lunes, 30 de septiembre de 2013

TORREDONJIMENO VISTO POR LA PRENSA DE LOS AÑOS 20 DEL SIGLO PASADO

"Ayuntamiento y plaza de Torredonjimeno, años 20"
 
 
Luis Gómez
Durante el siglo XVIII y todo el XIX, eran frecuentes los libros de viajes. Personajes más o menos relevantes, se desplazaban a los países considerados “exóticos” por aquél entonces, y a su paso, realizaban vívidas descripciones de los pueblos y ciudades por donde ellos pasaban. En esos libros, de corte romántico, ha habido olvidos y exageraciones en los relatos, no ajenos en absoluto a un mercantilismo nada romántico,  y contribuyeron a configurar la idea de una España inventada que todavía se mantiene en las imágenes arquetípicas del extranjero medio más de cien años después. Gracias a esos autores, nos han quedado en la literatura española estampas de gran valor histórico, al describir platos o comidas típicas, ropa de época,  hábitos cotidianos o incluso lugares o edificios ya desaparecidos. Algunos de estos autores de los que hablamos son por ejemplo: Hans Christian Andersen, Ford, Didier, Hugo, Washington Irving, etc.  

Posteriormente, la Generación literaria del 98, fue la encargada de retomar en sus obras, las descripciones de los campos y tierras españolas. Según el catedrático J. García López, “(En la Generación del 98) Todos muestran un entrañable amor a España, pero, por lo menos al principio, nadie acepta su tradición, lo que les lleva a buscar una imagen de España distinta de la consagrada por los tópicos”.  Y sigue diciéndonos: “La auténtica alma española no es, afirman, la que se manifestó en las grandes gestas o en los ideales de la época de los austrias, ¿dónde hallarla, pues?”. El mismo autor nos da la respuesta a seguido: “Tres son los caminos que escogen para llegar a la verdadera esencia de España: el paisaje, la historia y la literatura” Así obtenemos grandes obras de autores ya consagrados, como Antonio Machado con su “Por Campos de Castilla”, “Azorín, con su “La ruta de D. Quijote” y tantos y tantos otros.

Una de las formas de plasmar esas vivencias era sin duda las columnas y los artículos periodísticos, convirtiéndose estas secciones, en los primeros años del s. XX en una moda bastante frecuente en diversas cabeceras nacionales.

Traemos al blog de Cassia, una de esos artículos costumbristas realizado en el año 1922. No se cita el autor del texto, más por lo que comenta, no se puede dudar que estuvo presente en la localidad y conoció de primera mano Torredonjimeno.


 "Vista del Monte San Cristóbal (Calvario). En su cima se ubicó el primer depósito de aguas para abastecimiento urbano"
 
 
Diario “El imparcial”
Por tierras de Jaén
Notas de Torredonjimeno
 
Es Torredonjimeno una ciudad antiquísima que formó con Martos las colonias tuccitanas, cayendo más tarde en poder de los invasores árabes, que pusiéronle el nombre de Castillejo de Osaria, Pero en tiempos de Fernando III el “Santo” fué reconquistada por el caballero D. Jimeno de Raya, y de ahí le sobreviene el nombre, según la tradición. La ciudad cuenta con 12.000 habitantes y se halla en 1a línea férrea de Puente Genil a Linares, a 17 kilómetros de Jaén; completan sus vías de comunicación, bastante numerosas aquí, cinco carreteras. Sus cultivos olivareros producen extraordinaria riqueza, siendo de anotar el hecho difícil que éste sea uno de los escasos términos municipales de la zona que se han librado de la langosta  merced únicamente a la laboriosidad de sus habitantes que no tienen un metro de tierra sin cultivar, y ya es sabido que aquel voraz insecto se desarrolla únicamente en los páramos abandonados por el hombre. Recogemos esto con elogio para los vecinos de Torredonjimeno y por lo que pueden servir de ejemplo imitador a otros labradores. La vida urbana se halla aquí bastante atendida, haciéndose grata la existencia en la localidad. Entre las mejoras que patrocina el Municipio figura la instalación del teléfono, que se hace preciso, y la construcción de un magnífico Grupo Escolar. Actualmente se ha  entrado en periodo de prosperidad y moralización merced al cese de las pequeñas luchas partidistas; aplacadas las pasiones y unidos todos en armonía común, la paz va inspirando labor do provecho a las distintas fuerzas de la ciudad. Otro proyecto magno es la traída de aguas, aunque existen conducciones abastecedoras de siete fuentes públicas. Por ausencia del alcalde propietario, D. Daniel Carazo, dirige en la actualidad el Ayuntamiento de Torredonjimeno el abogado y propietario D. Manuel Gallo Fuentes, personalidad cultísima, muy bien orientada en materia  municipal, inspirada por bríos de juventud y poseedor de la confianza del vecindario.
La Unión de Productores
Así se titula la razón social de la fábrica San Cosme y San Damián, de extracción de aceites de orujo, sulfuro de carbono jabón y otros derivados. Indiscutiblemente es una de las industrias más completas de la Andalucía que trabaja. Aquí alcanza el máximo de perfección al ingenio industrial, la actividad del hombro, las combinaciones de la química y la acción del fuego, extrayendo a un fruto de la tierra madre la quinta esencia de su utilidad. Los productos de esta casa gozan de gran fama como materia prima de indiscutible calidad para la elaboración de jabones. En Madrid especialmente se los disputan tos fabricantes de esos artículos. La Unión de los Productores de Torredonjimeno ha inaugurado la sección de Jabones con éxito superior a todo cálculo, pues éstos  por su calidad inmejorable, y extraordinaria economía, son ya, no solamente conocidos por toda la Península, sino que han pasado las fronteras, cotizándose muy bien en el mercado internacional. Un Consejo de Administración, integrado por personalidades, de reconocido prestigio y solvencia, dirige este gran centro productor, que ofrecen al mercado aceptables ventajas en sus operaciones y ocupa un lugar preeminente en el crédito de la vida mercantil española.


Como se puede observar en esta curiosa noticia, la descripción del Torredonjimeno de principios de siglo XX nos deja algunos datos curiosos. Por ejemplo. El alcalde, D. Daniel Carazo Granados, “que estaba ausente”, y que por lo tanto quien regía los destinos municipales en los momentos de la visita del periodista a la localidad era el abogado D. Manuel Gallo Fuentes. D. Daniel, ya había ostentado con anterioridad el sillón de la alcaldía de Torredonjimeno, en concreto en el año 1917. No sería el único de su familia que llegaría a hacerlo, pues también fueron alcaldes sus hermanos Juan José (1918) y Elías Carazo Granados (1930).

La noticia, también nos da cuenta de la existencia en ese momento de siete fuentes de agua potable en la localidad. Dichas fuentes serían los pilares de “Blasco” y del “Álamo”, ya desaparecidas, la “Fuente Afuera”, junto al Calvario, el “Pilar de Martingordo”, la fuente de “San Roque”, la de las “Celadas” y la de “Los Santos”. En cuanto a la conducción de agua en la localidad, Alfredo Ureña Uceda, nos dice en su libro que “Durante la Dictadura de Primo de Rivera y la Primera República, entre 1923 y 1936, se va a iniciar el proceso de instalación de agua potable para el servicio doméstico de la población”. Una de las primeras obras que se realizarían sería la de la canalización del agua procedente del Molino del Cubo hasta el Monte Calvario de la localidad y luego se complementaría con la red de abastecimiento urbana que llevaría el agua a los domicilios particulares.

La noticia nos habla del “cese de las pequeñas luchas partidistas”, lo cual es cierto. Durante esos años, Torredonjimeno vivió una época de malas cosechas hambrunas y escasez de jornales en las faenas agrícolas, lo cual fue aprovechado por los partidos políticos para excitar a los trabajadores a la convocatoria de huelgas y movilizaciones organizándose varios tumultos en a localidad, en los que en algunos casos, debió de intervenir las fuerzas del orden y la Guardia Civil.



"Casas de los maestros (ya desaparecidas) aledañas al Colegio San Roque, popularmente conocidas como Grupos Escolares de San Roque"
 
Por su parte, en lo referente a la construcción del “Grupo de los Escolares” podemos añadir que será durante el mandato de otro alcalde de la localidad, D. Manuel Gutiérrez Ortega, cuando más impulso tomarían las obras de estas escuelas, finalizándose bajo su mandato tanto el colegio como las casas de los maestros, hoy desaparecidas. (Para saber más sobre este tema, ver artículo “Aquellas escuelas de Virtud”, Revista Cultural Órdago de Torredonjimeno, Nº2, marzo 1999, pp, 27-28)
Por su parte, lo que el periodista nos cuenta de la importancia de la fábrica de aceite y de jabones “La unión de Productores San Cosme y San Damián”, no es más que el embrión de lo que con el tiempo llegará a ser la fábrica de “Bernal” en Torredonjimeno, fábrica que se dedicaría a lo mismo que su predecesora que a día de hoy está totalmente desaparecida y convertida parte de sus instalaciones en almacenes municipales.
Si es de destacar el inmenso potencial que dicha fábrica industrial tenía para la localidad, pues los productos allí fabricados eran vendidos en todo el territorio nacional y no sólo eso “sino que han pasado las fronteras, cotizándose muy bien en el mercado internacional” con lo que ello suponía de publicidad y renombre de Torredonjimeno como referente industrial de la provincia.

sábado, 28 de septiembre de 2013

PARTIDOS POLÍTICOS EN EL TORREDONJIMENO DEL SIGLO XIX (II)

 
"Castelar"
 
Luis Gómez
Continuamos con nuestra serie de artículos en las que nos referimos a las formaciones políticas existentes en el Torredonjimeno decimonónico. En esta ocasión traemos a colación la lista de los integrantes del “Partido Republicano Federal-Pactista”.
Antes de nada, expliquemos un poco en qué consistía dicha fuerza política.
El partido Democrático surgió en el año 1849, como escisión del partido Progresista. Al triunfar la Revolución del 68, los diferentes “espadas” del republicanismo, toman posiciones. De una parte estaban los federalistas, que eran aquellos que pretendían, que los Ayuntamientos, las diputaciones, incluso las regiones, fuesen autónomas, pero que delegasen una parte de su poder en una organismo mayor, que residiría en el Estado. Uno de los partidarios de esa teoría era el “Partido Republicano Federalista-Pactista de Francisco Pi y Margall. Por otra parte, estaba la visión de D. Emilio Castelar, el cual lideraba la corriente del “liberalismo democrático” que pretendía lo mismo, pero desde el unionismo. La tercera vía, más moderada, era la encabezada por el General Prim. Las visiones políticas de España de Pí y Margall y Castelar terminarían por chocar entre sí, creándose dos proyectos políticos distintos cuyas diferencias se harán patentes tras la Revolución del 68. Dicha Revolución obligó a la monarquía, representada por Isabel II, a ser expulsada de España, y solicitar asilo en Francia. Las disensiones entre los republicanos no tardarían en hacerse evidentes. Unos políticos pugnaban por la elección de un nuevo monarca (entre ellos Prim) para el gobierno de la nación, (Amadeo I de Saboya), mientras que otra pare del espectro revolucionario se quejaba amargamente por el hecho de haber realizado una revolución para expulsar a la monarquía de España para ahora estar poniendo en su trono a otro rey. Las diputas internas no acabaron, y para poder mostrar mejor lo que ellas representaron en el seno de esta formación política, nada mejor que reproducir esta carta al director, en la que un ciudadano contesta a otro sobre una afirmación hecha sobre lo “grande” o “pequeño” que es el Partido Pactista en el año 1894. Dice así:
La República, diario Federal”, Madrid
 
ECOS D E LAS PROVINCIAS
Ha llegado á nuestro poder una hoja impresa, que lleva al pie la firma de nuestro correligionario Baldomero Racolta, y en la cual este ciudadano contesta á cierto periódico catalán, que se ha permitido asentar, en son de broma, ciertas afirmaciones inexactas acerca de nuestro partido. En varias ocasiones, y con distintos motivos, hemos demostrado á los adversarios del pacto que este fué siempre dogma de nuestro partido, y como la argumentación del ciudadano Racolta viene á corroborar nuestras argumentaciones, y como, en nuestro juicio, merecen ser conocidas sus razones, reproducimos algunos de los párrafos de la carta, y que de seguro verán con gusto nuestros lectores:
«Ciudadano Clements La Bisbal: 
Muy señor vuestro y nada mio: En el párrafo segundo del remitido que firmáis en fecha lo del corriente y que el periódico La Publicidad, de Barcelona, inserta en su número
2.384, correspondiente al día de hoy, os permitís decir: “Habrá lucha, sí señor, lucha entre dos miembros de la gran familia democrática. El chiquitín de la casa (partido federal pactista), ese partido que, como todo joven llegado á la pubertad, anda bebiendo los vientos por una quimera que en su mente forjó, revistiéndola de todas las galas imaginables, va á medir sus armas con el hermano mayor (partido republicano histórico)” Vamos á cuentas, señor bufón: el partido federal-pactista no es el chiquitín de la casa, por dos razones: Primera:

"Pi y Margall"


En 1855 Pi y Margall y Fernando Garrido publicaron, el primero el libro La Reacción y la Revolución y el segundo su popular trabajo La Federación Universal, en el que escribió un prólogo notable Emilio Castelar, con cuyos principios federales, en aquellas producciones defendidos, estaban ya entonces conformes la mayoría de los republicanos españoles junto con el Cicerón de la fracción llamada posibilista y los que en mal hora le siguen en sus funestas evoluciones, veleidades y apostasías. Segunda: Desde 1868 hasta 1873 era ya tan grande el partido federal pactista, que casi era el único partido republicano que existía en España; pues que casi todos los republicanos que se sentaban en los escaños del Congreso durante las inmortales Constituyentes del 69 y del 73, se llamaban federales pactistas, excepción hecha de Eugenio García Ruiz y sus dos satélites. En prueba que no era chiquitín ya, durante el expresado quinquenio, el partido republicano federal pactista, que vuestro moderno Mirabeau se valía de las fuerzas políticas y de las populares simpatías de aquel gran partido, para ser nombrado diputado y para abrir y sembrar de flores federales el camino que le condujera al puesto más elevado de la nación, y una vez llegado á la cumbre del poder, no ha hecho más que llenar de insultos y de improperios á la inmortal madre República federal que en el mundo político le parió. Si vuestro jefe hubiera hecho lo que nuestro Guía le recomendaba todos los días, de que completaran y presentaran cuanto antes al Congreso las bases del Pacto de federación española, la hispana tierra hoy día seria los Estados Unidos de Europa y no, lo que desgraciadamente es, la cuasi Turquía de Occidente. Resumamos. ¿Qué es lo que queremos los republicanos federales pactistas? La República democrática federal.—«Señores (decía

Castelar en su entusiasta y elocuente discurso que pronunció en la sesión del 8 de Julio de 1873), ¿qué es la República federal? Es aquella forma de Gobierno mediante la cual todas las autonomías existen y coexisten como existen los astros en el cielo, sin chocarse jamás. En la República federal todo lo individual pertenece al individuo, todo lo municipal pertenece exclusivamente al municipio, todo lo regional pertenece á la región, y todo lo nacional pertenece á la nación. Y como quieren que en la ciencia política moderna todos esos derechos y todas esas facultades se encuentran completamente clasificadas, ni padece el individuo, ni padece el municipio, ni padece la región, ni padece la nación de ninguna manera en una República verdaderamente federal. Véase porque yo quiero la República federal, y véase porque yo jamás, jamás, jamás apoyaré ni defenderé una « República unitaria.» En la circular que en 1 de Mayo de 1870, contra la declaración de la prensa unitaria, dirigió el Directorio del partido republicano-democrático federal, que iba autorizada con las firmas de Pi y Margall Estanislao Figueras y Emilio Castelar, se lee: «Este Directorio, hoy como siempre, al proclamar como forma de gobierno de su partido la República democrática-federal, aspira á constituir la nación española en un grupo de verdaderos Estados, unidos por un pacto federal que sea la expresión de su unidad y la salvaguardia de su libertad.» ¿Y vosotros, ciudadano Clements, ¿qué es lo que queréis? Una República unitaria, centralizadora burocrática, con mucha infantería, mucha caballería, mucha artillería, muchos carabineros y muchos guardias civiles, clero católico pagado por el Estado y la alianza con los progresistas y fusionistas, para hacer imposible la autonomía individual, municipal, regional y nacional.» Estos argumentos son contundentes, y nos parecen incontestables: muchas veces los hemos aducido, y otras tantas han quedado sin contestación”.

El partido Republicano de Torredonjimeno, al igual que otras muchas formaciones similares de España, era de corte radical y librepensador. Por lo tanto estaba opuesta en sus principios morales y éticos a la Iglesia y, como no, muy influenciado por las ideas propaladas por la masonería, asociación ésta que contaba en Torredonjimeno con muchos miembros (sobre la masonería en Torredonjimeno, léanse los artículos publicados en Órdago sobre el tema) El Comité Republicano, se adheriría al congreso universal de Librepensadores que se celebró en Madrid en 1892, enviando su carta de adhesión al periódico “Los Dominicales de Libre Pensamiento”, al que suponemos, estarían suscritos. La misiva en cuestión reza así:

Los Dominicales de Libre Pensamiento

Comité Republicano Federal.

Residencia: Torredonjimeno (Jaén),

Delegado: Curros Enriquez.

"Al declararse francamente libre-pensador sin los terrores de los que tiemblan ante las sotanas, el Comité republicano federal, de Torredonjimeno honra á la vez á la República y á la provincia de Jaén"

 
"El tosiriano D. Lorenzo Gómez Castro"
 
En Torredonjimeno, en el año 1905, se destacaba como presidente de la formación política del Federalismo-Pactista, D. Lorenzo Gómez Castro, político local el cual llegaría a ser alcalde de Torredonjimeno -durante apenas un mes- en el año 1910 (del 31-10-1910 al 23-11-1910).
El listado de los nombres de dicho partido, lo extraemos de la noticia aparecida en el diario republicano "El Nuevo Régimen" del año 1905, en donde el periódico se hace eco de los miembros que componían el Comité local del Partido republicano Federal Pactista de Torredonjimeno ese año. Dice así la noticia:
“Comité local Federal Pactista de Torredonjimeno (Jaén).
Presidentes honorarios: Eduardo Benot, Nicolás Estévanez, Francisco Pi y Arsuaga, José María Valles y Ribot, Julián Nougués, Eduardo Fernández del Pozo y Antonio Pérez Ortega; presidente, Lorenzo Gómez Castro; vicepresidentes: Antonio Garrido
Rísquez y Pablo López Liébana; secretarios: José Martos Pérez y Martín Cámara; tesorero, Norberto López Liébana; vocales: Cosme López Garrido, Lorenzo Lozano Carpió, Andrés Erena Bueno, Ricardo Martínez Vizcaíno, Ramón López Liébana, Miguel Puche Vieña, Antonio Garrido López, Federico Lozano Carpió y Pedro Gómez Castro; representante para la Asamblea, Juan Miguel Ortega López”.
Como se puede apreciar, y salvando los nombres que designan a los presidentes honorarios de la formación política, muchos de los apellidos que aparecen en el listado, son conocidos por su resonancia en la política municipal tosiriana

martes, 24 de septiembre de 2013

ALGUNAS DE LAS ANDANZAS DE JOAQUÍN COSTA EN JAÉN

D. Joaquín Costa
 
JOAQUÍN COSTA EN JAÉN: ESTUDIOS ARQUEOLÓGICOS, EPIGRÁFICOS, SOCIOLÓGICOS Y ETNOGRÁFICOS DEL GRAN REGENERACIONISTA ARAGONÉS


Por Manuel Fernández Espinosa

Es curioso que prominentes figuras de la política y la filosofía españolas del siglo XIX recalaran en Jaén, o al menos transitaran por nuestra provincia. En otra ocasión he aludido a Francesc Pi y Margall (1824-1901), como ideólogo del feredalismo y maestro político de nuestro poeta Bernardo López. Pi y Margall tuvo ocasión de pasar por Jaén, dejando esta descripción de la capital del antiguo reino y actual provincia:

“Está asentada Jaén en la falda de un cerro cuya cumbre ocupan las imponentes ruinas de un castillo […] se destacan bellamente las torres de sus templos y las agujas de su catedral suspendida al parecer sobre los techos del contorno…”

Pero este eminente hombre de letras que sería uno de los ideólogos revolucionarios más cultos del XIX, artífice de la sistematización del federalismo hispánico de izquierdas y uno de los presidentes de la Primera República Española, había pasado por Jaén deteniéndose poco, pues su meta la tenía puesta en Granada, ciudad que capitalizaba las visitas de los románticos occidentales. Fueron varios los viajes que Pi y Margall hizo a Andalucía, como agitador político republicano y también para nutrirse de impresiones estéticas sobre el terreno que después destilaría en su libro “Recuerdos y bellezas de España”.

Pero si Pi y Margall estuvo de paso, otro fue el caso de Joaquín Costa Martínez (1846-1911). La imponente obra de Joaquín Costa se eleva como una de esas montañas que todo el mundo ha podido ver, pero no todos han tenido la ocasión de escalar. Por desgracia, hoy es tal el paupérrimo nivel de la enseñanza que recibe nuestra juventud que el nombre de Joaquín Costa, en el mejor de los casos, se ha podido escuchar de pasada, tal vez en literatura cuando se revisa a los regeneracionistas, o si acaso en Historia de España. Su formidable obra y su pensamiento han sido reducidos a la mínima expresión con una de sus consignas propagandísticas que lo hizo famoso: “Escuela y despensa”. Pero cifrar toda la hondura del pensamiento de Joaquín Costa, toda su profunda preocupación por elevar a España de la postración en que se la encontró y toda su erudición, la vastedad de sus inquietudes y sus estudios poligráficos con una frasecita es como conformarse con un telegrama.

Costa nació en Monzón (Huesca) y se formó en Derecho, en Filosofía y Letras. Contribuyó con sus estudios a los campos más varios de la historia del Derecho, de la Economía, de la etnología, de la epigrafía, etcétera y no hubo nada que no atrajera su curiosidad, siempre con miras prácticas y con el sano propósito de servir a España. Economista, jurista, historiador encontró en la Institución Libre de Enseñanza un ámbito propicio para desarrollar sus inquietudes docentes, aunque no está dicho que fuese de observancia krausista como lo eran casi todos los institucionistas. Pero en 1888 ganó unas oposiciones a Notarías en Granada y a finales de noviembre de ese mismo año lo vemos instalado en Jaén, ocupando con su despacho notarial un local alquilado al Conde de Corbiel, en la calle Maestra Baja. Más tarde, en abril de 1889 Joaquín Costa se acomodó con su despacho en otro local, sito éste en la plaza de San Francisco, nº 27. Allí trasladó su notaría, en el piso principal que quedaba encima de la entonces famosa librería Fe. Mientras residió en Jaén, el gran regeneracionista oscense vivió en la calle del Duende. Esta calle, tras el fallecimiento de Costa, mudó su nombre por el que actualmente lleva y que lo recuerda: “calle Joaquín Costa”. Esta mudanza de callejero se debió a las instancias que uno de los grandes amigos jaeneros de Joaquín, D. Julián Espejo y García, elevó al Ayuntamiento de Jaén. De Julián Espejo tendremos ocasión de tratar más abajo.

Plaza de San Francisco (Jaén), dode mudó la Notaría D. Joaquín Costa
No parece que prosperase mucho la notaría de Joaquín Costa en Jaén. En ese entonces, los jaeneros contaban con cinco notarías bien arraigadas en el vecindario, de manera tal que los vecinos siempre sabían el notario al que iban a acudir; Costa era un desconocido. El hecho de ser novicio en el oficio, con sus oposiciones flamantes; el no contar con una agenda de relaciones y compromisos; el hecho de carecer de amistades en Jaén por la razón de ser forastero y estar recién llegado, sumieron a Costa -en una primera etapa de su vida jiennense- en el aislamiento y la melancolía, como se desprende de la correspondencia epistolar. Costa añoraba con nostalgia a los amigos de Madrid, como Giner de los Ríos, la biblioteca y el Ateneo, la Institución Libre de Enseñanza y la vida que había llevado hasta que decidió hincar los codos para ganarse la oposiciones a Notario.
D. Julián Espejo y García


Sin embargo, Joaquín Costa empezó a trabar relaciones cordiales con algunos jaeneros que compartían con él aficiones históricas, arqueológicas y patrióticas. Es el caso de D. Julián Espejo y García, un jiennense que había sido compañero de oposiciones con Costa y que las ganó el mismo año. Julián se había licenciado en Derecho Civil y Canónico en la Universidad Central de Madrid el año 1884 y en 1889 se colegió como abogado en Jaén. Propuesto como Correspondiente de la Real Academia de la Historia en 1890, fue nombrado como tal ese mismo año, apresurándose a dar las gracias en estos términos: “Acepto con entusiasmo una distinción tan honrosa y procuraré cumplir con los deberes que ella impone”. Por documentos de 1897 se sabe que Julián Espejo y García era miembro a su vez de la Comisión Provincial de Monumentos, participando con sus colegas de la comisión en el acopio de material arqueológico para los depósitos del Museo Provincial de Jaén. Es posible que Julián hubiera conocido a Joaquín Costa en Madrid, pero lo ignoramos. Lo que sí está claro es que coincidieron en las oposiciones a Notarías convocadas en Granada en 1888 y que ambos las ganaron airosamente, aunque el triunfo de Costa fue clamoroso por su brillantez y talento.


Fue Julián el que logró interesar a Joaquín Costa en cierto hallazgo arqueológico habido en la villa de Jódar, a 50 kilómetros de Jaén. Y fue Joaquín Costa el que, tras exhaustivo estudio de las lápidas epigráficas y después de algunas gestiones, logró descubrir para los vecinos de Jódar de aquel entonces y para los del porvenir el hermoso topónimo pre-romano de la villa: Galduria. El descubrimiento se había producido en 1875, cuando tras pedir permiso para retirar piedras del castillo arruinado de Jódar, con vistas a edificar una capilla en la iglesia parroquial, aparecieron piedras labradas con inscripciones. En 1889, un galduriense (D. Luis Blanco y Latorre) envía a D. Julián la copia de algunas de estas inscripciones. D. Julián Espejo las comparte con el polígrafo aragonés que reside en Jaén y Costa se ve sinceramente interesado por las inscripciones. Consulta al Padre Fita, director de la Academia de la Historia, y se procede a descifrar estas inscripciones hasta que se averigua que una de las lápidas en cuestión dice: “Segus Gerez [está aquí enterrado] Alzó esta memoria Ger, su padre, señor de los de Galdur”. Fue así como se descubrió que donde actualmente se emplaza Jódar existió una gente llamada de “Galdur”; y de ahí “Galduria”, que es el nombre primitivo de la localidad jaenera (como el de Torredonjimeno es Tosiria).

Interesante en toda esta historia es también D. Luis Blanco y Latorre. Nacido en Jódar en 1845 falleció en su patria chica en 1902. Fue primero Secretario del Ayuntamiento y más tarde llegó a ser Alcalde. Sus intereses históricos y arqueológicos eran sobradamente conocidos por todos sus vecinos. Además de emprender algunas iniciativas para beneficio del municipio: como alumbrado, cuidarse de la higiene en carnicerías, lavaderos, etcétera, supo defender a los más desfavorecidos de sus vecinos, a los que se les quería despojar de los llamados "derechos de los espartos" (es de saber que los más pobres de Jódar vivían del esparto) y también edificó el cementerio público (se dice que trabajó en esas obras, incluso con sus manos). Este hombre fue un apasionado de la historia local y a lo largo de su vida fue tomando notas para redactar una historia de Jódar que no sabemos si llegó a publicarse íntegramente: “Crónicas de Jódar”.
D. Luis Blanco Latorre


El interés que suscitó en Joaquín Costa la noticia de estos hallazgos hizo que se desplazara con su colega notario D. Julián Espejo a la misma Jódar. Según contará D. Julián Espejo, aquella visita del polígrafo a Jódar estuvo, en todo momento, guiada solícitamente por las fuerzas vivas de la villa: el mismo D. Luis Blanco, amigo de D. Julián; el alcalde D. Francisco Mengíbar (en ese entonces D. Luis no ocupaba la alcaldía); el párroco D. Antonio Cerdán; el secretario del Ayuntamiento, D. Tomás Tirado; y el farmacéutico de la villa, D. Antonio Herrera. Pero, amén de este séquito de “notables” locales, a las ruinas del castillo galduriense fue con Joaquín Costa gran parte del vecindario, que le secundaba en las pesquisas que realizaba el forastero y su cortejo. Y esa multitud acompañó a Costa, aunque en aquel entonces Costa no era en España nada más que un notario de provincias y su fama vendría más tarde. Suponemos que la curiosidad de los vecinos por la visita de un forastero los animaría a acompañar a aquella peculiar expedición arqueológica.

Pero la visita de Joaquín Costa no se limitó a explorar los vestigios arqueológicos de Jódar. Costa se interesó muy mucho por las condiciones de vida y habitación de los galdurienses. En aquel entonces, la situación de extrema pobreza que se venía arrastrando de generación a generación había resuelto la necesidad de habitación de muchas familias aprovechando las cuevas, donde vivían en régimen de trogloditas. Costa contabilizó 406 cuevas habitadas y registró pormenorizadamente el modo de vida de los cavernícolas de Jódar. Es de suponer que el contacto con aquellas condiciones infrahumanas de vida fuese acusado por el gran hombre como una realidad indignante, en contraste con la suntuosidad y la opulencia en que vivían las clases acomodadas: no sólo de Jódar, sino de cualquier país civilizado.

En 1888-1889, cuando Costa llegó y se instaló en Jaén –hemos dicho- el intelectual aragonés no había proclamado, como lo haría más adelante, su execración del caciquismo y la oligarquía. Por aquellos años estaba haciendo los primeros tanteos, pero la experiencia de Jódar quedó plasmada en su libro “Derecho consuetudinario y Economía popular de España”, donde pinta al vivo, haciendo gala de una impecable observación sociológica y antropológica, las condiciones de vivienda y el estilo de vida de la población más menesterosa de Jódar; y así será como, con el título de “Vida troglodítica en Jódar”, anexará su estudio local en el apéndice de esa obra, publicada en 1902.

Podemos decir para terminar que, además de la experiencia arqueológica y sociológica habida en Jódar, Joaquín Costa encontró en el desempeño de su profesión notarial en Jaén ciertas irregularidades que excitaron su sentido de la honestidad profesional y que le llevaron a tomar cartas en el asunto. Costa halló que los oficios practicados en los despachos notariales estaban plagados de irregularidades que incluso podrían calificarse como fraudulentas, por lo que apeló a las altas instancias para que estas realizaran las inspecciones pertinentes a fin de corregir las corruptelas. De su correspondencia con los amigos del exterior de la provincia se deduce que Costa nunca pensó mal de sus colegas notarios, sino que atribuía estos abusos e irregularidades a la falta de formación profesional de los pasantes, escribientes y empleados leguleyos. Lo importante de este asunto no son las causas de esta falta de profesionalidad y los posibles chanchullos que se cocinaban en los despachos notariales, no es eso ahora lo que nos importa. Lo que nos parece digno de resaltar es la reacción firme de Costa que, lejos de contemporizar con esas chapuzas, intervino por honestidad y celo profesional sin parar mientes en las consecuencias que pudiera tener aquel su inconformismo.

En resumidas cuentas podemos decir que la residencia de Joaquín Costa en Jaén constituyó un ingrediente fundamental para la sólida formación práctica y vital del intelectual oscense.

Estamos convencidos de que cuando Joaquín Costa abandonó Jaén no lo hizo apesadumbrado, pues su máxima ilusión era regresar a su patria aragonesa, a Huesca, y vivir con su familia. Pero de lo que sí podemos estar seguros es de que la experiencia jaenera de Joaquín Costa contribuyó no poco a la formación de muchas de sus grandes ideas: a su valiente denuncia del caciquismo y las oligarquías; a la consideración de las insoslayables deficiencias y laxitudes propias de la burocracia y la administración españolas, que había que denunciar; a la denodada empresa, en fin, de lograr una mejor calidad de vida para todos los españoles, pues sin esas condiciones humanas de vida el patriotismo es patriotería insustancial y, por lo tanto, falso patriotismo.
Confiamos poder abordar todos esos temas muy pronto, pero será en otro lugar. Por hoy, baste este reconocido agradecimiento a uno de los hombres más enterizos que tuvo España: Joaquín Costa Martínez, un patriota sin fisuras.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

TORREDONJIMENO PROPONE LA CREACIÓN DE UNA ESCUELA DE FUNCIONARIOS

 
"Vista del Ayuntamiento de Torredonjimeno"
 
Luis Gómez

 

Traemos en esta ocasión una curiosa noticia. Se trata ni más ni menos de la propuesta del Ayuntamiento de Torredonjimeno para la creación de una Escuela de Funcionarios a nivel nacional.

Con el paso de los años, la burocracia administrativa de los órganos oficiales se había complicado mucho. Los Ayuntamientos no sólo debían debatirse las propuestas de gestión de los recursos y la administración de los impuestos. Ahora se debía de levantar acata de las sesiones municipales, se duplicaron los impresos y las solicitudes, se debía de cumplimentar innumerables trámites para que un Ayuntamiento o un particular, pudiese solicitar la ayuda o cooperación de una Diputación Provincial o de un organismo superior. Los servicios que el Ayuntamiento solía hacer, se eternizaba n y se profesionalizaban. Licencias de obra, de administración de la sal, permisos de apertura de negocios, reglamentaciones, y un largo etcétera.

Ello obligaba a los administrativos a poseer un gran conocimiento en materias como redacción, mecanografía, matemáticas básicas, derecho etc. Para la profesionalización de un puesto de esa categoría, el Ayuntamiento tosiriano había lanzado esta pionera propuesta: La creación de una Escuela de Funcionarios.

Dicha escuela no formaría sólo a los funcionarios municipales, sino que se encargaría de formar a los muy necesarios Secretarios Municipales, y por extensión, a cualquier cargo o puesto administrativo de otros órganos análogos.

La iniciativa tosiriana sería promovida durante ese año 1930 bajo el mandato de dos alcaldes, D. Eugenio Moya Salazar, que lo era en marzo de 1930 y D. Elías Carazo Granados, quien tomó posesión en octubre de ese mismo año.

Por desgracia, la iniciativa, planteada en la década de los años treinta del pasado siglo, caería en saco roto. La guerra civil truncaría los efectos positivos de esa propuesta.

No será hasta el año 1940, cuando se creará el Instituto Nacional de Administración Local, que incluirá algunas de las propuestas realizadas diez años antes por el Ayuntamiento de Torredonjimeno. Posteriormente, ese mismo organismo mutará en lo que es el actual Instituto Nacional de Administración Pública, adscrito al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas

Es curioso no obstante, que siendo el ayuntamiento de Torredonjimeno el promotor de esta estupenda iniciativa, pasase gran parte de los años 70 y 80 sin cubrir la plaza de Secretario e Interventor municipal de manera ortodoxa.

 
"Fachada actual del Instituto Nacional de la Función Pública"
 
 

Dice así la noticia del diario "El Imparcial" del año 1930
 
Escuela de Funcionarios

Hemos tenido ocasión de charlar unos momentos con el secretario de Torredonjimeno sobre La proposición que ha lanzado aquel Ayuntamiento para que todos los Municipios de España destinen el 1 por 100 de su presupuesto para levantar con dichos fondos en la Ciudad Universitaria la Escuela de Funcionarios municipales. Se han cursado también invitaciones de ayuda y cooperación al Gobierno y a las Diputaciones Provinciales. Si éstas respondiesen facilitando materiales auxilios, la Escuela de Funcionarios municipales se extendería a los funcionarios civiles en general, de ministerios, Diputaciones y Municipios. La idea del Ayuntamiento de Torredonjimeno no puede ser más oportuna y feliz. Es preciso crear dentro de nuestro futuro ámbito universitario la Escuela de Funcionarios para dar estado eficaz dictado. Muchos Ayuntamientos han respondido ya de manera  concreta a la invitación del de Torredonjimeno, y con una rapidez y desprendimiento elogioso el de Jaén. Optimista y esperanzado puede, pues, estar el Municipio de Torredonjimeno, autor de la propuesta. En su visita a Madrid, el secretario municipal ha celebrado diversas entrevistas con algunas personalidades gubernativas, habiendo sido recibido con toda cordialidad, oyendo palabras alentadoras para seguir la idea tan felizmente comenzada. El personal administrativo do loa Municipios españolea precisa una práctica que amplíe sus conocimientos municipales, ya que la carrera del secretariado ha llegado a crearse una situación de afianzamiento de la que estaba tan necesitada. Los secretarios actualmente han de poseer una serie de conocimientos que antes quizá fuesen innecesarios. El porvenir de España deja de centralizarse en los altos poderes gubernamentales, cuyo sol de mando sólo llegaba a un radio de acción limitado.  Es inútil que la labor gubernativa lance sus órdenes desde el pedestal de la Corte cuando los pueblos se ven achicados en su apartamiento, sin libertad de acción. Por esto los Municipios necesitan una independencia de trabajo que les proporcione eficacia y se acompasen sus órdenes a las del conjunto, en un noble egoísmo de superarse cada pueblo con el progreso ida los tiempos. La Escuela de Funcionarios ha de cambiar el estado actual de los secretarios municipales, proporcionándoles elementos ahora más que nunca necesarios para quo su labor en las ciudades y en los pueblos se eleve batía orientaciones de encumbramiento. Puede estar satisfecho el Municipio de Torredonjimeno de la idea que ha lanzado. Y creemos en una  cooperación de todos los Ayuntamientos españoles. No deben dejar la ocasión propicia de poder contar en Madrid con una Escuela de Funcionarios que ha de dignificar su personal administrativo. Si el Gobierno y las Diputaciones Provinciales respondiesen para que el centro de enseñanza acogiera a todos los funcionarios civiles, el ideal quedaría en un todo logrado.


lunes, 16 de septiembre de 2013

LAS DOS ESPAÑAS PUDIERON RECONCILIARSE EN JAÉN

Bernardo López García
 
Dedico este artículo con toda mi más cordial simpatía a los miembros de la Asociación IBERIA CRUOR, digna heredera de la mejor tradición patriótica que nos legaron los republicanos de la izquierda patriota y los integristas de la tradición católica y nacional.

 
 
“[El republicanismo español del siglo XIX] Ha absorbido durante un siglo lo principal de la vida pública española. Reunió bajo su bandera lo mejor, lo más honrado y ejecutivo del pueblo; tribunos como Castelar, conciencias como la de Pi y Margall, bastan para honrar a una época y a una nación. De la probidad republicana española quedan infinitos testimonios. Todavía es típico el ejemplar del republicano federal, frecuente en muchas provincias, arca de austeridades y de convicciones espartanas. La fuerza ideal, la aspiración moral del republicanismo español, son datos históricos que ningún escéptico puede considerar sin respeto”.
"La afirmación española", José María Salaverría
LAS RELACIONES ENTRE EL REPUBLICANISMO FEDERALISTA Y EL INTEGRISMO CATÓLICO EN JAÉN
 
 
 POR MANUEL FERNÁNDEZ ESPINOSA


BERNARDO LÓPEZ, LA POLÍTICA POÉTICA 
El 11 de febrero de 1873, ante la ingobernabilidad de la efervescente España surgida de la Revolución de 1868, Amadeo I de Saboya abdicaba, despidiéndose del trono de España en estos términos:
“Estad seguros de que al desprenderme de la Corona no me desprendo del amor a esta España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme sido posible procurarle todo el bien que mi leal corazón para ella apetecía”.
En la noche de ese mismo 11 de febrero, reunidas las Cortes, se proclamaba la I República Española. Antes de verificarse, Estanislao Figueras contenía a una muchedumbre revolucionaria que se había agolpado a las puertas del Congreso demandando la República: era la masa afiliada al Partido Republicano Democrático Federal, al que se había alistado el pueblo en la esperanza de ser exonerado de las fatales levas militares conocidas como “quintas” que, como una maquinaria trituradora absorbía a los mozos de las clases populares para despacharlos a la muerte, en las guerras de ultramar (Cuba) o peninsulares (contra los carlistas), que nunca faltaban en aquellos tiempos tan revueltos. Figueras, uno de los conspicuos miembros del republicanismo federal, se dirigió a las turbas con el patetismo característico de los tribunos de la plebe:
“Tened confianza en nosotros, porque yo os juro, en nombre de mis compañeros, que los diputados federales saldremos de aquí o con la república federal triunfante, o muertos”.
Los republicanos federales salieron triunfantes y Estanislao Figueras sería nombrado Primer Presidente del Poder Ejecutivo de la I República española el 12 de febrero. Presidente efímero de una República breve, pues Figueras ocuparía la más alta magistratura del Estado del 12 de febrero al 11 de junio de ese mismo año.
Uno de los militantes más pugnaces del republicanismo federal español, camarada de esos que salieron con la flamante I República proclamada en 1873, había muerto poco menos que tres años antes. Se trataba del poeta y federalista jaenero Bernardo López García que, cual un precoz Moisés de 31 años, había podido ver la tierra de promisión de una República Federal, pero una tisis rápida, la enfermedad romántica del siglo XIX, le impidió poner el pie en el suelo sobre el que sus conmilitones implantaron la utopía tanto tiempo acariciada por el grupo político. El 16 de noviembre de 1870 Bernardo López García era enterrado en un nicho del cementerio general madrileño, el de la puerta de Fuencarral. El cura que le había dado el último responso se llamaba D. Enrique Genadio Gorjon, Teniente mayor de Cura de la matritense iglesia de San Marcos. Bernardo López había fallecido el día anterior en la calle del Portillo, número 9. Tenía 31 años, pero era sobradamente conocido por la “Oda al 2 de mayo”:
“Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón.”
La muerte le sorprendió en Madrid, pero Bernardo López era conocido en su ciudad natal, Jaén, así como en las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla, en cuyos clubes políticos, plazas y tribunas escritas y orales, había estado propagando con sus fervorosos discursos el programa ideológico del republicanismo federal. Si hubiera vivido unos años más, hubiera podido ver con sus ojos el triunfo de sus correligionarios en aquel mes de febrero de 1873.
Bernardo López García había nacido en la capital del Santo Reino de Jaén el 11 de diciembre de 1838. Su padre era D. Fernando López Martínez, natural de Vélez-Málaga, y su madre era María de la Presentación García Hernando, oriunda de Burgo de Osma, en tierras de Soria. El padre de Bernardo López García tenía un obrador para teñir pieles que se destinaban a la industria del calzado. Por eso mismo, cuando bautizan a Bernardo en la parroquia del Sagrario, con los nombres de Bernardo Dámaso de la Santísima Trinidad, actúan como testigos Antonio Núñez y Francisco Gómez, ambos zapateros y buenos compadres de Fernando, que les surtía del material de su obrador. Bernardo era el segundo de los seis hijos del matrimonio que vivía en la Calle Maestra Baja, número 16. En 1849 inicia Bernardo el bachillerato en el instituto provincial de Jaén, posteriormente pasa al Colegio de San Bartolomé y Santiago de Granada, donde cursa Leyes. Pretendió continuar la carrera de Derecho en la Universidad Central y se trasladó a Madrid corriendo el año 1858. Es aquí donde se trunca su carrera de Leyes, pues Bernardo deja de asistir a las clases de Derecho, para seguir las lecciones de Literatura y de Historia, pasar el tiempo en la Biblioteca Nacional leyendo los libros que no puede comprar por falta de dinero, frecuentando las tabernas y los toros, las redacciones de los periódicos revolucionarios y formando parte de una selecta y clandestina escuela de pensamiento, la que ha formado el filósofo catalán Francisco Pi y Margall en su vivienda de la calle del Desengaño. Alrededor del intelectual catalán se arracima la juventud más inconformista e inquieta de aquella hora. En el discreto ámbito doméstico Francisco Pi y Margall ha reunido a estudiantes y literatos ante cuyos ojos, con la vastísima cultura que ha acumulado, despliega la filosofía de Hegel, de Proudhon, combinando sus lecciones privadas con temas sociales, económicos, incluso de Historia de las Bellas Artes. Bernardo López es uno de aquellos discípulos del sabio y revolucionario catalán.
 
Francesc Pi i Margall, el filósofo y el ideólogo
 
 
EL CÍRCULO ÍNTIMO DE PI Y MARGALL: LA ESCUELA DE PENSAMIENTO DE "LA CALLE DEL DESENGAÑO"
"Se consagró entonces a dar lecciones de política y de economía. En su modesta habitación de la calle del Desengaño reuníase lo más ardiente, lo más entusiasta, lo más puro de la juventud democrática, que ha constituido después la fibra del partido republicano". (La Ilustración Española y Americana, semblanza de Francisco Pi y Margall, febrero de 1873). 
 
Pi y Margall había nacido en Barcelona en 1824. Era hijo de una modesta familia que trabajaba en el sector textil, pero a pesar de sus pobres recursos la familia no escatimó medios para darle estudios a aquel niño aplicado que a los siete años había empezado su formación en el seminario, pero que, al no mostrar ninguna vocación religiosa, abandonaría los estudios religiosos para incorporarse a la universidad, donde cursó Filosofía y Leyes, pagándose los estudios con el dinero que se granjeaba dando clases particulares. En 1847 Pi y Margall se traslada a Madrid donde compagina sus clases particulares con una labor literaria en varios periódicos nacionales. Pi y Margall se ocupa de Historia del Arte, temática que parece remota a la preocupación política, pero que a partir de 1851 le acarreará no pocos disgustos a cuenta de la obra titulada “La historia de la pintura”, donde Pi y Margall no ahorra sus invectivas contra el cristianismo y la Iglesia católica. En 1848 se ha redoblado la revolución, aunque a este lado de los Pirineos es sofocada por la firmeza de Narváez, el espadón de Loja. Pi y Margall ha estudiado la filosofía europea y está elaborando su propio sistema filosófico en el que no hay espacio para el Dios de los cristianos. Pi y Margall será el verdadero ideólogo del republicanismo federal.
El republicanismo español puede remontarse a 1820 cuando otro catalán, Ramón Xauradó y Fábregas, lanzó por vez primera la propuesta de una República Federal. En 1832 había publicado sus “Bases de una constitución política”. Xauradó, partícipe en un levantamiento que tuvo lugar en Barcelona, fue fusilado en 1837. Pi y Margall será el heredero de ese legado revolucionario. Pero en la mente de Pi y Margall el federalismo adquiere un rigor mucho más filosófico a la vez que revolucionario. Pi y Margall piensa que la verdadera España está oprimida por el poder político y corrupto que impide el libre y pacífico desarrollo de sus capacidades. Para eliminar los males que sufre España el catalán piensa que hay que aplicar un método revolucionario consistente en descomponer en sus expresiones más simples la falsa unidad nacional, impuesta por las castas que ejercen su implacable poder político sobre el “pueblo eterno” (España), para en un segundo momento recomponer sintéticamente esa unidad mediante alianzas (“pactos signalagmáticos, conmutativos y bilaterales”): es la federación. “Dividiré y subdividiré el poder, lo haré cambiable y conseguiré destruirlo” –escribe en “La reacción y la revolución”, del año 1854. Como tributario del pensamiento de Proudhon, el pensamiento de Pi y Margall prefigura el anarquismo.
 
Éste es el universo ideológico en que se desarrollan las inquietudes políticas del poeta de Jaén, Bernardo López, el autor de la patriótica “Oda al 2 de mayo”.
 
En 1854 Bernardo López se encontraba en Madrid y colaboraba con los periódicos “La Discusión”, órgano de prensa del partido republicano, “La América” y “El eco del País”. Pero aunque vive en Madrid, regresará a Jaén a principios de la década de 1860. Así es como pronunciará su “Discurso sobre la poesía” en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Es también en Jaén donde se casará con María del Patrocinio Padilla Ortega, el 18 de enero de 1864, y quien los casará será el Presbítero Canónigo Lectoral de la Catedral, el Doctor Manuel Muñoz y Garnica, amigo de Jaime Balmes y de Bernardo López. Patrocinio fallece tres años después de la boda, dejándole a Bernardo una hija: María de la Aurora López Padilla. En 1867, en vísperas de la Revolución de la Gloriosa que expulsará de España a la nefasta Isabel II, Bernardo publica su libro de poemas: “Poesías”. Deja a su hija al cuidado de la familia política y marcha a Madrid, donde reanuda una febril actividad republicana, la misma que le trae de nuevo a Jaén, Córdoba y Sevilla, pero ya de manera esporádica y en campaña política; pues a principios del año 1870 Bernardo López ha sido designado Candidato por el Comité provincial del partido republicano.
El republicanismo de Bernardo López es un republicanismo sincero, su federalismo también lo es, pero a diferencia de muchos de sus correligionarios, en su poesía resuena una auténtica raíz religiosa, de signo católico que no oculta el poeta y que defiende incluso contra los propios compañeros de partido, más propensos a la irreligión y el anticlericalismo. Lo cierto es que Bernardo López fue un hombre de ideas sociales avanzadas, de una izquierda proto-socialista no-internacionalista, republicana, federalista y patriótica, precursora de lo que más tarde sería el anarquismo (que, precisamente a través de los clubes republicanos federalistas, fue como penetró en España -en Cataluña y Andalucía- de la mano de Fanelli, emisario de Bakunin), el socialismo marxista (“Karlista” se decía en la época) y hasta del nacionalismo catalán de Valentí Almirall: el federalismo era un magma del que cristalizarían grupos políticos muy diversos. Pero Bernardo López, hombre de profundas convicciones federalistas, que incluso había sido del círculo de formación más íntimo de Pi y Margall, que había participado en conspiraciones republicanas y que personalmente también había combatido en las barricadas revolucionarias, exponiendo su vida, nunca renegó de su fe católica y, tal y como el resto de su camaradas de partido, hacía gala de un fervoroso patriotismo hispánico.
Doctor Manuel Muñoz y Garnica
Creemos que para explicar esta singular rareza en el campo republicano federalista que constituye la figura de Bernardo López sería muy conveniente realizar un estudio a fondo sobre la documentación que pueda conservarse todavía y que nos pueda ilustrar mejor la relación que mantenía Bernardo López con el más arriba referido Dr. D. Manuel Muñoz y Garnica, un contra-revolucionario enigmático envuelto en una aureola de incógnitas y una de las personalidades del Jaén del siglo XIX más interesantes. Esta relación está por estudiar y podría en gran medida servirnos para dilucidar lo que hubiera podido ser la reintegración de las posturas que por costumbre se entienden multisecularmente enfrentadas: hay datos para afirmar que en el Jaén de la segunda mitad del siglo XIX, eso que se viene llamando las “Dos Españas” (las que comúnmente han sido entendidas como irreconciliables y vienen llamándose respectivamente “reaccionaria” y “revolucionaria”) pudieron llegar a una fecunda colaboración. Y ello fue posible por los herederos ideológicos de Bernardo López y de Manuel Muñoz Garnica. Y vamos a demostrarlo muy resumidamente.

LAS CAMPAÑAS DE EXALTACIÓN DEL POETA BERNARDO LÓPEZ REALIZADAS EN JAÉN
La calidad poética de la famosa “Oda al 2 de mayo” de Bernardo López no explicaría por sí misma, con todo su estro poético y altos vuelos inspirados, el éxito que este poema patriótico tuvo en toda España. Uno de los factores que más contribuyeron a la difusión de la “Oda al 2 de mayo” de Bernardo López fueron los sectores tradicionalistas de su Jaén natal.
En efecto, a principios del siglo XX será en los ámbitos político-culturales del tradicionalismo integrista de Jaén en donde se realice una eficaz labor de difusión de la “Oda” y de la figura del vate republicano, mediante una serie de iniciativas que serán secundadas por todos los sectores sociales y políticos de la capital del Santo Reino de Jaén.
La idea de homenajear al poeta federalista parte del diario tradicionalista “El Pueblo Católico”, como así consta en una nota que publica “Don Lope de Sosa” en 1913. Pero con anterioridad, fue el periodista satírico Eduardo Claver, yerno de Bernardo López, el que reunirá a eminentes hombres de la cultura y de la política provincial para trasladar los restos mortales del poeta, enterrado en Madrid, a su patria natal. Eduardo Claver, casado con Aurora López Padilla, la única hija del poeta, residía en Jaén, donde era profesor en la Escuela Normal y director del periódico “El Chirri”, periódico humorístico que comenzó su andadura en 1883 y que, según hacía constar: “se publica cuando se puede…”. En 1899 , el yerno de Bernardo López lanza un envite a la capital provinciana desde las páginas del periódico “La Unión”, reclamando que la ciudad haga un esfuerzo para hacer retornar los restos mortales de su suegro. La invitación es recogida por las “fuerzas vivas” y el político aristócrata D. José del Prado y Palacio, esposo de la tosiriana doña María Teresa Fernández de Villalta y Coca, el poeta Almendros Aguilar, el cronista de la provincia D. Alfredo Cazabán Laguna y otros conspicuos líderes culturales y políticos realizan, con Eduardo Claver, las gestiones pertinentes que efectuarán el traslado de los restos mortales del republicano federalista a Jaén, con todos los honores y en loor de multitudes. Exhumado el cadáver, se le velará y será transportado en el tren correo de Andalucía, acompañado por el séquito fúnebre, compuesto de destacadas personalidades y que llegará a la estación de Jaén el día 28 de julio de 1899. Será todo un acontecimiento que concitará la expectación de todo el pueblo jaenés. Tras los funerales solemnes, el féretro del poeta será llevado en una procesión cívico-religiosa al Cementerio de Jaén, para ser depositado en un panteón erigido al efecto por el artista Tomás Cobo.
El regreso de los restos fúnebres de Bernardo López fue una apoteosis, pero con ello no cesó la ciudad de honrar la memoria del republicano federal. Cuando Alfonso XIII visita Jaén en mayo de 1906, inaugurará un monumento levantado al bardo Bernado López en la Plaza de San Francisco: es un busto escultórico obra de Jacinto Higueras y sufragado por suscripción popular que apoyaba la Diputación y el Ayuntamiento de Jaén.
Son todos los sectores de la ciudad los implicados en homenajear anualmente al poeta del 2 de mayo. Y los que más empeño ponen serán los tradicionalistas que, desde “El Pueblo Católico”, insisten en celebrar cada 2 de mayo la memoria del poeta. “El Pueblo Católico”, diario integrista nocedaliano, había sido dirigido por Don Emilio Mariscal Mendoza desde 1893 a 1896. Más tarde, cuando se emprende la campaña de exaltación de Bernardo López, al frente de "El Pueblo Católico" está el poeta y periodista tosiriano D. Francisco de Paula Ureña Navas. Llama la atención que precisamente sea el grupo integrista el que más ponga de su parte para avalar y afirmar tenazmente el recuerdo del poeta federalista, pero a la vez constituye una muestra magnífica de solidaridad patriótica que arrincona todo sectarismo en pro del Bien Común, siempre superior.
D. Francisco de Paula Ureña Navas, director de "El Pueblo Católico".

La elite cultural de Jaén afirmará y reafirmará constantemente el orgullo que siente por el compatriota Bernardo López. Así lo ponen de manifiesto las campañas cívico-culturales que se suceden a lo largo de toda la primera mitad del siglo XX en Jaén. “Don Lope de Sosa” lanza en julio de1919 la campaña para colocar una lápida conmemorativa en la casa donde nació el poeta, coronándose todos los esfuerzos por suscripción popular también. El ubetense Fermín Vegara Peña que residía en Madrid emprenderá a su vez la campaña que, tras algunas gestiones, dará como resultado que la casa madrileña donde falleciera el poeta ostentase otra lápida conmemorativa que recordara a Bernardo López: los oficios de los jaeneros en Madrid (sin olvidar la influencia política del Marqués del Rincón de San Ildefonso, D. José del Prado y Palacio) no sólo lograron poner la placa en la casa madrileña, sino que la calle del Portillo terminó perdiendo ese nombre para adquirir, en el callejero madrileño, el nombre de “Bernardo López”. Vemos, pues, que los jaeneros persistieron en celebrar la memoria del poeta del 2 de mayo y que, prescindiendo de diferencias políticas, todos cerraron a una para exaltar al poeta jiennense cuyas ideas republicanas y federalistas no fueron nunca obstáculo para concitar la admiración de sus compatriotas más tradicionalistas.
Actualmente, la estatua de Bernardo López sigue erguida en Jaén, aunque su obra y su figura son prácticamente desconocidas. Sin embargo, una asociación cultural de jóvenes patriotas ha tributado y tributa honores públicos a Bernardo López en la mejor tradición de la que hemos dado cuenta brevemente aquí. Esta asociación es IBERIA CRUOR y su sede sociocultural ostenta el nombre y apellido de “Bernardo López”, orgullosos herederos de una tradición patriótica que venera la egregia figura de uno de los más grandes poetas que ha dado Jaén.
 
Falta mucho que decir todavía de Bernardo López.