viernes, 25 de julio de 2014

UN CUENTO DEL TOSIRIANO JAIME GÓMEZ CRUZ EN LOS AÑOS 30 DEL S. XX

 "Portada del Nº 0 de la Revista Cultural Órdago de Torredonjimeno en agosto de 1998"

Luis Gómez

            En el ya lejano año de 1998, los miembros de la Asociación Cultural Cassia editábamos el primer número de la Revista Cultural de Torredonjimeno “Órdago . Uno de los artículos que ilustraban dicho ejemplar era el que llevaba por nombre: “Gómez y su expedición”, que nos narraba las peripecias e itinerarios que realizara uno de los hijos más ilustres de Torredonjimeno, el general de la I Guerra Carlista D. Miguel Gómez Damas. El texto estaba extraído de un trabajo periodístico que sobre dicho personaje había realizado el no menos genial D. Pío Baroja.  Al final del artículo, los redactores de la Revista Órdago insertamos una pequeña reseña junto con la transcripción de una carta que, otro tosiriano, D. Jaime Gómez Cruz, escribía al autor del artículo “Gómez y su expedición”, en la cual, además de expresarle su agradecimiento por el trabajo realizado, le informaba sobre la partida de bautismo del tosiriano general, dato que por lo visto D. Pío Baroja desconocía.



 "Portada del diario La Estampa, donde el escritor vasco D. Pío Baroja publicase su trabajo sobre el itinerario de la expedición del carlista tosiriano D. Miguel Gómez Damas"

D. Jaime Gómez Cruz era descendiente del General Gómez, y además gozaba de cierto espíritu investigador y literario, habiendo realizado colaboraciones en diferentes diarios y periódicos nacionales, así como en los locales. Este relato en cuestión data de 1932 y un año después, sería cuando escribiría la carta a D. Pio Baroja.
            En relación con el relato, hemos de decir que se trata de una invención. Es cierto que se apoya para la construcción de la historia sobre algunos aspectos históricos concretos (el nombre antiguo de la localidad, Tossiria, el lugar donde se refugian los agarenos, Tucci, el caballero D. Ximeno de Raya, como alcaide de la fortaleza, etc) siendo ficticios todo lo demás.
            Lo que viene a realizar es la yuxtaposición de ciertos datos reales pero no lineales en el tiempo. Por ejemplo, es cierto que la casa ducal de los Abrantes tenía posesiones en la localidad, pero es de dudoso crédito que vendiese una biblioteca llena de documentos de cuantioso valor en almoneda en la Torredonjimeno (D. Jaime hace este suceso acaecido en la localidad imaginaria de Torresol, plenamente coincidente con su natal Torredonjimeno). Al mismo tiempo, parece ser que el autor del cuento hace coincidir dos circunstancias históricas ciertas, pero lejanas en el tiempo, que son la del rapto de las doncellas Juana Y María, hijas del alcaide de la fortaleza, con la captura del castillo de Torredonjimeno por D. Ximeno de Raya, hecho éste que es muy anterior en el tiempo. En fin, que como relato de entretenimiento o como curiosidad es válido, pero poco más. No obstante lo traemos a esta bitácora, para rendirle un homenaje a un paisano, que en años tan tempranos como la década de los 30 quiso llevar la historia de la localidad más allá de sus fronteras naturales. Por otra parte, es admirable el uso del lenguaje del autor, el cual se demuestra muy versátil y culto para la época.  

"D. Jaime Gómez Cruz, autor del relato. (Foto: Órdago)"

Dice así el relato: 
"CADA DÍA UN CUENTO
DON XIMENO DE RAYA
Por Jaime Gómez Cruz

A mi  querido amigo D. Alonso
Molina Talero, excelente poeta.

Hojeando un día la prensa semanal de Torresol, pueblecito andaluz del más claro abolengo hispano. hallóme con la noticia de que la testamentaria de un fenecido noble ponía a subasta la biblioteca ducal, existente en el mismo pueblo. De la genealogía del fallecido dueño colegí que la riqueza bibliográfica puesta en venta sobrepasaría su valor intrínseco al estipulado adrede por los testamentarios. Y, sin andar con rodeos y circunloquios pueriles, adquirí la biblioteca. Es una consumada colección de códices miniados, libros raros y algún que otro papiro de procedencia hebraica, y que guardo con el amoroso deleite con que suele adorarse la mujer cautiva de nuestro corazón.
Y, en efecto, entre las páginas amarillentas por el tiempo de un códice miniado, hallé un pergamino escrito en donoso romance, de tan incalculable mérito, que muy pronto se divulgó por Torresol la noticia del hallazgo, por tratarse de la auténtica historia del pueblo, compuesta por un tal Per Solís, ballestero que fué de la mesnada de Don Ximeno de Raya, caballero de la Orden de Calatrava. Esto, y la historia de amor y heroísmo que desenvuelve el relato, me hicieron que encargase hacer de ello un comentario o versión moderna al director de la "Gaceta de Torresol", amigo mío y excelente prosista.
 A modo de primicias, me ha deparado mi amigo un bosquejo de su trabajo, con variación temática que no titubeo en exponer al lector, de cuya Paciencia soy único responsable hasta la médula y lo indiscreto.

Torresol, un tiempo llamado Tossiria, era durante el medievo un villorrio con trazas de ciudadela. Las huestes mahometanas que lo poseyeron encauzaron el rumoroso rio que lame sus aledaños convirtiendo las cercanías, entonces de infecundo erial, en una vega umbrosa donde el agua de las cantarinas acequias tejía el ritmo ondulante de su música con la poesía de égloga de las frondas, susurrantes, al suave vientecillo primaveral, y entre un florilegio de sazonados aromas y piar de pájaras de luminoso plumaje; era Tossiria un pequeño trasunto de la Arabia, idealizada a través de sus poetas. La paz paradisíaca del lugar turbóse un tanto al embate fecundo de la castellanía, que en su epopeya de reconquista recuperó a Tossiria. Pero he aquí que la morisma, envalentonada con la confianza guerrera de los castellanos, se aprestó al asalto de la ciudadela con el ímpetu y coraje que caracteriza a las hordas de Alá. Ya el asedio de la ciudadela era insostenible por parte de los castellanos, al extremo de llegar éstos a pedir con insistencia refuerzos. Enardecidos los defensores de la fortaleza, multiplicaron como leones su valor, mas tal era el bélico ardimiento del enemigo que muy pronto, y a la hora en que el nuevo día resurge en un triunfo de luz de las tinieblas, caía el villorrio en poder de los infieles. Entregáronse al pillaje, cual es peculiar de la indolencia árabe cuando se desata en el frenesí de su ambición de riquezas, y, mientras la hoguera de la devastación prendía voraz con su penacho de humo, rodeando siniestramente el castillo roquero, y gemían las rubias doncellas secuestradas, maldiciendo de su fortuna los bravos soldados cristianos, en tanto que oraban en el templo en ruinas los piadosos creyentes ungidos en su oración del divino de la fe, oyóse por el nordeste de la villa como un atuendo formidable de atambores, galopar de centauros y vibrar de sonoros clarines. Por un momento, el estertor del saqueo enmudeció al ruido magno del brioso ejército castellano, que al mando de don Ximeno de Raya se aproximaba mensajero del auxilio.
Las tropas islámicas, como era presumible, le opusieron combate; pero adelantóseles en la táctica don Ximeno, y tras varias horas de épica lucha diezmó a sus adversarios, en gesta sólo comparable a las Navas de Tolosa. Todo el sagrado entusiasmo del héroe, toda la gama de felices auspicios que aureola de ensueño el ánimo esforzado de los grandes hombres, se disipó como por ensalmo al tener noticia don Ximeno que las falanges árabes habíanse llevado en su precipitada huida a Rusnilda, su prometida, hija del alcaide Melchor de Luna. Blasfemó la impiedad salvaje de los enemigos, y juró por la santa cruzada que él habría de rescatar al ser querido así que el oriente se solidificara en un muro de acero cerrándole el paso a su incontenible audacia. Fué don Ximeno nombrado alcaide en premio al notable hecho de armas, y al mismo tiempo que se reconstruía del incendio la fortaleza dispuso lo necesario para asestar un golpe de mano a los sarracenos, hechos fuertes en un inmediato lugar llamado Tucci, que regía el terrible valí Osman ben-Himieya. No dice nada Per Solís, el trovador anónimo, acerca de cómo efectuó don Ximeno, por brazo de su presteza y denuedo, el desagravio, pues se pierde el hilo del poema en esta sazón, de importancia suma para la comprensión y merecimiento de la gesta admirable. Salta el discurso del romance al trance lúgubre de retornar la expedición armada a Tossiria, escoltando en silencio el cadáver mutilado de Rusnilda, y casi desfallecido de dolor el acendrado don Ximeno. Ello indica que la proeza se perpetró victoriosa contra los agarenos, y que éstos, con el instinto sanguinario y cobarde de su derrota, se ensañaron cruelmente con la cautiva, dejando su cadáver como un trofeo trágico a los vencedores. Per Solís dedica una elegía a las pomposas exequias que se celebraron por la rescatada infelice, y nos describe el hondo trastorno que su desgracia operó en el alma del alcaide. Encerróse en el castillo, cual monje enclaustrado, y pronto la superstición popular tejió alrededor del cuitado una leyenda de maleficio, diciéndose por la villa que el espíritu de Rusnilda rondaba agorero a altas horas de la noche el castillo enhiesto, consumiendo de miedo y remordimiento la vida atormentada de don Ximeno, y todos –concluían- por no haber sabido éste impedir, con la falta de rapidez en el auxilio, el secuestro de la linda dama de sus amores, de rubia cabellera y candorosa hermosura. Mentía el vulgo, por cuanto que evidente fue la dureza con que castigó a los infieles, recuperando, aunque dolorosamente mutilado, el cuerpo de la bien amada, y si deshojaba sus mustias ilusiones en la profunda melancolía de su tristeza, no era para menos al perder para siempre el grato delirio de su vida. ¿Pero fué debidamente identificado el cadáver de Rusnilda? ¿Teníase la certeza de su muerte? Pasados los primeros días del sobrecogimiento, y alejada ya de su mente el espectro de una posible locura, entregóse don Ximeno a la obra civil de regir con tesón caballeresco la vida política de la villa en espera de poder redimirse con el tiempo y mansedumbre de conducta de su malhadada obsesión. Y en esta coyuntura en que sus afanes se debatían abnegadamente en pro de hacer imperecedera su memoria al decurso de las generaciones y de los siglos venideros, surgió de las tenebrosidades del olvido la luz rutilante de la bienaventuranza en forma de una aparición viviente y feliz de la que tanto adoró en vida y lloró en su muerte. Un día recibió emisario del valí de Tucci comunicándole la fausta nueva de vivir para su merecimiento y rescate una princesa cristiana, si no por el privilegio de la sangre, por su bondad y hermosura; expresado que le fué a don Ximeno el nombre de Rusnilda, su esperanza y contento no tuvo limites. Señalóse una fuerte suma para el rescate, y sin más dilaciones fuéronse los emisarios, al anochecer de cuyo día tendría el alcaide el mejor regalo para sus ojos y la augusta quietud para su alma. Entre las tintas rojas del crepúsculo avistóse la morisca comitiva. Relucían a la luz desfalleciente de la tarde las gumías de damasquinados puños y las rodelas de arabescos dibujos, y entre la albura plácida de los turbantes y entre el acompasar suave de las enjaezadas cabalgaduras deslizábase la cadencia oriental de una canción de gesta africana, suavemente melódica, a los acordes de dulzainas y chirimías. Fuera de las murallas de Tossiria esperaba don Ximeno, y, fuese por la ansiedad de su amor o por un prurito de caballeresca usanza, se adelantó al brioso impulso de su corcel a recibir en los brazos la preciada joya de su orgullo. Al instante, un torbellino de batalla se generalizó por el campo, que florecía primaveral, y en tanto que corrían presurosos a defender al alcaide los guerreros castellanos, veíase cómo el robusto brazo de don Ximeno asestaba terribles golpes de mandoble entre sus enemigos, y si la victoria coronó el heroísmo derrochado haciendo huir a los traidores, no se pudo evitar que el caballeroso don Ximeno cayese herido de muerte; pero fué rescatada Rusnilda, y ya muy poco le importaba a él su agonía, lleno como estaba del misticismo de la época y de la sagrada dulzura de haberse sacrificado por su bien. "

jueves, 24 de julio de 2014

TORREDONJIMENO Y LOS CURAS: REVUELTAS EN LA LOCALIDAD POR NO DEJAR DAR MISA A UN SACERDOTE NATURAL DE LA VILLA.


 "Don Luis María Salazar, párroco de Sta. María de Torredonjimeno"

TORREDONJIMENO Y LOS CURAS: REVUELTAS EN LA LOCALIDAD POR NO DEJAR DAR MISA A UN SACERDOTE NATURAL DE LA VILLA.
Luis Gómez


El próximo mes de agosto, la Parroquia de Santa María acogerá un nuevo párroco –D. Enrique Cabezudo Melero-, y nos dejará nuestro estimado D. Luis María Salazar, que tanto se ha hecho querer por su feligresía.
D. Luis ha sido llamado por nuestro actual obispo de la diócesis D. Ramón María del Hoyo, para que atienda otras tareas y para que asuma nuevas responsabilidades en la capital del Santo Reino.
Lo cierto es que aunque D. Luis ha pasado sólo unos pocos años entre nosotros, su cariño y su buen hacer, ha hecho que se gane y se granjee el afecto y el cariño de todos los tosirianos.
Al hilo de su inminente marcha, recojo esta curiosa noticia aparecida en la prensa decimonónica.
Se trata de cómo los tosirianos nos las vemos con el clero, en caso de que éste no esté por la labor…
En este caso en particular, parece ser que se trató de una algarada callejera, movida por los parroquianos (se supone que de la collación de San Pedro) en contra del prior de dicha Iglesia. El Sr. Poyatos, -prior de la misma- al parecer no cedió, durante la celebración del Oficio Divino, el puesto al sacerdote local, y eso parece ser que enojó bastante al vecindario, montando lo que coloquialmente vendría a ser un “pollo”. Todo, afortunadamente y según relata la noticia, quedó en algo pasajero y nada serio.
Sepa pues D. Luis María, que aquí en Torredonjimeno se le aprecia y se le quiere como si fuese uno más de nosotros, así que hágaselo saber a nuestro Obispo, para evitar futuros malentendidos.


"Iglesia de San Pedro de Torredonjimeno. Foto: Órdago"

Dice así la noticia del diario de finales de siglo XIX:

MOTÍN EN TORREDONJIMENO
(POR TELÉGRAFO)
Jaén 13 (5-40 t.).
Ha carecido de importancia el motín de la villa de Torredonjimeno. El prior Sr. Martínez Poyato  se negó á ceder el pulpito al sacerdote del pueblo, originándose con este motivo el alboroto. Las turbas apedrearon la casa del priorato, dando mueras. La guardia civil restableció el orden.
El gobernador eclesiástico ha concedido licencia para ausentarse al prior silbado.—
M, corresponsal.

miércoles, 23 de julio de 2014

MÁS DE CARLISMO EN EL REINO DE JAÉN

 

DON MARIANO TORRES DE NAVARRA Y GARCÍA DE QUESADA
Por Manuel Fernández Espinosa
Al principio, cuando lo decíamos desde las páginas de ÓRDAGO, muchos nos miraban escépticos. Nadie daba por verosímil que el Reino de Jaén fuese una cantera de carlistas desde la Guerra de los Siete Años (Primera Carlistada) hasta bien entrado el siglo XX. La historiografía oficial había creado toda una imagen deformada del conflicto carlista que recorrió el siglo XIX: al conflicto se le atribuía una razón exclusivamente dinástica y se olvidaba que era algo más que eso, la lucha de una mayoría española contra una minoría extranjerizada que implantaba una concepción del mundo (con las relaciones económicas y sociales de ella derivadas) frontalmente opuesta a la tradición hispánica. La historiografía oficial estaba dispuesta a conceder que en Vascongadas y Cataluña, en Castellón también, hubiera carlismo, pero en el resto de España no, en el resto de España eran todos "cristinos", "isabelinos", "liberales" -así afirmaban, entornando los ojos complacidos en su falsificación histórica; y todavía hay ridículos personajes (las cátedras universitarias están llenas de ridículos personajes) que siguen afirmando esa versión tergiversada de nuestra historia, contra toda evidencia documental. La mayoría carlista que estaba extendida por toda la Península Ibérica fue sumergida, sepultando el heroísmo carlista y hasta los últimos vestigios de aquellas gestas decimonónicas. Sin embargo, nosotros desde ÓRDAGO hemos abierto una brecha difícilmente reparable por los manipuladores de la historia.
Haber nacido en Torredonjimeno ha sido en ese sentido determinante para descubrir la historia carlista a todos los que la tenían perdida. Torredonjimeno es patria chica del brillantísimo general carlista D. Miguel Sancho Gómez Damas, tan destacado en la I Guerra Carlista por su famosa expedición. El hecho de que el General Gómez hubiera nacido en Torredonjimeno, Reino de Jaén, era atribuido a una casualidad: ¿cómo era posible que Andalucía hubiera dado un carlista? Y se creía que era una excepción. Sin embargo, nosotros tuvimos acceso a una tradición que, de la mano del Padre Juan Montijano Chica, nos fue entregada: la indiscutible carlistería de nuestro pueblo y de otros pueblos de la provincia. D. Juan lo sabía de buena tinta, pues su padre había sido Secretario de la Comunión Tradicionalista. Fue de este modo como empezamos a hallar un caso, y otro, y otro caso y... Al final descubrimos lo que nadie quiere admitir: que la inmensa mayoría de regnícolas de Jaén eran carlistas: Castillo de Locubín, Alcalá la Real, Porcuna, etcétera. Es una historia que hemos contado muchas veces, pero nunca lo bastante; pues se ha instalado la mentira histórica por doquier y hemos de desmantelarla a fuerza de evidencias.
En esa línea que tanta satisfacciones nos ha deparado a los que hacemos ÓRDAGO, presentamos hoy a un personaje nacido en Jaén, exponente de dos linajudas familias jaeneras: los Torres de Navarra y los García de Quesada. Fue uno de esos tantos y tantos héroes que ha dado el Santo Reino de Jaén, pero en una época de mercachifles los héroes y los santos están olvidados. Merecería la pena que Jaén recordara a este gran marino y militar y por eso lo presentamos: Mariano Torres de Navarra y García de Quesada.    
Don Ramón María Torres de Navarra y Torres de Navarra

Don Mariano Torres de Navarra García de Quesada era hijo de D. Ramón María Torres de Navarra y Torres de Navarra y doña María del Socorro García de Quesada y López-Pinto, y nieto de D. José Torres de Navarra y Montoro y María Josefa Torres de Navarra y Gordo. D. Mariano nació el 25 de julio de 1845 en Jaén. En tiempos de Fernando VII la familia había sido absolutista, durante el infame Trienio Negro (1820-1823), cuando los conspiradores liberales a sueldo de Inglaterra impusieron una Constitución advenediza a un pueblo que no la quería los Torres de Navarra habían sido, como la mayoría de la nobleza, el clero y el pueblo sanos, refractarios a esa desviación extranjerizante y cuando estalló la Guerra de los Siete Años siguieron militando en las filas de la Santa Tradición. Y la familia, fiel a sus principios, continuó aportando miembros que destacarían en la organización tradicionalista, así D. Ramón María Torres de Navarra sería vicepresidente de la Junta Provincial de Jaén en 1870. 
Don Mariano estaría a la altura de sus obligaciones nobiliarias.
A los doce años Mariano Torres de Navarra ingresó en el Colegio Naval Militar y en 1865 ascendió a Alférez de Navío. En 1868 participó en la primera Guerra de Cuba, tomando parte en las acciones de Caimanes, Blanquizal y Cayo de las Damas, en ésta encabezaría una carga a la bayoneta que tuvo como resultado apoderarse de dos banderas de rebeldes. Ascendió a Teniente de Navío el año 1870 y fue nombrado segundo Comandante del vapor "Guadalquivir". En 1871 se le destinó al Departamento Marítimo de Cartagena y allí sofocó la sublevación cantonalista. En 1873 se separó voluntariamente del servicio militar, por entender que no podía servir a otro señor que a su legítimo Rey Don Carlos VII. Fue así como se pasó a las filas carlistas y por su experiencia militar y méritos se le hizo parte del Estado Mayor de la División de Álava del Ejército de la Lealtad. Corriendo el año 1875 participó en los combates de Echevarría y Mendibelza y fue ascendido a Coronel del Ejéricto carlista, luchó también en Zarauz, en Deva y en Motrico contra la escuadra liberal. Bombardeó a los liberales de San Sebastián, de Hernani y del Castillo de Santa Bárbara y participó en la victoria de Mendirrotz. Al terminar la guerra carlista tuvo que acogerse al exilio francés, pero con la amnistía retornó a España, reincorporándose a la Armada con el empleo de Teniente de Navío de Primera Clase.
En su nueva etapa militar estuvo a bordo del crucero "Aragón" tomando parte en las Filipinas en los combates contra los piratas en Mindanao y Joló. En 1884 era nombrado Gobernador de Balabac y en 1887 lo era de las Islas Carolinas, también fue ascendido a Capitán de Fragata.  Falleció en Manila, el 5 de abril de 1889.

El caso de D. Mariano Torres de Navarra y García de Quesada es otra prueba más de la vitalidad del carlismo durante el siglo XIX en el Reino de Jaén. Algo que tendrá que ser considerado más tarde o más temprano por los que se niegan a reconocer la identidad carlista de la España del siglo XIX, cuando se aparten a un lado las interesadas versiones historiográficas que obran como justificantes políticas de todos los problemas que a día de hoy sufrimos en España, justo por desconocimiento e ignorancia de nuestra historia y de nuestra identidad sumergida.



MÁS INFORMACIÓN:

FAMILIA TORRES DE NAVARRA, DE JAÉN (en facebook), de donde extraemos las fotografías.
Para información genealógica de los Torres de Navarra recomendamos las muy meritorias investigaciones que sobre la materia ha realizado nuestro amigo D. José Carlos Gutiérrez Pérez, historiador y cronista de Jamilena, como por ejemplo "La Batalla de las Navas de Tolosa y la llegada a Jaén de los Torres de Navarra", artículo publicado en la revista "TRASTÁMARA", número 12.
Foto: Imagen antigua del abandonado palacio de los Torres de Navarra en la calle San Andrés de Jaén.
Casa Palacio de los Torres de Navarra en la ciudad de Jaén.

lunes, 21 de julio de 2014

TORREDONJIMENO CITADA POR EL ESCRITOR Y PERIODISTA VIENTE DÍEZ DE TEJADA

"Caratula de libro y foto del autor D. Vicente Diez de Tejada"

TORREDONJIMENO CITADA POR EL ESCRITOR Y PERIODISTA VIENTE DÍEZ DE TEJADA

Luis Gómez

Traemos en esta ocasión una entrada, cuando menos curiosa. Se trata de una mención en la prensa de principios de siglo realizada por parte del gran periodista y escritor que fue D. Vicente Díez de Tejada[1].
El escrito se enmarca dentro del género de relatos cortos que los periodistas realizaban en la prensa decimonónica. En este caso, el autor narra la conversación que mantienen una madre y su hija en relación con las amistades, y dentro de la moral de la época, el cómo se ha de diferenciar entre lo que son murmuraciones o chismorreos y las verdaderas habladurías, las cuales dan lugar a “la falta de caridad, y por lo tanto al pecado” como sugiere el autor en el texto.
Para poder construir su historia, D. Vicente nos habla de dos tías de la joven protagonista, y de sus amigas. A una de ellas, con sobrenombres inventados (a la tosiriana la apoda Longitud) la hace oriunda de nuestra localidad.
El texto en sí no merece más interés, pero si es de destacar, que nuestra localidad, en esas fechas tan tempranas del siglo XX, era más conocida de lo que nos solemos suponer por personalidades de la Villa y Corte


LA DULCE MURMURACIÓN

— ¡Mira, tu pobre tía Cristeta, qué carta escribe tan llena de lisonjas!
—Y de faltas de ortografía, ha puesto hoy sin bache.
—... Y la necesita, ¿verdad, hija?
— ¡Claro que sí, mamaíta! Ayer, no; hoy, sí.
— ¿Ves, nena, las consecuencias do introducir cambios en cosas tan serias? Hoy sí y ayer no; pues tu tía, por lo visto, escribe con arreglo á las normas de sus tiempos: no como hoy, sino como ayer. Además, tu tía no es la Condesa de Pardo Bazán[2], precisamente.
—No lo jures, mamaíta, que el jurar es pecado. Mira, en cambio, qué económica es. Primero escribe horizontalmente; después, y encima, verticalmente, y, por último, y sobre todo ello, al revés y con otra tinta. Esto no es carta, es una muestra de tela escocesa...[3]
— ¿Y esto no es pecado, reírte de los defectillos ajenos?
— -No; porque yo, puesta á reír, y lo hago siempre, me río también de los míos. ¡Pues poquito que nos hemos reído tía Cristeta y yo de sus cosas, de las mías y de las de los demás, en este mesecillo que he pasado á su lado. No ha quedado en Barcelona títere con cabeza. ¡Hasta del dedo de Colón, que parece la caña del higuí[4], nos hemos sonreído un poco!... No quiero decirte nada de las amiguitas de tía Cristeta... ¡Las tiene...museables!
—¡Qué palabrota!
—Las aprendo de Enriquito. Mi hermano las llama timos.
— ¡Niña!
— ¡Si no es nada malo, mamá! Sabe otras, que no se entienden nunca, y las llama camelos.
—¡Jesús! No quiero oírte hablar de este modo, impropio de una señorita...
— No te apures, mamá, que tampoco sabría hacerlo aunque quisiera. Esto de los camelos y de las camelancias (¡qué risa!) es cosa muy difícil. Verás: Enriquito contigo no se atreve; ¡pero conmigo!... Viene, á lo mejor, y me dice: “Nena, hazme el favor de alargarme esa Arballonguita que hay encima del piano…”
—¿Esa qué, hija?...
—¿Lo ves, mamaíta? ¡Ya caíste! Caíste, como caen los demás; como caen todos... Arballonguita, nada; una tontería cualquiera... ¡Pues esto es el camelo! ¡¡Es muy difícil!!...
—Sí. ¡¡Y muy ingenioso!!... Don Baltasar del Alcázar[5] no escribió jamás epigramas con tanto salero...
—¡Ay, mamaíta, qué cara tan fea has puesto ahora! Me has recordado á doña Lutecia, una de las amigas de la tía, solterona también; siempre seria, como tú ahora, vestida de negro, ojos negros, pelo negro (pintadito), ojeras negras..., uñas negras... ¡Un encerado!... ¡Yo creo que no se alimenta más que de calamares en su tinta!... ¿Ves? Ya te ríes un poco...
—Es nervioso. Yo no puedo reír esas... simplezas.
— ¿No? Pues oye. Esto de Doña Lutecia, ya comprenderás que es un nombre puesto por mí; por mi... y por tiíta Cristeta, que también me ayudaba. Tiene otra amiga, que yo la llamo Doña Latitud. Una señora..
apaisada, apaisada completamente, ¡Con decirte que los retratos no se los pueden hacer á lo alto, porque no cabe!... Es ancha, como un portfolio... abierto, y cuando la veía, me figuraba ser yo que me estaba mirando en el pomo de la escalera... ¡Ay, mamaíta, cada vez que se acercaba á mí para besarme, pensaba yo: ¡Ahora se cierra esta señora y me quedo dentro!... No te rías...  
— Sí, de tus gracias.
—En cambio, mira Doña Longitud: una señora andaluza, de Torredonjimeno, tan alta, que necesitaba andar plegada, como los metros articulados. Esta señora no tenía más defecto que los dientes cariados y grandes. Al reírse, parece que te invita á echar una partida de dominó. ¡Pobrecita! Cuando me vine la dejé descabalada... ¡Be le habían caído el blanca dos y el seis dable!...
—Pero, hija, ¿se te ha escapado la cuerda?
—¡Ca, mamaíta! Es que me he echado á andar... Hay para rato. Sí hubieses visto un retrato suyo que nos enseñó, hecho un día que fué á los toros en Úbeda, te quedas cuajada. Figúratela vestida de blanco; toda ella vestida de blanco: zapatos, falda, pañolón, mantilla, claveles... ¡Seis mil reales de magnesia efervescente... ¡jirviendo![6]...
-¡Basta, basta, cabeza de chorlito! ¡Válgame Dios, qué lengüecita la tuya!
—Mamita, no hago mal á nadie... Me río un poquito de los demás, á cuenta de lo mucho que los demás se reirán de mí. No calumnio, no ofendo... Esto es todo... Bromitas inocentes, inofensivas...
— Con las que faltas á la Caridad, exhibiendo los defectos del prójimo y mofándote de él á costa de ellos. Pecas.
 — Todos pecamos, reverenda madre...
— Sí; y el más Justo siete veces al día. Pero esto de pasarse la vida murmurando...
—Vaya, mamaíta, que tú me has tomado á mí por un manso arroyuelo... Ya no te acuerdas de lo muchísimo que...arroyuelasteis[7] tú y tus amigas, al hablar de Paco Fresneda, el futuro pluscuamperfecto de Sarita Muñoz... Que si era un farsante, un embustero, un vividor; que si no era cierto que su papá tuviese casa de banca; que si era falso que él fuese ingeniero... ¡Qué sé yo! ¡El delirio!
-Ahora has dicho la verdad: el delirio, el delirio de grandezas que se apoderó de unos y de otros. Ya viste el resultado...”El prometido de mi niña”; —como decía la mamá de Sara - es esto, y esto, y esto, y lo de más allá; que no parecía más sino que con él se iba á agotar el saldo de novios en buen uso... Y ya vimos que de todo ello sólo el más allá resultó exacto; pues de la noche á la mañana desapareció el prometido, dejando tras de si una estela de promesas... Trampas y escándalo... Hubo quien dijo que hasta á los Muñoz les sacó un buen pellizco..., y no ha faltado quien me asegurase haberlo visto... no sé dónde... ¡pidiendo limosna!... ¡Jesús!...
—¿Ves tú, mamaíta? Pues todo esto son murmuraciones también... algo más pecaminosas que las mías. ¡Murmuraciones!... Porque lo sé lo digo... Yo he visto á Fresneda.
—¿Tú?
Yo. Ahorita, en Barcelona... Y no pedía limosna, precisamente... Está sí, el pobre, demacrado, envejecido, con la cara de truhán de siempre,.. Cuando me vio se le cambió el color... Me reconoció en seguida. Yo disimulé todo cuanto pude... Pensando en Sarita, la verdad, me avergoncé un poco.
—¿El gabán?... ¿Pero hablan los conejos y los gatos?...
—Así que Fresneda hubo pasado junto á mí, yo, con mi curiosidad de mujer..., volví la cabeza...
—¡Imprudente!
— ... Y vi que en la espalda del sobretodo había un letrero, en el que, debajo de mías señas y del nombre de un sastre, se leía claramente:

“COMO ÉSTE, DOSCIENTAS PESETAS”

—¿No te equivocarías, hija?
—No, mamá... Era el gabán, y no el hombre, el que costaba los cuarenta duros... ¡Bien sabes tú que Fresneda no los vale!...

VICENTE DÍEZ DE TEJADA



[1] Una semblanza del autor se puede encontrar pinchando aquí.
[2] Hace alusión a la novelista, escritora, periodista y ensayista española Dª Emilia Pardo Bazán, poseedora de dicho título nobiliario y una de las escritoras españolas más reconocidas.
[3] El autor, por boca de los personajes, trata de explicar lo que era una moda estilística de principios del siglo XX que nace al calor de las vanguardias tipo cubismo, creacionismo y otras típicas de esos años. En especial se refiere a los Caligramas. Según la Real Academia de la Lengua Española un caligrama es una palabra de origen francés, que vendría a significar “un escrito, por lo general poético, en que la disposición tipográfica procura representar el contenido del poema”. En España uno de los mejores exponentes de este tipo de obras lo encontramos en la obra de Gerardo Diego
[4] Se refiere a la “caña de azúcar” muy común en la zona de la República Dominicana, en la actual zona de Punta Cana, o Higüey, cuyos cultivos tropicales fueron a principios de siglo XX su mayor riqueza agrícola, antes de que el turismo se convirtiese en motor económico de esa zona
[5] Baltasar de Alcázar es un poeta de origen sevillano del s. XVI. Fue militar y cultivó la poesía y las letras. Durante su etapa como militar destacar que llegó a servir dentro de la guarnición del Castillo de Jaén. Es conocido por su obra poética y en particular por los epigramas, que son una composición poética breve en que con precisión y agudeza se expresa un solo pensamiento principal, por lo común festivo o satírico
[6] Hirviendo
[7] Juega con la palabra anterior, arroyo, creando la palabra arroyuelasteis

martes, 15 de julio de 2014

CARTAS DE UN TOSIRIANO A DON MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO

Francisco de Paula Ureña Navas
 
 
TRES CARTAS DE D. FRANCISCO DE PAULA UREÑA NAVAS A D. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO
 
 
Por Manuel Fernández Espinosa
 
 
 
Siempre es una alegría encontrar, para el que busca. Desde hace años venimos reuniendo todo el material disperso y prácticamente inaccesible concerniente a uno de los tosirianos más interesantes de nuestra historia: D. Francisco de Paula Ureña Navas.
 
Nacido el 22 de junio de 1871 en Torredonjimeno, en el seno de una familia pobre, D. Francisco de Paula destacó pronto por su talento y el clero local corrió con los gastos de sus estudios, que culminó brillantemente en Sevilla, licenciándose en Filosofía y Leyes. En la ciudad hispalense nuestro paisano conoció a grandes polígrafos de la época, como D. Francisco Rodríguez Marín (1855-1943), cervantista y folclorista; más tarde Rodríguez Marín prologaría el poemario "Hojas y Flores" (año 1921) del poeta de Torredonjimeno. Una vez que hubo regresado a la provincia, Ureña Navas se estableció primeramente en Jaén, donde ejerció como Notario del Obispado de Jaén, siendo a la vez profesor de Retórica y Poética y Literatura del Colegio de Santo Tomás de Jaén y simultaneando sus quehaceres profesionales con la colaboración asidua en varias revistas de la capital. En la última década del siglo XIX Ureña Navas se convierte en director de "El Pueblo Católico" que había sido fundado por D. Emilio Mariscal Mendoza, periódico portavoz del tradicionalismo jaenés, sin dejar de colaborar con publicaciones tan señeras como el "Don Lope de Sosa" que dirigía su amigo Cazabán Laguna. Se le concederán muchos honores, entre ellos el título de Académico Correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua.
 
Se casó dos veces nuestro D. Francisco: de su primer matrimonio, del que pronto enviudaría, tuvo a una hija que murió joven y lo sumió en una profunda depresión; contrajo segundas nupcias con Doña Socorro Mantilla de los Ríos que le dio seis hijos: Milagros, Rosario y Socorro, Francisco, Carlos y Juan. Las hijas le sobrevivirán, pero en los primeros meses de la Guerra Civil la familia sufrirá la represión frentepopulista: Carlos y Juan, residentes en el Cortijo El Madroño (Martos), serán sacados del hogar familiar y asesinados por milicianos marteños. Nuestro poeta, al que le sorprendió el estallido del Alzamiento en Madrid, en compañía de su hijo Francisco, sería apresado por el Frente Popular con su vástago; y padre e hijo serían asesinados.
 
Mis tíos abuelos Damián Martos Ureña y María de los Dolores Illana Ureña eran familia del poeta. Conservo en casa algunas reliquias de este hombre de letras y mártir y he escrito algunos artículos sobre la figura del poeta e intelectual tradicionalista Ureña Navas, incluso GIENNIUM (Revista de Estudios e Investigación de la Diócesis de Jaén) me honró con la publicación de un ensayo que dediqué a D. Francisco de Paula Ureña Navas y al grupo de poetas, dramaturgos, novelistas e intelectuales provinciales que se formó alrededor de nuestro poeta y bajo su magisterio. En algunas de las páginas que he dedicado a D. Francisco de Paula Ureña Navas he llegado a referirme, por noticias que tenía de ello, a cierta correspondencia epistolar que mantuvo nuestro paisano con D. Marcelino Menéndez y Pelayo (que para nadie medianamente culto requiere presentación). He descubierto tres de esas cartas, escritas por Ureña Navas a Menéndez y Pelayo. Y aquí las presento, bajo el retrato de D. Marcelino, con un breve comentario:
 
D. Marcelino Menéndez y Pelayo
 
 
CARTA 1: Como veremos, las tres cartas que publicamos hoy, tienen el objeto de poner bajo la autoridad de Menéndez y Pelayo cuestiones varias sobre poesía. En las dos primeras, la misiva está encabezada por el anagrama "Jhs", piadosa costumbre epistolar de la época. En esta carta Ureña Navas se refiere al Desastre de 1898 y al ignominioso Tratado de París. Sobre estas cuestiones ha compuesto el poeta tosiriano algunos poemas y los envía a Menéndez y Pelayo, para solicitarle su juicio crítico: estos poemas los publicaría Ureña Navas en "Hojas y Flores" y en otras publicaciones provinciales: su tono es de encendida cólera contra Estados Unidos de Norteamérica y contra los políticos españoles de turno (los "plenipotenciarios") a los que culpa de haber ultrajado el honor de España en sus tratos internacionales.
 
 
 
"Jhs.
Sr. D. Marcelino Menéndez y Pelayo.
Muy Sr. Mío y de mi mayor respeto: al tener el gusto de saludar al maestro sabio y al poeta limpio, de quienes soy obscuro, bien que entusiasta admirador, me permito remitirle la poesía adjunta (que me han inspirado las desgracias nacionales y los que no creo desaciertos de nuestros plenipotenciarios), y suplicarle a Vd. se tome la molestia de leerla y juzgarla. El juicio de Vd. si pudiera conocerlo, tendría para mí toda la fuerza que dan a Vd. sus envidiables dotes de crítico eminente.
Dispense Vd. la libertad de que hago uso, y mande como guste a su admirador y affmo. S. S. q. b.s.m.
Franco. De Paula Ureña.
Jaén, 28 Dcbre. De 1898."
CARTA 2: La cuestión que consulta con esta carta nuestro paisano es propia de eruditos latinistas. Ureña Navas llegó a traducir muchas odas de Horacio; parece que "Eheu! fugaces" tuvo que levantar cierta polémica con alguno de sus cultos contertulios de Jaén, supongo que algún clérigo ilustrado con los que Ureña Navas tenía ocasión de encontrarse en su puesto docente del Colegio de Santo Tomás. Esta carta revela el domicilio de Ureña Navas en la ciudad de Jaén: "Muñoz Gernica, 5".
 
"Jhs
 
Sr. D. Marcelino Menéndez y Pelayo.
Distinguido Sr. mío y de mi mayor admiración: Siento en el alma molestar a Vd.; pero una discusión, aquí promovida con ocasión y acerca de una traducción de la oda “Eheu! Fugaces”, de Horacio, (discusión que pende del fallo de Vd., que tan grande autoridad es en la materia), me obliga a escribirle, sin más títulos que los que me da la admiración que hacia Vd. siento.
Dispense Vd. la molestia, y dispense asimismo que insista en rogarle a Vd. me conteste con su juicio acerca de la traducción. Usted concluye de una vez con estas estúpidas quisicosas, que no, por ser estúpidas, dejan de ser mortificantes.
Con un millón de sincerísimas gracias, me ofrezco de Vd. Affmo. Amigo y entusiasta admirador S. S. q. b. s. m.
Franco. De P. Ureña.
Jaén, 5 de Noviembre de 1899.
Muñoz Garnica, 5"
CARTA 3: Esta carta lleva el membrete del papel timbrado del "Tribunal Eclesiástico y Vicaría General del Obispado de Jaén" donde D. Francisco de Paula ejercía como Notario. En ella se agradece la respuesta (por desgracia en paradero desconocido hasta ahora) de D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Aprovecha Ureña Navas para enviarle uno de los ejemplares de su periódico -"El Pueblo Católico".
 
"Tribunal Eclesiástico
Y
Vicaría General
Del
Obispado de Jaén
Notaría Mayor
(Particular)
1 de Diciembre de 1899.
Sr. D. Marcelino Menéndez y Pelayo:
Muy Sr. mío y de toda mi consideración y respeto: La de Vd. que agradezco en el alma, ha venido a servirme de grandísimo aliento e igual honor, por ser Vd. el que me juzga, y juzgarme en términos para mí honrosos, no obstante los defectos que me señala.
Conozco la razón de lo que Vd. me observa y ya he procurado ponerlo en práctica, intentando la corrección de la oda “Eheu! Fugaces”.
Antes de recibir la de Vd., y por mera afición a esta clase de trabajos, en la que hallo no pequeño gusto, traduje otras tres odas más: todas, desde luego, en versos sueltos, pues no habría caído, sin observármelo Vd. en lo de la estrofa lírica. Ahí se las mando a Vd. Y le estimaría grandemente que se tomara de nuevo la molestia de ocuparse en mis cosas, juzgándolas con la franqueza y tino que en Vd. son proverbiales. Estas tres traducciones, como la otra, las tengo publicadas; habiendo cometido la ligereza de pasarlas de las musas al teatro sin sujetarlas al “saepe stilum vertas” (1), que aconseja el Maestro latino. Es verdad que en ello no busco otra cosa que el esparcimiento del alma; pero, con todo, con el esparcimiento se compadece bien la corrección.
Expresándole a Vd. muy vivamente la gratitud a que me obliga la honra que Vd. me ha dispensado, y reiterándole a Vd. mi admiración y respeto, le ofrezco mi pobre amistad y mis humildes servicios, siendo suyo affmo. S. S. q. b. s. m.
Franco. De P. Ureña.
P. S. – También envío a Vd. Por este correo, un número de mi periódico donde hace aproximadamente dos años publiqué un ensayo sobre “Sto. Tomás poeta”; punto en el que creo no se ha ocupado nadie y en el que me temo, por lo mismo, haber cometido alguna inexactitud. Su juicio de usted acerca de este ensayo, lo agradecería mucho.
 
He traducido, aplicando el consejo de Vd., una oda horaciana, cuyo metro original (glicónico (2) y pequeños asclepiadeo(3)), he procurado imitar con endecasílabos de cadencia esdrújulas. Pero me resulta mal el ensayo, por la pesadez y monotonía."
 
Notas:
(1) "Saepe stilum vertas", frase del poeta del que están tratando: Quinto Horacio Flaco (65 a. C.-8 a. C.). Significa: "Estimula frecuentemente tu pluma".
(2) Glicónico (con el ferecracio) son versos del "Ars Poetica" latina: combinan dáctilos y troqueos, y se presentan en estrofas de tres glicónicos y un ferecracio.
(3) Asclepiadeo: su nombre proviene de Asclepiades, poeta griego que propagó el metro poético. El "asclepiadeo" es un verso de la compleja poesía griega y latina.
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
-"Don Francisco de Paula Ureña Navas, un Poeta Tosiriano Olvidado. Elegía a un poeta que no tuvo su muerte", Manuel Fernández Espinosa, Revista Cultural ÓRDAGO, nº 9, Marzo 2005, pp. 10-13.
-"La poesía en Jaén: D. Francisco de Paula Ureña Navas y el grupo literario "El Madroño", Manuel Fernández Espinosa, GIENNIUM. Revista de Estudios e Investigación de la Diócesis de Jaén, Volumen 11, Año 2008, Jaén, pp. 169-210.
También puede consultarse en este mismo blog diverso material que sobre Ureña Navas hemos ido publicando, por ejemplo esta entrevista de 2009: "EL DESCUBRIMIENTO DE FRANCISCO DE PAULA UREÑA NAVAS"