lunes, 21 de octubre de 2013

ANTONIO MACHADO EN BAEZA



La familia Machado, con Antonio y Manuel
EL OTRO ANTONIO MACHADO: HACIA SU REDESCUBRIMIENTO

Dedicado a la memoria de Antonio Machado Ruiz


Por Manuel Fernández Espinosa

 
Cuando conocí a Don Juan Montijano, a mediados de los años 80 del siglo XX, el ilustre canónigo y cronista oficial de Torredonjimeno era bastante anciano, sin embargo, pese a las mermas que la vejez produce en las naturalezas incluso más fuertes, recuerdo a un Don Juan Montijano afable que, a medida que se desplegaba la conversación, iba como recobrando vitalidad y memoria. Casi todos los sábados, durante meses y meses, me encaminaba a la calle Rabadán, con la ilusión de mantener aquellos gratos encuentros en su domicilio. A veces, algunos amigos de D. Juan se llegaban y aquello se convertía en una amena tertulia sabatina de mediodía.

Cuando joven D. Juan Montijano sintió la vocación sacerdotal, le vino de la mano del Siervo de Dios Padre Tarín que tanto predicó en Torredonjimeno y otras poblaciones de la comarca (Porcuna, Escañuela…). El padre de D. Juan, comerciante textil y secretario de la Comunión Tradicionalista de Torredonjimeno, fue reticente a consentir que su hijo se hiciera sacerdote, pensando que tal vez no fuese nada más que un capricho de mocedad; pero la perseverancia del hijo convenció al progenitor para que le diera la autorización y bendición paternas. Y así fue como D. Juan ingresó en el Seminario de Baeza, según sus memorias todo hace suponer que en el año 1913 que fue el año en que falleció D. Marcelino Menéndez y Pelayo, como así hace constar D. Juan en sus “Recuerdos de mi vida” (tuvimos el honor de publicar en primicia el manuscrito autobiográfico de D. Juan Montijano, "Recuerdos de mi vida (1899-1925)" en la Revista ÓRDAGO, nº 4, año 2000.)

El día 1º de noviembre de 1912, un profesor sevillano, viudo y melancólico, procedente de Soria, tomaba posesión de la cátedra de Lengua Francesa en el Instituto General y Técnico de Baeza. Aquel profesor se llamaba D. Antonio Machado Ruiz y ha pasado a la historia como uno de los poetas más grandes de la literatura española.

La formación académica de D. Juan Montijano Chica en Baeza coincidió, pues, con la presencia del gran poeta D. Antonio Machado Ruiz (1875-1939).

Cierto sábado en que me hallaba en casa de D. Juan Montijano , no recuerdo bien cómo vino a cuento, pero salió a relucir Antonio Machado en Baeza; es muy probable que por aquel entonces yo tuviera recién descubierta la poesía de Machado, en la que me sumergí gracias a mi profesor de Lengua y Literatura, D. José Juan López Altuna (q.e.p.d.), apasionado de Machado que contagiaba su entusiasmo por “Campos de Castilla”.

Al conjuro de su nombre, Don Juan Montijano sonrió condescendiente, como el anciano que acaricia sus recuerdos, y dijo algo así (compréndame el lector que han pasado muchos años como para recordar las palabras literales):

-Antonio Machado… Todavía lo recuerdo. Fue profesor de francés en Baeza, mientras estudiaba yo para cura. Machado era bastante conocido en Baeza; y no por poeta, sino por alguien estrafalario, un buen hombre, pero despistadísimo y muy descuidado en su vestir. Contaban que, en cierta ocasión, le tocó la lotería, pero no sabía en dónde había puesto el boleto… Y se quedó sin la fortuna. Y sus alumnos (que le tenían tomada la medida) bien que se aprovechaban de su descuido. ¡Hasta tortillas hacían en clase! Era un aula muy fría y se llevaban el infernillo y la sartén y, cuando menos acordaba el profesor, se estaban haciendo las tortillas los alumnos. Machado se desentendía y seguía dando su lección de francés.

Con el tiempo, mucho después de que D. Juan Montijano me contara esta anécdota, me encontré un pasaje de ese delicioso libro en prosa que nos dejó el poeta, me refiero a “Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo” (del año 1936, en vísperas de la tragedia bélica que terminaría llevándolo al exilio y a su muerte). Para entender bien lo que “apócrifo” significa para Machado, el mismo Juan de Mairena, su “alter ego”, nos lo dice:

“…os aconsejo una incursión en vuestro pasado vivo, que por sí mismo se modifica, y que vosotros debéis, con plena conciencia, corregir, aumentar, depurar, someter a nueva estructura, hasta convertirlo en una verdadera creación vuestra”.

O lo que es lo mismo: suplantar el yo histórico del profesor Antonio Machado Ruiz por el ente ficticio: el “apócrifo” Juan de Mairena.

Así es como, Juan de Mairena no ve a una pandilla de alumnos díscolos que, desafiando a su profesor, se hacen las tortillas en clase, sino que transforma la verdad histórica de la anécdota en una situación distinta. Y hete aquí que las tortillas de clase se tornan en un ejercicio didáctico que Juan de Mairena pone en clase a sus alumnos, donde se hace un elenco de todos los arreos que se necesitan para hacer “un huevo pasado por agua”: “infiernillo de alcohol con su llama azulada, la vasija de metal, el agua hirviente, el relojito de arena” (véase en “Juan de Mairena”, VIII)

Desde 1912 (cuando solicita el traslado a Baeza tras la defunción de Leonor Izquierdo Cuevas, su querida esposa) hasta el año 1919 Antonio Machado residió en Baeza. Después de vivir durante un tiempo en la fonda, toma un piso en la calle de Cárcel, con los balcones dando a la fachada de un palacio, diseñado por Andrés de Vandaelvira en 1559. Parece que bien temprano, la madre de Machado (Doña Ana Ruiz Hernández) se establecerá en Baeza y madre e hijo se darán mutua compañía hasta el fin de sus días en Colliure (Francia).

Cuentan que el primer día en que Machado se apeó del tren correo de Madrid, en la Estación-Baeza, el poeta con sus maletas creyó, a tenor de leer el rótulo ferroviario, que ponía pie en la misma ciudad de Baeza; pero la realidad era que Baeza estaba a 19 kilómetros de la Estación. Un alma caritativa, viéndole tan perdido, le invitó a subir al tranvía que lo llevaría a la ciudad de su destino.

No dejaron de sucederle anécdotas al forastero recién llegado. Ese mismo día, a primera hora de la tarde, Machado, tras instalarse en su habitación de la fonda, se asea y va a presentarse al Instituto para tomar posesión de su plaza docente y ponerse a disposición del centro. Llegado que fue al Instituto, se dirigió al bedel, presentándose y preguntando si podía ver al director. El conserje va y le responde:

-¿El señor director, dice usted? Pues el señor director está en la agonía…

Machado se queda boquiabierto: “En qué mala hora he llegado, que el director se está muriendo…” –piensa nuestro poeta y dice al portero:

-Hombre, pues lo siento mucho. Quisiera hacer algo por él o por lo menos ver a su familia. Pues sí que he llegado en mala hora.

El bedel las caza al vuelo y, comprendiendo el malentendido al que ha dado lugar su respuesta, sin contar con que aquel profesor es un forastero que no conoce los usos del lugar, se apresura a aclararle que no, que no se trata de lo que piensa; que el director no está en el lecho de muerte, agonizando, sino que hay un casino en la calle Barreras de Baeza, que es donde el director acostumbra a tener sus tertulias y que el pueblo llama “La Agonía”. ¿Y por qué le llaman así? Pues por estar muy concurrido de labradores que todo el día se lo pasan mirando al cielo y allí entonan sus lamentos, pues los labradores son como aquel “hombre del casino provinciano” que nos pinta Machado en su poema “Del pasado efímero”:

“Un poco labrador, del cielo aguarda

Y al cielo teme; alguna vez suspira,

Pensando en su olivar, y al cielo mira

Con ojo inquieto, si la lluvia tarda”.

Así vive el director y sus contertulianos del casino de Barreras, en una “agonía” por la cosecha y es por eso que los baezanos, con socarronería, le llaman a aquel lugar de encuentro “La Agonía”; pues los que allí se allegan viven en una “agonía” y todos son unos “agonías”.

Son muchos años los que Machado pasó en Baeza. Hizo buenas migas con algunos baezanos que siempre le guardaron lealtad: Don Rogelio Garrido Malo y Don Cristóbal Torres serán dos de esos amigos baezanos con los que intimará Machado. Cristóbal Torres era coronel de Caballería y abogado que no gusta de ejercer, confiando su manutención a sus rentas. A Baeza vendrá Manuel Machado Ruiz, el hermano también poeta, que es un torrente de optimismo y risas en contraste con Antonio, que siempre ha sido más tímido y altivo en su reservada introversión. Y en Baeza, el gran poeta sevillano conocerá al gran poeta granadino, Federico García Lorca. García Lorca era un estudiante de Filosofía y Letras, cuando su maestro Martín Domínguez Berrueta, profesor de Teoría de la Literatura y de las Artes y pionero en eso de los viajes de estudio, decida llevar a sus alumnos de excursión a Baeza, donde sabe que reside su amigo Antonio Machado y tanto arte hay por descubrir. En Baeza, Machado y García Lorca se encontrarán por vez primera, cuentan que García Lorca improvisó al piano haciendo una de sus magistrales interpretaciones pianísticas, pues no en balde había sido discípulo de Manuel de Falla.

Baeza será para Antonio Machado un recurrente motivo de inspiración poética: ahí están sus poemas para atestiguarlo. Cuando Machado abandone Baeza llevará en su ligero equipaje unos recuerdos inolvidables de todo lo vivido en aquella ciudad provinciana.

Durante un tiempo, Antonio Machado fue una figura poética que no sólo se reivindicó por su indudable calidad literaria, sino con propósitos ideológicos: Machado había tomado partido por la II República Española y había muerto en el exilio francés, tras la victoria de Francisco Franco. Sin embargo, muy pronto se desvaneció aquel bastardo entusiasmo por la figura del gran poeta. ¿Qué había pasado? ¿Qué ha pasado con Antonio Machado?

Como todos los grandes españoles, Antonio Machado es muy poco instrumentalizable por las ideologías más combativas que reclaman la “memoria histórica” de una sola España. Tal vez, por esa misma razón su “Juan de Mairena” haya sido una obra a la que muy pocos han querido aludir, pasándola por alto. Machado está lejos del sectarismo y su opinión sobre el marxismo es francamente negativa. Valga una cita de “Juan de Mairena” (hay muchas más) para ello:

“Carlos Marx, señores –ya lo decía mi maestro-, fue un judío alemán que interpretó a Hegel de una manera judaica, con su dialéctica materialista y su visión usuraria del futuro”

(“Juan de Mairena”, Antonio Machado).

Redescubrámoslo.


Fotografía de una de las expediciones didácticas de D. Martín Domínguez Berrueta con sus alumnos. Entre el grupo de universitarios, puede reconocerse a Federico García Lorca (el segundo por la derecha, sentado en el suelo con las piernas cruzadas).

jueves, 10 de octubre de 2013

EL SECUESTRO DEL TENIENTE DE ALCALDE DE ÉCIJA Y DEL ALCALDE DE TORREDELCAMPO A MANOS DE LOS BANDOLEROS EN 1846

 
Luis Gómez
En varias ocasiones hemos tenido la ocasión de hablar en este blog de “bandoleros” o de malhechores en las inmediaciones de Torredonjimeno. Rescatamos en esta ocasión un suceso interesante sobre secuestradores o “caballistas”, como eran mencionados en la prensa romántica de antaño. (Ver entradas más antiguas en este mismo blog)
Corría el año 1846, y España no era precisamente una balsa de aceite. El año anterior se había promulgado la Constitución de 1845, pero no fue un “parto fácil”, y los moderados de Ramón María Narváez “El Espadón de Loja”, estaban por entonces muy divididos. El fracaso de casar a la joven Isabel II con el pretendiente de la casusa carlista D. Carlos Luis de Borbón no había salido como se esperaba. Ésta propuesta de matrimonio fracasó, y la futura –y nefasta- Isabel II terminó por casarse con su primo Francisco de Asís de Borbón. Esto provocó que en la zona de Cataluña se levantase de nuevo el carlismo y España volviese a estar inmersa en un conflicto civil.
En Andalucía las cosas no tenían mejor pinta, y la inseguridad en los caminos era cosa frecuente. Estamos ya en lo que será el final de la era romántica del bandolerismo, ese que tanto gustó a escritores extranjeros; escritores que en su mayoría tenían por otro oficio el de espías al servicio de sus propios países. Viajaban por el mundo emitiendo informes sobre recursos económicos, vías de comunicación estado interno de los países que visitaban, etc., algunos de los que visitaron España en esos años fueron: Mérimée, Cook, Ford, el Marqués de Custine, etc, y fueron ellos los que dejaron constancia de los bandoleros o asaltantes de caminos más famosos, tales como José María “el Tempranillo” o Juan Caballero, quien terminaría siendo indultado por el rey.
Pero ahora la cosa había cambiado, y las partidas de bandoleros eran más agresivas y buscaban el dinero por encima de todas las cosas.
De la vecina Córdoba y de los pueblos del norte de Sevilla salieron grandes cabecillas y famosas partidas de bandoleros. De la localidad de Jauja era natural José Mª “el Tempranillo”, y la sevillana Écija “la de las mil misas” dio nombre a una famosa partida la de “Los siete niños de Écija” y la cordobesa Espejo es el solar de nacimiento del principal bandolero protagonista de esta noticia “Francisco Lucena”.
 
"Bandoleros"
 
El periódico “El Eco del Comercio” 18/6/1846 dice así en una noticia:
CÓRDOBA 11 junio.- Se asegura que los bandoleros que cautivaron al alcalde de Espejo señor Comas en su cortijo de este término, han sido encontrados en la provincia de Jaén, junto á la villa de Torre Campo; y que después de una obstinada resistencia fue rescatada la víctima, muriendo cuatro de los bandidos, entre ellos el célebre Lucena que se había escapado audacísimamente de esta cárcel antes de ponerlo en capilla por sentencia de sus crímenes anteriores. Gran servicio han hecho con ello á esta provincia las fuerzas de la de Jaén. Refieren que al señor Comas le decían que no querían mas de él sino que les acompañase á cumplir una promesa

Intrigado por el asunto, ojeo más diarios de la época, pues no es normal que un bandolero secuestre a un alcalde. Me interesaba saber el nombre del forajido, y algunos aspectos más sobre las circunstancias del suceso. Esa labor no siempre es fructuosa, y en algunas ocasiones, los rotativos decimonónicos no dan más información que los pequeños telegramas que se enviaban a las redacciones, con infinidad de erratas en los nombres y con muchas lagunas en los datos. Pero en este caso, en otro diario liberal titulado  El Clamor Público” 13/6/1846 podemos leer:
MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN DE LA PENÍNSULA;
El jefe político de Jaén, con fecha 9 del actual desde aquella ciudad, participa que habiendo sabido que de la parte de Sierra Morena habían bajado cuatro hombres á caballo y bien armados, al parecer sospechosos, y que les acompañaba un hombre de regular porte, los que se ocultaron en el cortijo de Fontiñigo, término de Torre del Campo, adoptó inmediatamente, de acuerdo con el comandante general, las convenientes disposiciones para sorprenderlos. Destinados á  este objeto cinco infantes de la guardia civil, seis de caballería de id., y cuatro del regimiento de Numancia, salieron inmediatamente, y apenas se presentaron á cercar aquel cortijo, principiaron á hacer fuego de dentro los individuos sospechosos, y tan sostenido, que creyendo el que mandaba esta fuerza que la obstinación de los malhechores, si resistían todo el día, podría proporcionarles la fuga favorecidos por la oscuridad de la noche, reclamó mas fuerza para precaver lograsen su objeto. El jefe político y el comandante general acudieron personalmente con mas fuerza de infantería y caballería. A su llegada encontraron que cuatro malhechores habían salido del cortijo por la piquera del pajar opuesta á la puerta principal, que ensancharon para caber con los caballos, y que en la resistencia que hicieron habían caído dos muertos al fuego de la infantería de la guardia civil y los otros dos acuchillados por la caballería, habiendo causado la desgracia de la herida que recibió en la frente el sargento de caballería de la guardia civil, Diego López.
Reconocido el cortijo se encontró á don Miguel de Comas, teniente de alcalde de Espejo en la provincia de Córdoba, á quien tenía de rehenes ínterin entregaba 40,000 rs. Que exigían por su rescate; y al regidor del ayuntamiento de Torre del Campo, don Bartolomé del Moral. Según manifestación del teniente de alcalde de Espejo, los cuatro malhechores que quedaron muertos en su fuga del cortijo de Fontiñigo se llamaban Francisco Lucena, natural de Espejo, que los capitaneaba, Felipe Choclán, vecino de Córdoba, Cristóbal Moral y Manuel Sánchez, de Jerez de la Frontera, desertores de presidio, á que estaban destinados por muertes y robos. El jefe político recomienda el comportamiento de la guardia civil, individuos de tropa, carabineros y agentes de seguridad que le acompañaron y contribuyeron á este importante servicio, de suma consideración para la tranquilidad y seguridad individual de aquella provincia y la de Córdoba.

"Vista de la ciudad de Espejo (Córdoba) de donde era natural el teniente de Alcalde secuestrado Miguel Comas"
 
A la luz del nuevo aporte periodístico, podemos entrever que el asunto no fue baladí y que junto con el teniente de alcalde de Écija, el Sr. Comas, estuvo retenido también el regidor torrecampeño D. Bartolomé Moral, según este segundo periódico.
No he podido localizar el cortijo Fontiñigo en la vecina localidad, y ello puede deberse a diversos factores. Como he dicho más arriba, las crónicas se recopilaban escuchaando los relatos de personas sin conocimiento ni cultura alguna y se transcribían los datos al papel tal cual, y ello propiciaba que en muchas ocasiones los nombres fuesen tergiversados o mal escritos, dificultando así la labor investigadora.
Por su parte, el alcalde de Torredelcampo que parece en el texto, por la fecha del diario 1846 debe tratarse de D. Bartolomé (Jiménez) Moral. Según el historiador Juan Moral Gadeo[i], dicho alcalde fue un gran mecenas local y un personaje de relevancia durante los años 40 del siglo XIX, siendo el artífice de la remodelación del Ayuntamiento y construcción de la cárcel de la localidad, poniendo para ello dinero a sus expensas. Ello podría dar pie para pensar el porqué los asaltantes, capitaneados por Francisco Lucena, tuviesen la intención de retenerlo, pues sabrían de la solvencia económica de D. Bartolomé y de su capacidad para pagar el rescate.
Más no obstante, en los archivos de la Guardia Civil, en relación sobre este suceso, no hacen mención a que estuviese involucrado en el secuestro D. Bartolomé Moral, pues Antonio Serrano Meinda, en su libro “Apuntes para la Historia de la guardia Civil de Jaén (1844-2011)”, indica lo que sigue sobre este suceso: “En el año 1846, el Comandante D. Mateo Escobar, rescató a don Miguel Comas, a quien había cautivado la partida del Chato, con riesgo de su vida, y prestó con la fuerza de su mando otros muchos servicios relevantes. El Comandante Mateo Escobar, el Cabo primero Manuel Roldán, y el Guardia de la tercera Compañía Francisco Fernández, recibieron especialmente gracias y recompensas”.[ii] Nada se dice del sargento Diego López herido en ese lance, tal y como informa la noticia de prensa. Por su parte, el libro de Serrano Medina achaca el secuestro a la cuadrilla de “El Chato” de Benamejí y no a la autoría de Francisco Lucena, más habrá que decir, que tanto “El Chato” Pedrosa de Benamejí, como “El Chato” Bernal, fueron grandes bandoleros, más no terminaron muertos en Torredelcampo en 1846, por lo que hay que suponer que el fallecido era Francisco Luque, natural de Espejo, escapado del presidio de Jerez de la Frontera y muerto en el término de Torredelcampo con otros miembros de su banda. ¿Puede ser que Francisco Luque formase parte de la banda del “Chato”? Puede ser, eso no lo indican los documentos que se han consultado.  

"Vista antigua de Torredelcampo"
 
Por su parte, el segundo teniente de alcalde de Espejo D. Miguel de Comas, según noticia dada por otro diario, se encontraba en el cortijo denominado Fontalba (puede ser que de ahí venga la confusión de decir que los forajidos se refugiaron en un cortijo de la localidad de Torredelcampo denominado Fontíñigo) arando las tierras, cuando fue sorprendido por los bandoleros, que habiéndose escapado de la justicia días antes, corrían el campo cometiendo mil y un estragos. El mencionado diario, haciendo caso de los rumores de la época, aseguraba que lugareños de Espejo, habían visto como incluso personalidades importantes, como el General Serrano (que participó en la 1ª Guerra Carlista) había sido sorprendido y secuestrado por los “caballistas trabucaires”. El general, al parecer, se dedicaba también a la agricultura, poseyendo una rica hacienda en la vecina localidad de Villa del Río, cuyos límites se extendían hasta la pedanía de Santa Cecilia. Al parecer, el año anterior había comprado en la feria de ganado de Córdoba una gran cantidad de animales, disponiéndose este año a seguir con la misma labor, siendo apresado en la camino. Más todo se quedan en conjeturas y el propio corresponsal del diario no lo da por cierto del todo. No obstante no queda claro quién podía ser dicho general agricultor, aunque por el apellido del mismo, la hacienda podía pertenecer a D. Francisco Serrano Domínguez, “el General bonito”, apodado así por sus relaciones amorosas con la Reina Isabel II, aunque no hay ningún motivo para pensar que pueda tratarse de cualquier otro personaje, y lo que haya pretendido el diario es indicar el mal estado e inseguridad de los caminos, que hasta personajes de tanta relevancia, son asaltados sin miramiento por los bandidos.
 
 

[i] MORAL GADEO, Juan. “La construcción de la casa capitular y cárcel en Torredelcampo (Jaén) a mediados del siglo XIX: ¿Un caso de información privilegiada?” Iberian. Revista Digital de Historia, Nº5, Septiembre de 2012.
[ii] SERRANO MEDINA, Antonio. “Apuntes para la historia de la Guardia Civil en Jaén (1844-2011)” Literalia, 2011, p.,36
 
 

martes, 8 de octubre de 2013

CRÍMENES EN TORREDONJIMENO Y EN TORREDELCAMPO



 
Luis Gómez

Antes de que la política se introdujese en el idioma, las noticias de sucesos de este tipo eran descritas en los titulares como “crimen pasional”, o “violencia doméstica” y nunca como “violencia de género”. Lo que ha venido a suceder después con el lenguaje, así como las manipulaciones interesadas que unos y otros han hecho del tema, o las polémicas y las intromisiones políticas que de ello se derivan, no son objeto de este artículo.
El caso es que cada cierto tiempo, podemos ver en los periódicos o en las noticas, sucesos de esta índole, donde el dramatismo, el horror y la barbarie, dejan helados y sin palabras a las vecindades de nuestros pueblos.
No son hechos únicos, aunque sí, afortunadamente, aislados y no muy frecuentes en el tiempo.
Viene a suceder lo mismo que con otro tema igual de truculento: el suicidio. Está demostrado que, cuando un hecho de esta naturaleza se produce y aparece en los medios de comunicación, al poco tiempo, se producen réplicas en otras víctimas potenciales, que usando como guía al primero, les sirve de estímulo para realizar ellos mismos el acto suicida que hasta entonces no habían cometido y que permanecía latente en su interior sin llegar a materializarlo. Es como si el ver que otros han sido capaces de suicidarse, les diese fuerza para imitarlos. Es por ello que ha día de hoy, existe una política editorial muy cuidada y restrictiva con este tipo de noticias, no dando excesiva publicidad a esos hechos para evitar su “contagio”.
En el caso de la violencia doméstica ocurre algo parecido. Una vez se destapa por la prensa un suceso de esta naturaleza, se producen réplicas en los pueblos aledaños.
Traemos en esta ocasión dos noticias criminales de finales del siglo XIX y con muy poca diferencia entre ambas. Una se produce en la localidad e Torredonjimeno, donde el marido asesina a su esposa, al parecer por celos, y la otra, se produce a caballo entre Los Villares, Torredelcampo y Torredonjimeno. Un joven de la localidad de Los Villares “El Peluso”, escapa con su novia y sin saber muy bien los motivos, pues la noticia no lo aclara, le asesta diez puñaladas ocasionándole la muerte.
Dicen así ambas noticias:
La Correspondencia de España
CRIMEN HORRIBLE
En Torredonjimeno, provincia de Jaén ocurrió el día 26 del corriente un crimen tan horrendo, que no es fácil se conozca semejante. Vivía en dicho pueblo un matrimonio mal avenido, cuyas reyertas habían dado que hacer á la justicia. Avisado el expresado día el señor juez de primera instancia de Martos, de que en la casa del aludido matrimonio se había encontrado el cadáver sangriento de la mujer, se presentó en el lugar del crimen, encontrando á Antonia Chica Cuesta exánime, tendida boca arriba, sobre un charco de sangre, con las ropas en desorden, descubierta de cintura abajo y con dos profundas heridas en las ingles. Una niña de dos años que apenas podía andar, y un niño de uno, hijos ambos de la muerta, fueron testigos de la triste escena. £1 digno juez de Martos, D. Rafael del Haba, que inmediatamente se consagró al descubrimiento del autor del crimen, y que parece lo ha conseguido á las cuarenta y ocho horas de trabajo incesante, ha prestado un singularísimo servicio. Según se dice en Torredonjimeno, la historia del crimen es la siguiente: El marido de Antonia Chica Cuesta, Francisco Espejo Martos, parece que sufría los amores de su mujer con un carnicero del pueblo, hasta el punto de permitir que el amante de aquella entrase en su casa estando el Francisco Espejo presente. Esta situación, que dio lugar á grandes escándalos, concluyó con el crimen. Parece que el marido entró ya anochecido en se casa el día 24, después de corta ausencia, hallándose á su mujer, por la que fué rechazado; lo que ocurrió después pertenece al secreto del sumario, pero parece que el cadáver de la Antonia tiene varios hachazos en la cabeza y garganta, además de los de las ingles, y que el rabioso marido, después de ensañarse en su mujer, llevó á cavo las más torpes profanaciones en el ensangrentado cadáver”.
"A la derecha, foto de Juan Bautista Fernández, el asesino. Y a la izquierda, sobre la mesa de autopsias, la joven Ana Rosa Cañada, junto a los doctores Cervantes y García"
 
En el caso de la reseña sobre el crimen de Torredelcampo dice así la nota de prensa:
 
En Torredelcampo se ha cometido un asesinato que ha impresionado á la opinión. La joven Ana Rosa Cañada, huyó de su casa en unión de su novio, que vivía en Los Villares y es conocido por los apodos de “Bautista el de las Pelmas ó el Peluso”. Pasaron la noche de aquel día en una choza de un melonar situado entre Torredelcampo, Torredonjimeno y El Villar, y las primeras noticias del hecho se tuvieron por un guarda jurado que encontró á la joven herida en la carretera y fue á dar parte del hecho al juzgado de Torredelcampo. Otra versión dice que la joven se hallaba cubierta con paja en el campo y que por los quejidos que exhalaba fué descubierta por los transeúntes de la carretera. Es lo cierto que la i n f e l i z presentaba diez puñaladas de resultas de las cuales falleció y que se ignoran los móviles del crimen”.
Este tipo de desgracias no serán ajenas al siglo XIX. Otras muchas han aparecido en la prensa en el siglo XX y en lo poco que llevamos del XXI. Esperemos, por el bien de todos, que pasen muchos años antes de ver en los medios sucesos tan terribles como los que aquí reproducimos.



viernes, 4 de octubre de 2013

SAN FRANCISCO DE ASÍS Y LOS COMPAGNONS EN TORREDONJIMENO


SAN FRANCISCO DE ASÍS 
Y UN COMPAGNON FRANCÉS 
EN TORREDONJIMENO

Por Manuel Fernández Espinosa

Hoy celebramos la memoria de San Francisco de Asís. Queremos, primero: felicitar a todos nuestros lectores llamados Francisco de Asís en su onomástica; y, por supuesto, no queremos dejar pasar fecha tan significativa sin celebrarla, por ser San Francisco de Asís un santo tan entrañable para toda la Cristiandad (y hasta para los no-creyentes cultos y sensibles). Y la conmemoramos a nuestro estilo aquí: trayendo a este blog un antiguo milagro atribuido (por la tradición escrita) al santo italiano y realizado en nuestro pueblo. Ello dará lugar a que comentemos algunos particulares que podrán ser del interés de los amantes del "misterio".


"Han sucedido en el territorio de este convento algunas cosas bien dignas de notar, como es en la Villa de Torregimeno, una legua distante de Martos, con habitación de mil vecinos. Sucedió -que estando, miércoles veinte y tres de octubre del año de mil quinientos y ochenta y cinco, Juan Serrano, empedrador francés, dentro de un pozo profundo, limpiándolo porque no tenía agua, ya que se quiso salir con una luz en la mano, el dicho pozo se hundió sobre él, el cual estuvo hasta las diez del día jueves enterrado, aunque vivo. Fueron a sacarlo muchos hombres; oyéndolo hablar y dar voces, tuviéronlo por milagro y, trabajando hallaron sobre él gran cantidad de piedra y tierra. Allá a las cinco de la tarde lo descubrieron, y lo hallaron en medio del pozo en el suelo, sin haber concavidad alguna alrededor, con la luz ardiendo, los pies fijos, y con el sombrero en la cabeza, sin haberse lastimado.
 
Y preguntándolo, respondió, habérsele aparecido Nuestro Seráfico Padre San Francisco hablándole aquel tiempo, y que en él le había consolado."
 
 
Cuando publicamos este pasaje en la REVISTA ÓRDAGO (Septiembre de 1999) admitíamos que en ese momento no sabíamos ubicar el pozo del que se habla en este texto de la "Chronica de la Santa Provincia de Granada, de la Regular Observancia de N. Serafico Padre San Francisco", cuyo autor fue el P. Fray Alonso de Torres O.F.M. (libro publicado el año 1683). Sin embargo, con el tiempo hemos podido constatar que existe en el término municipal un topónimo que muy probablemente haya recogido esta tradición: nos referimos a "Pocito Santo". Cualquier tosiriano familiarizado con nuestro campo sabe el pozo al que nos referimos. Pensamos que en el nombre de "Pocito Santo" se ha conservado a través de los siglos el vestigio de este suceso milagroso que nos relata el franciscano del siglo XVII y que, gracias al hallazgo de este pasaje, hemos recuperado (por tradición escrita) el suceso que originó el topónimo de Pocito Santo.
 
 
El afortunado empedrador del pozo que salvó la vida por milagro de San Francisco de Asís y que, según su testimonio, pudo hablar con el gran santo italiano, se llamaba Juan Serrano. Habíamos identificado a este tosiriano adoptivo en el listado de los varones que ofrecieron el Voto a Perpetuidad a los Santos Patronos Cosme y Damián en 1580. En esta lista aparece su nombre y su oficio, por lo que el personaje está más que identificado. El milagro que protagoniza en 1585 se produce cinco años después del gravísimo catarro pestilencial que, tras el vecindario encomendarse a los Protomártires, se desvaneció y dio motivo a que se formalizara una de nuestras tradiciones más arraigadas, la de nuestros Santos Patronos que hace poco celebramos como todos los años. 
 
 
Podemos decir que la nacionalidad francesa de Juan Serrano (a buen seguro españolizó su apellido) y su oficio de empedrador indican que (más que probablemente, vamos a demostrarlo) Juan Serrano fuese miembro de los llamados Compagnons Étrangers du Devoir de Liberté (los Cofrades Extranjeros del Deber de Libertad). Los Compagnons (Cofrades) formaban una asociación clandestina de gentes de oficios relacionados con la construcción. Como su nombre indica, dicha asociación se había formado para fomentar el compañerismo profesional, transmitiendo los secretos de los oficios entre los que eran admitidos en ella, así como para defender los intereses de sus familias, amparando a las viudas y huérfanos de los miembros pertenecientes a la Cofradía. Aunque eran franceses, estos obreros de la construcción no permanecían fijos en Francia, sino que iban por toda Europa empleándose en la construcción de edificios, sobre todo de carácter religioso; a ellos se deben muchas catedrales góticas en toda Europa y hay algunos investigadores que los relacionan con la llamada "masonería operativa" (aunque sobre masonería existen muchos libros para informarse y también para todo lo contrario). Por su movilidad los compagnones eran denominados "Étrangers" (Extranjeros), también se les llamaba "transeúntes". Tenían un lenguaje secreto, que solo compartían con los iniciados: el llamado "argot". Sus miembros se llamaban entre sí "deberadores" y estaban divididos en tres ramas, simbolizadas por el zorro, el lobo y el perro, siendo la más antigua de las tres la que empleaba como emblema el Sello de Salomón, esto es: la estrella de seis puntas. Cuando trabajaban en alguna obra, solían dejar grabado este emblema como sello y firma profesional. Y así lo podemos constatar en la iglesia de Saint Martin de Limoux o en la Catedral de Alet.
 
 
Teniendo esto en cuenta invitamos ahora al lector a que recuerde (con la fotogafía vamos a tratar de ayudarle) la estrella de seis puntas (ya sabemos que se llama Sello de Salomón) que podemos ver en el empedrado de la lonja de la Ermita de los Santos Patronos Cosme y Damián de Torredonjimeno. Algunos ignorantes afirman que este Sello de Salomón está puesto ahí por judíos. Pero, bueno, nunca falta un tonto para un tiesto.


El sello (enigmático hasta hoy, cuando explico en primicia su origen) está formado por ladrillos y piedras y puesto al pie de la entrada a la ermita. Recordamos ahora que en 1580 el empedrador francés Juan Serrano ya residía en Torredonjimeno y que fue uno de los que se reunieron "a campana tañida" para hacer la promesa de guardar generación tras generación el día de San Cosme y San Damián como festividad de la villa. Recordamos que en 1585 vivió el milagro de su prodigiosa salvación dentro del pozo, que nos cuenta fray Alonso de Torres en su "Chronica". Juan Serrano era francés y empedrador; tiene, por lo tanto, el perfil de uno de esos antiguos Compagnons que recorrían Europa levantando catedrales, iglesias y ermitas. ¿Fue este "compagnon" el que dejó la firma de su Cofradía en la ermita de San Cosme y San Damián? Eso no lo sabemos, puesto que podrían existir más "franceses" y "compagnones" en el vecindario tosiriano de la época, pero lo que sí tenemos claro es que el Sello de Salomón está hecho por ellos.


Este sello (aunque normalmente relacionado con la comunidad judía) está presente en el pavimento de nuestra ermita local por obra y arte de los Compagnones afincados en Torredonjimeno, uno de los cuales (si no era el único) fue Juan Serrano.


Sello de Salomón, emblema de los Compagnons, en la lonja de nuestra Ermita de San Cosme y San Damián. Foto de Luis Gómez

jueves, 3 de octubre de 2013

EL TEATRO EN TORREDONJIMENO Y EL PASO DE GRANDES ESTRELLAS POR SUS SALAS.

"Actores en un momento de la representación de Entre Madrugada y Alba en Torredonjimeno. Año 1959". Foto: Ureña Pamos
 
 
Luis Gómez

Torredonjimeno y el teatro han ido casi siempre de la mano. En casi todos los periodos históricos se ha promovido o se ha fomentado esta expresión artística. Aún hoy en día no es de extrañar el ver, que de vez en cuando, algún hijo de Torredonjimeno, tome por vocación el teatro el cine o la televisión. Así podemos citar, sin ir más lejos, a Rafael Álvarez “El Brujo” cuya fama y profesionalidad es sobradamente reconocida. Por su parte, los mayores de la localidad, todavía recuerdan la obra “Entre Madrugada y Alba”, obra teatral que escribiera el poeta y dramaturgo tosiriano D. José María Gallo y que fue estrenada en la localidad en el año 1948 bajo su dirección y con la música y acompañamiento del también recordado “maestro” Manzano. (Para saber más ver entrada en este mismo blog http://elblogdecassia.blogspot.com.es/2009/09/entre-madrugada-y-alba.html ) Una de las últimas representaciones teatrales de “Entre Madrugada y Alba” se realizaría en el desaparecido teatro/cine Tosiria allá por el año 1959.

Podríamos hablar del “Teatro Municipal” de Torredonjimeno. Obra inaugurada al público hace poco, pero iniciada hace ya  más de dos décadas, la cual nació con la intención de dotar a la localidad de un espacio escénico moderno y bien dotado, pero que debido a multitud de errores, (fallos estructurales, modificación de la capacidad y aforo, escasez de recursos económicos, falta de permisos, etc.,) ha hecho que sea, hoy por hoy, un edificio insuficiente y poco práctico, y sobre todo, poco aprovechado, si contamos el reducido número de actuaciones o representaciones realizadas en su interior.

Antes de ello, y en el mejor de los casos, la mayoría de las obras o actuaciones de alto nivel habidas en Torredonjimeno, eran representadas en el salón de actos del IES “Santo Reino” ya bastante deteriorado debido a su antigüedad y por el continuado uso que se le da por parte del alumnado generación tras generación. También se han aprovechado últimamente los salones parroquiales de San Pedro, recientemente remodelados, para la realización de conferencias, representaciones teatrales, entrega de premiso etc. No hace mucho, ese tipo de eventos se solían hacer en los cines de la localidad, pero hace ya bastantes años que dichos espacios recreativos cerraron definitivamente sus puertas al público. 

"La actriz Irene López Heredia. En 1930 estuvo en Torredonjimeno representando la obra teatral Escuela de Princesas"


A principios del S. XX, Torredonjimeno inaugura unos salones teatrales, y son el soporte perfecto para que las compañías de teatro, con sus primeras figuras de nivel nacional a la cabeza, arriben a nuestra localidad para ofrecer sus actuaciones; todas ellas de paso en lo que antaño se denominaba la “gira por  provincias” y que no era otra cosa que salir a la carretera y recorrer las principales ciudades con teatros disponibles en donde poder representar las obras y dar a así a conocer al público las novedades teatrales que se estaban estrenando en esos momentos en la capital de España.

En 1930, según relata el antiguo diario tosiriano “Don Jimeno”, actuó, “en el Coliseo de la localidad” la actriz doña Irene López Heredia, representando la obra “Escuela de Princesas”, recogiendo un gran éxito de público y aplausos, según informaba el mencionado diario.

Por su parte y con anterioridad a esa fecha, en 1918, nos dice el diario nacional “La Acción” que:

TORREDONJIMENO.—En esta hermosa población se ha inaugurado un bonito teatro por la compañía dramática de la notable actriz Gloria Torrea, en la que figura el primer actor y director Emilio Portes. La función inaugural fue «La Corte de Napoleón»; al día siguiente se representó “La loca de la casa”. En ambas funciones alcanzó Gloria Torrea un señaladlo triunfo, en el que le acompañó muy dignamente Emilio Portes. La temporada está siendo muy provechosa”.

 
La obra que se representó en la localidad “La corte de Napoleón”, es en realidad un vaudeville o vodevil, como se traduciría al español. Este tipo de género menor, es en realidad un nuevo tipo de comedia dramática nacida en sus origines en la década de los 70 del s. XIX en EEUU y de allí exportada al resto del mundo. La voz vaudeville es una contracción de otra expresión de origen francés  voix de ville” es decir  la voz del pueblo”, ya que se trata de un género teatral que recoge canciones populares, y las entremezcla con un argumento interpretativo, insertando además en la escena, música, baile, etc. Dicho género se hizo muy popular en los finales del XIX y principios del XX.

La obra “La corte de Napoleón” fue ideada y escrita por el dramaturgo francés Victorien Sardou. En Francia, la obra se llamó originariamente “Madame de Sans Gêne” (cuya traducción podría ser “Señora descarada” o “Madame sinvergüenza”), siendo representada por primera vez en 1893. En España no llegaría a estrenarse hasta cinco años más tarde, en 1998, siendo representada por primera vez en el teatro La Princesa, bajo la dirección y adaptación de Ceferino Palencia y ya bajo el nombre de “La corte de Napoleón”.



"Cartel en el que aparece la actriz Gloria Torrea. Actuó en Torredonjimeno en el año 1918. Diez años después acabaría con su vida suicidándose en Méjico"
 
 
La obra narra las peripecias de Caterina Hubscher, una humilde lavandera en la Francia inmediata a la Revolución de 1792. Allí, en una pequeña taberna, coinciden varios personajes históricos, tales como Fouché, que llegará a ser Ministro del Interior en la Francia napoleónica, el propio Napoleón, que todavía no adquirido su estatus ni su “corona de emperador” y un joven sargento, Lefevre, que andando el tiempo será uno de los Mariscales de Campo de los ejércitos napoleónicos. Caterina y Lefevre se casan y la escena se traslada en el tiempo a 1810. Allí, la protagonista ya es la duquesa de Dantzing, y su marido un gran mariscal, pero aún así y todo, no ha perdido sus humildes orígenes, y parte de la gracia de la obra radica precisamente en las escenas de situación donde la protagonista hace constante referencia de sus humildes orígenes, ante las encumbrada nueva aristocracia post-revolucionaria, originándose así escenas cómicas o hilarantes. Las hermanas del emperador le reprochan esta actitud a la “nueva duquesa”, y es llamada por el mismo Napoleón para que se divorcie y decline su actitud, viéndose obligada la ya por entonces conocida en la corte como “Madame de Sans Gêne” (o “Madame Descarada”) a sacar unas cartas escritas por Napoleón cuando aún no era emperador y escritas en aquella pequeña taberna parisina.
Al día siguiente se interpretó “La loca de la casa” pieza de teatro del prolífico escritor y dramaturgo decimonónico Benito Pérez Galdós. El libreto en cuestión se estrenó por primera vez en el año 1893, en el Teatro de la Comedia de Madrid, siendo interpretada por Mª Guerrero y Miguel Cepillo en los papeles de protagonistas.
La obra, otra comedia de situación, versa sobre los avatares de un padre, don Juan Moncada, que tiene dos hijas casaderas, Victoria y Gabriela, a las que pretende casar con dos hermanos, Daniel y Jaime. Pero la cosa se complica cuando una de las hijas Victoria, rechaza el matrimonio y decide optar por la vida monacal. Esto acarreará disgustos a su padre que ve la amenaza de ruina en su casa, y para evitarlo Victoria accede a contraer matrimonio con un acaudalado hombre, D. José, antiguo empleado de su padre. Pese a su posición holgada, don José es rudo y sin modales, lo cual desespera a la protagonista. Por su parte Daniel, el antiguo pretendiente, sigue visitando a la mujer después de su boda, ocurriendo así numerosas escenas de celos durante el desarrollo de los actos teatrales. Victoria se separa de su marido por esta cuestión, pero descubre que está embarazada. El desenlace es un final feliz, donde “la loca de la casa” reconoce que su verdadero amor es su marido don José.
El otro actor reseñado en la noticia, Emilio Portes, era además del director de la compañía, el socio gerente, ya que era habitual en esos años, que dos famosos actores se asociasen y formasen una compañía teatral con la finalidad de poder interpretar sus obras por toda España, sufragando de sus bolsillos la temporada y pagando a los demás actores, personal y atrezo. El resultado de beneficio o fracaso de la compañía dependería de la cantidad de público que asistiese a sus representaciones y del tiempo que éstas estuviesen en activo durante la gira.
La actriz que estuvo en Torredonjimeno en 1918, Gloria Torrea, pocos años después, tendría un final trágico. Según la reseña aparecida en el diario ABC de 1928, la actriz se retiraría de la vida pública ese mismo año, con la finalidad de contraer matrimonio con un acaudalado colono español afincado en Méjico. Sin conocerse más detalles sobre el asunto, Gloria Torrea acabaría suicidándose en dicha ciudad en 1928, y según los datos que da la noticia de la prensa “obedeció a disgustos de orden familiar

miércoles, 2 de octubre de 2013

EL FORCÍN-FORZÓN DEL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE CONSOLACIÓN

Retrato apócrifo de Diego López Pacheco
 
 
 
LA FOTOGRAFÍA DEL RETRATO,
DESAPARECIDO DESDE 1936,
DE DON DIEGO LÓPEZ PACHECO

 
Por Manuel Fernández Espinosa
 
 
La primitiva ermita de Nuestra Señora de Consolación (la actual sacristía del Santuario) conoció varias ampliaciones hasta que llegó a presentar el aspecto que hoy conocemos. Sabemos por la tradición que el generoso mecenas de las primeras obras fue Diego López Pacheco (1456-1529) que era Marqués de Villena, Duque de Escalona, Conde de Santisteban de Gormaz y Señor de Osma y Capitán General de la Frontera de Granada, como así consta en letras góticas en la hoy sacristía del Santuario:
 
"Esta obra mandó facer el muy magnífico señor don Diego López Pacheco, duque de Escalona, marqués de Villena, conde de Santisteban, mayordomo mayor de la reina nuestra señora estando por capitán general en esta tierra frontera del reino de Granada, por los muy altos e muy poderosos esclarecidos príncipes don Fernando e..."
 
Y es de presumir que la leyenda terminara rezando "Isabel".
 
Según afirma la leyenda tradicional Don Diego López Pacheco erigió el Santuario en gratitud a la Virgen de Consolación, a la que se encomendó antes de entrar en una batalla de donde salió malherido, pero a salvo. Es una cuestión polémica identificar la fecha y localización de la batalla, pero lo que la tradición afirma es que el prócer de este Santuario lo hizo movido por el agradecimiento a Nuestra Señora de Consolación, por entender que su oración había sido atendida por la Santísima Virgen.
 
D. Diego López Pacheco fue un hombre de su época, caballero, pero con inquietudes humanísticas. Se sabe que era un ferviente lector de Erasmo de Rotterdam y fue generoso también con personajes de la cultura y la religión de su época, patrocinando algunas obras literarias de temática mística y ascética: como el "El Tercer Abecedario" del franciscano Francisco de Osuna o el "Diálogo de la doctrina cristiana" de Juan de Valdés. Esta inclinación por la religiosidad, tan habitual en los nobles de la época, puede explicar que prestara apoyo (en 1523) a Pedro Ruiz de Alcaraz, dándole cobertura en su castillo de Escalona. Digamos que Ruiz de Alcaraz fue uno de los principales cabecillas del movimiento herético de los Alumbrados y en los dominios de D. Diego López Pacheco llegó a gozar de fama de santidad, agremiando a muchos incautos a su secta. Pero los tratos del Duque de Escalona con Pedro Ruiz de Alcaraz fueron posteriores a la edificación de nuestro Santuario.
 
Era costumbre que los potentados señores que mandaban edificar un Santuario como el nuestro dejaran constancia de su esplendidez. Don Diego López Pacheco fue uno de los más destacados en las guerras contra el moro de Granada, sirviendo a la Reina Isabel la Católica de Castilla. Mostró la prodigalidad de su alta alcurnia sufragando las obras de nuestro Santuario y quiso ser recordado, con la "tarjeta de presentación" que dejó en la sacristía y, según nos informa D. Juan Montijano de la Chica, dejando un retrato suyo.
 
Este retrato desapareció en la Guerra Civil de 1936-1939. Nuestros antepasados le llamaban cariñosamente el "Forcín-Forzón". Según la descripción que nos proporciona D. Juan Montijano: "era un cuadro de unos dos metros de alto y que constituía un lienzo, al óleo, de mediocre mérito artístico, pero de gran valor documental e histórico, que según opinión de técnicos en el arte pictórico, era de la primera mitad del siglo XVIII"" (Juan Montijano, "Historia de la Ibérica Tosiria", pág. 86).
 
Haremos bien en atribuir a errata que D. Juan fechara el cuadro en "la primera mitad del siglo XVIII". Por el atuendo y las trazas del caballero que presentamos en la fotografía de arriba, más bien podríamos estar hablando de un cuadro de la segunda mitad del siglo XVII. En ese sentido, no podemos pensar que estemos ante un verídico retrato al natural de D. Diego López Pacheco, pues el retratado vivió a caballo de los siglos XV y XVI; pero también tendríamos que contemplar la posibilidad de que ésta fuese una pintura realizada en el siglo XVII (sí), pero para la que su autor pudo basarse -no era nada extraordinario en la época- en un retrato más antiguo.
 
El texto laudatorio que puede verse a la izquierda del retrato decía:
 
"Retrato de don Diego López Pacheco, conde de Santisteban, marqués de Froilana, mayordomo mayor de la Reina, capitán general siendo Granada frontera de moros. Ganó una batalla por lo que edificó esta ermita de Nuestra Señora de Consolación, año 1458".
 
La imagen que presentamos en esta entrada es la del "Forcín-Forzón" que, antes de ser destruido con los furores de la Guerra Civil, fue fotografiado por D. Enrique Romero de Torres (1872-1956), el hermano del famoso pintor cordobés, que anduvo por nuestra provincia en las primeras décadas del siglo XX inventariando nuestro patrimonio.