y se establece lo que en la historia de España se denominará el bipartidismo o el “turnismo”, es decir, la alternancia en el poder de los dos grandes partidos políticos españoles por un año de duración cada uno.

Para ello había que dotar a España de una nueva constitución, la de 1876, y con ello la realización de un nuevo sufragio electoral.

 
 
"Cánovas del Castillo"
 
Aquí radicaba la verdadera trampa de este sistema. Amañado desde el principio, el turnismo establecía ya de antemano una vitoria a uno de los grandes partidos. Además, ese hecho de tener sólo dos candidatos dejaba fuera de la escena del poder a otras fuerzas políticas de izquierdas, surgidas al calor de la Revolución Industrial, tal es el caso de los anarquistas o los separatistas periféricos, las cuales no tenían ni voz ni voto en este sistema. El resultado motivó que en las diferentes circunscripciones electorales se viesen situaciones de fraude electoral de todo tipo y toda clase.

El caciquismo permitía que los grandes terratenientes o ricos propietarios sirviesen de cadena de transmisión a los corruptos políticos ubicados en Madrid, y que con ellos se consumase la más miserable de las representaciones electorales que se podía dar en la España decimonónica.

Dice así la prensa del año 1876 sobre el resultado de las elecciones:

Madrid 30 de enero de 1876

El correo nos trae diariamente noticia de los abusos llevados á cabo por las autoridades para sacar adelante los candidatos ministeriales; abusos que, como venimos probando en días, hasta ahora no tenían ejemplo en la historia de las elecciones verificadas en nuestra patria (…)

De la legalidad con que se han efectuado las elecciones en el distrito de Gaucín pueden formarse una idea exacta nuestros lectores por el siguiente relato que hace un colega: «Saben ya nuestros lectores que , por disposición gubernativa, algunos de los más influyentes electores del distrito, amigos del candidato de oposición señor Carvajal, entre los cuales figuraban los señores Ramos, Rio y Martin, fueron detenidos y secuestrados por algunos días con el propósito de inutilizarlos durante el período electoral. Los diarios ministeriales dijeron después, que al conocer el hecho, el mismo señor presidente del Consejo dio orden de que se pusiera en libertad á los detenidos; pero no conocemos todavía el procedimiento incoado contra el funcionario responsable de aquella coacción (…)

Posteriormente se nos dice que han sido presos ó incomunicados en Estepona los electores de más Influencia, y entre ellos don José de Haro, de Maralva, y don Juan Peña, de Martos. De Benarrabal parece que fueron expulsados los primeros contribuyentes y encarcelados don Juan Santos Ruíz, persona de posición e influyente y el juez municipal (…)

Continúa el relato de la noticia con los escándalos y tropelías ocurridos en otros ayuntamientos de la geografía nacional como León, Extremadura, y algunas localidades más concretas. En lo referente a Torredonjimeno y pueblos de la comarca, dice lo que sigue la noticia.

Un preso que estaba en la cárcel de Martos, fue conducido al pueblo de Torredonjimeno, del que es vecino, para que votase, y días antes se puso en libertad á otro para que sirviera de agente electoral. En el Juzgado se instruye el oportuno proceso por soborno del cuerpo electoral, a consecuencia de haberse denunciado el hecho de estar pagándose votos á favor del candidato ministerial. También se denunció por el presidente del colegio de la Fuente Nueva el escándalo que cometía un teniente de alcalde y un concejal que estaban repartiendo á su presencia candidaturas oficiales, sin que se reprimiesen, a pesar de las advertencias y amonestaciones sensatas que les hizo,

En la villa de la Higuera, el alcalde, acompañado de Guardia civil, cohibía á todos los electores conforme se presentaban.

En Torredonjimeno las autoridades tenían el descaro de decir a los electores afectos a la candidatura de oposición que perdían lastimosamente el tiempo, puesto que estaban dispuestos a que todo el censo electoral apareciese votado a favor del candidato del gobierno, como en efecto ha sucedido, pues resulta haber votado más de la mitad de electores el primer día, cuando en poblaciones más numerosas no se ha obtenido jamás el misino resultado, y de 2.000 electores sólo han quedado por votar 77 , siendo más los muertos y ausentes.

En Santiago de Calatrava las autoridades han hecho donación graciosa al candidato del gobierno de cierto número de votos que, mediante ciertos convenios hijos del caciquismo, ofrecieron antes al de oposición, y que éste había rechazado. En Jamilena su alcalde recorrió las casas de los electores, exigiéndoles sus sufragios, y acompañado de Guardia civil se situó en la puerta del colegio intimidando al cuerpo electoral.

En Valdepeñas ha sucedido lo mismo. En Porcuna la autoridad hizo salir a la calle a más de 200 electores que estaban reunidos en casa de un elector influyente para ponerse de acuerdo en las elecciones, no haciéndolo lo mismo con otros que se hallaban también reunidos en las casas de los adictos al candidato oficial. El contratista de la carretera en construcción a Cañete, cuyas obras están paralizadas hace años, pretendiendo dar trabajo a los jornaleros, reunió un número considerable y les ofreció un jornal excesivo y tenerlos colocados dos meses si votaban al candidato del gobierno, habiendo ido á votar hasta 512 elecciones a las órdenes del secretario de aquel ayuntamiento. Y finalmente; en el pueblo de la Fuensanta no se han constituido los colegios electorales, y no ha habido por consiguiente elección, hecho probado debidamente, que demuestra cuáles eran las intenciones de la autoridad, y que por sí sólo es suficiente a anular la elección. No queremos continuar por no abusar de la paciencia de nuestros abonados

 
"Caricatura del semanario La Flaca, en el que se muestra la corrupción electoral, donde se hace votar hasta a los muertos"

El relato prosigue, más por ser redundante en lo mismo, no lo transcribimos. Baste este pequeño esbozo para entender que es lo que supuso aquella práctica del turnismo y entender mejor lo que sobrevino después.

Luis Gómez


sábado, 22 de junio de 2013

EL GENERAL CARLISTA MIGUEL GÓMEZ DAMAS Y SU APRESAMIENTO EN PORTUGAL


“D. Tomás de Zumalacárregui, el gran estratega y militar de la I Guerra Carlista”


En el año 1839. Las tropas carlistas estaban exhaustas. Estaban reducidas a los bastiones más norteños de la península, pero aún defendían la legitimidad de Carlos V como heredero al trono de España.

Los isabelinos, comandados por el sanguinario general Espartero, acorralaban a las fuerzas en liza. Mientras tanto, se urdía a las espaldas de los carlistas la traición. Espías y embajadores se desplegaban por las cortes europeas y cortaban toda esperanza de que progresase la causa legitimista. En las cortes europeas, se cundía el rumor del pronto ocaso de la tentativa española de recuperar el trono de España por parte del pretendiente, y por lo tanto, la causa de Carlos V se veía privada de ingresos con los que sufragar a sus tropas y pagar a sus hombres.

No todo estaba perdido, pues en el corazón de los generales carlistas aún ardía el deseo de recuperar algunas zonas y volver a plantar batalla, más el líder de los Carlistas, el general Maroto, no estaba por la labor.

Muerto el carismático Zumalacárregui, la causa carlista se desvaneció entre sus sucesores. Había muerto el mejor general del carlismo y un caudillo nato, y lo peor de todo, había muerto sin que hubiese un sucesor claro a su puesto. Su genio militar y a su ascendencia sobre las tropas que comandaba era muy difícil de igualar. “El tío Tomás” fue irrepetible, y en esa su genialidad estriba gran parte del ocaso de la causa por la que luchaba.

El general Maroto no era tan apreciado por las tropas como “Zuma”. Maroto era más un general de componendas; un hombre que prefería el pacto en desventaja, aún perdiendo prestigio y honor, antes que el enfrentamiento bélico a la vieja ultranza, donde a buen seguro, sus escasas dotes militares, serían vapuleadas por el sanguinario Espartero y sus “belchas” o “negros”, soldados a sueldo, mercenarios sin honor, que en los combates en los que participaban, arriesgaban hasta la última bala y arrasaban con toda vida, sin respetar heridos, ni ancianos ni mujeres ni niños. Ellos se sabían sabedores de que los carlistas no harían de ellos sus prisioneros, pues su causa no era la Isabel ni la de Carlos, ni la de España, sino la del dinero, que todo lo compra y todo lo corrompe.

Así las cosas, el 29 de agosto de 1839, en las cercanías de Oñate, en la localidad de Vergara, se reúnen los dos ejércitos. Está a punto de fraguarse una gran traición. El ejército carlista se rinde en unas condiciones miserables. El pacto se firma a los pocos días, quedando para la historia el abrazo de los dos generales, Maroto y Espartero ante las tropas de ambos bandos. Este pacto pasó a la Historia como “El Abrazo de Vergara”.


 

“El general tosiriano D. Miguel Gómez Damas, quien no aceptó el Abrazo de Vergara"
 
 
 
No todos los generales carlistas aceptaron dicho acuerdo, y los más se hubieron de exiliarse a Francia o buscar refugio en diversos países.
La casusa del pretendiente no había muerto del todo, y aún quedaban rescoldos que apagar.
Estos generales, por su potencial y por su veteranía, eran perseguidos por los isabelinos y por lo tanto debían de esconderse, camuflarse o disfrazarse, para poder escapar de sus perseguidores. Su objetico era reunirse con los suyos y con los partidarios de sus causas legitimistas, tanto aquí en España, como en Portugal con sus “miguelistas”.
En  la prensa decimonónica de 1849, podemos leer:
De la frontera de Portugal escriben lo siguiente sobre el cabecilla carlista Gómez, de cuya prisión en el vecino reino nos ocupamos pocos días hace;
 
«El día 4 del corriente fué preso en Portugal en el reino del Algarve el célebre Gómez, caudillo carlista que en 1836 corrió como un rayo toda la España. Este aventurero se presentó en Lisboa como mejicano, pudo disfrazarse, de modo que obtuvo pasaporte para el Algarve, para desde allí principiar sus trabajos en favor de don Miguel y de don Carlos, y poder con más facilidad introducirse en España. Le acompañaba un tal don Manuel Rodríguez, que se decía boliviano. Antes que estos había llegado al Algarve otro español, López Caracuel, bien conocido como jefe carlista. La llegada de estos extranjeros activó mas la vigilancia del benemérito gobernador civil del Algarve don Antonio Muria Gomairo, que luego previno á su gobierno y observó tan de cerca los pasos de estos viajantes, que al momento de recibir orden del gobierno para prenderlos, sabedor de que se hallaban en la villa inmediata de Loulé dentro de dos horas fueron capturados. Grande fué el servicio que hizo dicho señor Comeiro a nuestra España y á Portugal, y grande desengaño deben tener estos agentes revolucionarios viendo el ningún apoyo que hallaron en Portugal, y sabiendo que los otros cabecillas carlistas han sido batidos en todas partes. También anunciamos con satisfacción que nuestro cónsul en el Algarve, don Manuel Gómez Roldan, expidió las mas acertadas órdenes á los vicecónsules de su dependencia tan luego como el señor gobernador civil le comunicó la aparición de personas tan sospechosas.»”

 



“D. José María López Caracuel (1806-1872) Mariscal de Campo del Ejército de la I Guerra Carlista” Foto cortesía del blog: prieguenses4.blogspot.com

Algunos datos sobre la noticia.

 
El general don Miguel Gómez Damas fue uno de los muchos militares carlistas que no aceptó el “Abrazo de Vergara”, y junto con otros mandos y militares carlistas, se decidió disolverse y refugiarse en otros países, donde el legitimismo también estaba en liza y le servía de escapatoria. Este es el caso del vecino Portugal, quien padecía una situación sucesoria en su corona muy parecida a la que se sufría en España.

 
En Portugal, los partidarios del legitimismo eran llamados “miguelistas”, por ser su pretendiente, D. Miguel I, en detrimento de María II de Portugal, hija de Pedro I de Brasil y IV de Portugal, que reinó sólo durante unos pocos días y abdicó en su hija. Portugal hubo de padecer también su propia guerra civil por este motivo, ello ocurrió durante los años 1828 al 1834. Acabada la contienda, quedó en la sociedad portuguesa una profunda división, donde se podía entrever a los partidarios de unos, -los radicales liberales- y de otros los -absolutistas o miguelistas-.

 
En el año 1848 todavía quedaban en Portugal partidarios del legitimismo, y no sería extraño que viejos soldados carlistas buscasen en estos “hermanos de causa” fondos o ayudas económicas para su causa de entre los seguidores del miguelismo.

 
La vigilancia y la presión de los liberales, hizo que en esta ocasión Gómez viese frustrada sus expectativas y cayese prisionero.

 
De todas formas, no terminarían ahí las peripecias del más famoso general que haya dado Torredonjimeno en todos los tiempos, pues los últimos días de su vida, viejo y achacoso, los pasó exiliado en Burdeos, Francia, donde existía una gran colonia de refugiados carlistas de toda España los cuales malvivían y pasaban su existencia entre añoranzas de un pasado mejor y las esperanzas de poder regresar a su patria algún día.

 
Otro de los apellidos mencionados en el texto de la noticia es el de López Caracuel, que bien puede ser uno de los hermanos, o José María o Manuel López Caracuel, aunque por edad optamos por Manuel, ya que José María, que llegó a ser Mariscal del Ejército Carlista y uno de los miembros que asistió a la asamblea de Vevey, en Suiza, donde se diseñó el plan para apoyar la adhesión del Carlos VII, moriría en 1872.

 
Dichos hermanos eran unos ricos hacendados oriundos de la vecina localidad cordobesa de Priego, desde el principio aceptaron la causa carlista, siguiendo las vicisitudes de éste. Una vez concluida la contienda, se exiliaron con toda su familia, y pasaron largos años fuera de sus propiedades, hasta que regresaron a su localidad natal allá por el año 1864. Fueron recibidos con alegría por sus convecinos, incluso por los contrarios a su casusa.

 
A los pocos años, en los 70 del s. XIX, el entonces pretendiente de la causa carlista llamó a filas a Manuel López Caracuel, que bajo el grado de Brigadier aceptó luchar por el pretendiente. Su misión consistía en levantar a las tropas en Andalucía, pero le fue imposible, pues estaba bajo vigilancia. Optó por huir a Sierra Morena, pero al poco fue capturado y hecho prisionero. Manuel López Caracuel logró burlar la vigilancia y escapar de la cárcel, huyendo al norte, donde pasaría el resto de la contienda.

 

Luis Gómez