martes, 16 de diciembre de 2014

Antonio "el de Martos" Prisión para un forajido

 

"Vista de la localidad de Rute, donde fue apresado el bandolero Antonio el de Martos"

“ATONIO EL DE MARTOS” UN BANDOLERO SANGUINARIO

Luis Gómez

            No es la primera vez que traemos al blog de CASSIA noticias o sucesos relacionados con asaltos de bandoleros ocurridos en nuestro término. Ahí quedan para el curioso entradas como “Bandoleros en Torredonjimeno a finales del s. XIX”, “Dos bandoleros asaltan el Pilar de Moya de Torredonjimeno”, “El secuestro del Teniente de Alcalde de Écija y del Alcalde de Torredelcampo a manos de los bandoleros en 1846” que son algunas muestras del trabajo realizado en las hemerotecas y que reflejan a la perfección este tema.

            Recogemos en esta ocasión una curiosa noticia que la prensa nacional del siglo XIX traía a sus páginas sobre el apresamiento de un famoso forajido en tierras de Córdoba. Dice así el titular:


Prisión de un Forajido.—De Rute (Córdoba) escriben el 12 de junio

Anoche a las once, el intrépido y honrado juez de primera instancias de esta villa, don Gaspar Moreno y Ruiz con noticia de que muchos criminales de Cuevas de San Marcos, provincia de Málaga, con la cual confina este pueblo, se habían abrigado en él acosados por la viva persecución de la guardia civil, puso preso, no sin grande oposición de su vida, al famoso ladrón Antonio “El de Martos”, terror hace mas de 20 años de la provincia de Jaén, en donde ha cometido también cinco o seis asesinatos. Sus primeras correrías tuvieron origen cuando los Botijas estaban montados; después que aquellos se indultaron, fue compañero del insigne Navarro, y se halló con este en la matanza de veinte y tantos labradores en las Lomas de Úbeda, y sus milagros seria nunca acabar si se refiriesen minuciosamente. El juez de primera instancia, por tan interesante captura, ha dado una prueba de su celo y actividad en el desempeño de su ministerio, y además ha merecido bien dé los vecinos honra los de este pueblo, que desean y no dudan ver el castigo de otras personas, con quienes el Martos vivía y estaba continuamente reunido, y que no merece.”


El “intrépido y honrado” juez que apresa al malhechor es D. Gaspar Moreno y Ruíz. Según parece, dicho nombre y apellidos se corresponden con los pertenecientes a uno de los famosos linajes de tierras antequeranas. Según podemos leer en “Genealogías del apellido Chacón” de D. Rafael de Talavera y Quirós nos encontramos con que en el año 1819, en el testamento que realiza Dª Josefa de Mancha y Carrera se puede leer que: “Declara asimismo que hace doce años contrajo matrimonio su hijo D. Gaspar Moreno y Mancha con Dª María Ruiz y Ribera, natural de Ronda, hija de D. Ramón Ruiz y Ruiz, Maestrante de Ronda y Caballero del Orden de San Juan, natural de Orihuela, y Dª Cayetana de Ribera y Delgado, natural de Ronda y vecinos de Málaga, con escrituras de dote y capitulaciones matrimoniales, sin que el esposo hiciera escritura de capital, aunque tiene percibida la legítima de su padre y de este matrimonio son hijos, nietos de la testadora d. Antonio; D. Gerónimo; Dª María Josefa; D. Gaspar y D. José Moreno y Ruiz.” Debemos suponer que por la fecha de la noticia 1846, D. Gaspar ya debía de ejercer las labores de juez en la localidad de Rute. 


"José María el Tempranillo, El Rey de Sierra Morena"

El paso de delincuentes de una provincia a otra era algo frecuente. La presión que empezaba a ejercer el joven cuerpo de la Guardia Civil (fue creada en el año 1844)  en los forajidos era mucha, y éstos, para zafarse de la autoridad, huían a las sierras más próximas. Ronda, Antequera y Sierra Morena fueron escenarios privilegiados de las correrías de bandoleros famosos.

            Según se desprende de la lectura, Antonio “El de Martos” hubo de ser un personaje de la peor calaña. Poco sabemos de él, y menos aún lo que ha quedado escrito sobre sus peripecias, pues en muchos casos, los bandoleros actuaban en cuadrillas, siendo el cabecilla de la zona el que registra el dudoso “honor” de acaparar los titulares, mientras que sus segundos, menos famosos por el momento, no son tan atractivos para los rotativos de la época. Así que es posible que Antonio “El de Martos” haya, tal y como indica el corresponsal de la noticia, sido partícipe de numerosos crímenes y robos en la  provincia de Jaén, pero al actuar bajo el mando de otros cabecillas más famosos, es difícil seguirle la pista en las hemerotecas.

            Lo que sí parece seguro, a tenor del alías por el que la prensa decimonónica lo conoce, es que la localidad de origen o nacimiento no es otra que nuestra vecina Martos. Otro dato a destacar es la avanzada edad que debía de contar el forajido a la fecha de su detención, pues según nos comentan Antonio participó con las cuadrillas del Botija y del Navarro, y ambas “gavillas de caballistas” tuvieron sus actividades delictivas allá por los años 30 del siglo XIX fundamentalmente.

            Si tenemos más información de los hermanos “Botija” oriundos de la vecina Torredelcampo, los cuales se echaron al monte y participaron en correrías varias. Su partida será igual de temida y citada que la de su coetáneo José María “el Tempranillo”, también conocido como “el Rey de Sierra Morena” y bandolero romántico por antonomasia. Durante esos años 30 del siglo diecinueve los forajidos eran perseguidos por los Migueletes, antecesores de la guardia Civil, o por las Milicias de Honrados, que eran partidas de ciudadanos escopeteros formados y pagados por alcaldes o personas pudientes de las localidades para que salieran al paso y captura de los delincuentes. (Véase para este caso. LÓPEZ PÉREZ, M.  “El Bandolerismo en la provincia de Jaén. Aproximación a su estudio” IEG. Jaén, 1985, pp 37-74) para los Botija, es recomendable leer la novela “La muerte del Corregidor” del torrecampeño Antonio Antereo Jiménez, hijo del que fuera también torrecampeño y poeta Antero Jiménez.  Según declaraciones del propio autor tras la presentación de su libro en la vecina Torredelcampo, “Los Botijas, son personajes en los que está basada la novela fueron unos héroes de su época, defensores de la justicia social y paladines de la libertad Como se puede apreciar por tales declaraciones, el autor comete una exageración en toda regla. Trata de restablecer un poco el “honor” de sus paisanos “los Botija”, haciéndalos pasar por bandoleros que se sublevaban contra el poder conservador y con trazas de ser unos ladrones buenos que se rebelan contra el sistema. Una licencia artística sin mayor rigor histórico. 


"El Tragabuches"

Lo cierto es que la partida de los Botija estaba formada por gitanos. Su captura se realizó tras una intensa búsqueda por parte de las fuerzas del orden de la época. Despeñaperros era el territorio preferido para actuar de la banda. Se aprovechaban de lo angosto de los pasos y lo abrupto del terreno para realizar sus ataques. No había caballista ni diligencia que no fuera atracada por ésta o por otras bandas de asaltantes, lo cual hacía peligroso el discurrir por esos páramos.

            Cierto día, las fuerzas del orden se encontraron con una partida de gitanos acampando al abrigo de unas rocas. Se acercaron para preguntar por los Botija, más no supieron decir nada de ellos y aún más, decían ni conocerlos. Eso despertó las sospechas de la pareja, pues los Botija eran harto conocidos en esos lugares. Además, uno de los gitanos, pese a la algarabía que se estaba montando con el interrogatorio, permanecía acostado fingiendo estar dormido. Eso alertó aún más a la pareja de autoridades. Sospechando que se les estaba ocultado información se escondieron y se aprestaron para ver qué es lo que ocurría. El gitano que se hacía pasar por “bella durmiente”, se alejó del grupo. Subió por unas peñas y accedió a un paraje escondido donde se encontraba la partida del Botija. La pareja de autoridades los sorprendido y les apuntó con sus fusiles, lo que provocó la detención de toda la partida. (Puede consultarse RIVAS ÓMEZ, FERNANDO, “Los documentos de la época fundacional”, en Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil, nº 25, 1981, pp 23-24. También en LÓPEZ PÉREZ, M.  “El Bandolerismo en la provincia de Jaén. Aproximación a su estudio” IEG. Jaén, 1985, pp 53-54)


            Dicha hazaña fue recompensada para ambas partes y los Botija, igual que pasara con “El Tempranillo”, no fueron ajusticiados, sino que se les apremió para que participasen con las fuerzas de seguridad para asegurar la paz en los caminos, aprovechándose de su gran conocimiento del terreo.



"Retrato de bandolero viejo de Robert kemm"

Según el cuerpo de la noticia, Antonio “el de Martos”. Fue compañero de fechorías de otro “insigne bandolero” “El Navarro”. Dicho Navarro no es otro que José Ulloa Navarro (a) “Tragabuches”. José Ulloa no era su verdadero nombre; su nombre de pila fue el de José Mateo Balcázar Navarro. Se cambió el nombre gracias a una pragmática de Carlos III que permitía a los gitanos cambiar de apellido e inscribirse en los registros y regularizar su situación. (para saber más sobre “Tragabuches”)

            Si tenemos en cuenta lo que se dice, los luctuosos sucesos cometidos en las cercanías de Úbeda, donde fueron asesinados más de 20 labradores, habrá que decir que debieron ocurrir por los años 14 ó 15 del mil ochocientos. Ginés de la Jara Torres en su obra “Historia de Úbeda en sus documentos” nos dice lo que sigue en relación con los acontecimientos acaecidos en esa localidad en esas fechas: “A río revuelto, algunas cuadrillas de bandoleros atemorizaron al campo y la ciudad. A ello contribuyó el hambre y la anarquía reinante que la guerra ocasionó. Para atajar el mal, en cabildo de 7 de enero de 1814 deciden formar una partida de escopeteros para exterminar: a los bandoleros asesinos que desprendiéndose de la moral cometen crecidas atrocidades y crímenes dignos de castigo y reparo…” (p. 321, Tomo I) Los salarios de los hombre4s que participaban en dichas expediciones eran los que siguen: “Se ofrecen siete reales a cada escopetero por día a los cabos nueve y catorce al sargento o comandante”. (Ibídem)

            Como se puede apreciar, la restitución de Fernando VII en su trono ocasionó no pocos problemas en su época. Muchos de los hombres que se hicieron al campo lo eran porque al final de la contienda se veían desarraigados y sin posibilidad de volver a su vida anterior. Muchos estaban desposeídos de sus posesiones más básicas, como casa, familia o tierras. Muchos de los que participaban en las partidas de los bandoleros lo habían perdido todo en la guerra contra el francés, y por no tener posibilidades de volver a la vida civil, se volcaron en el bandolerismo y con el contrabando. Y no pocos lo fueron por ideas políticas, pues algunos, pasaron de ser férreos defensores de la Constitución de 1812, a forajidos y perseguidos en el año 1814, cuando vieron como con la llegada de Fernando VII se torcían las tornas políticas y veían con incredulidad como habían de buscarse nueva vida en las sierras.

sábado, 6 de diciembre de 2014

JUAN ROLDÁN DE ÁVILA: UN TOSIRIANO ENTRE LOS HOMBRES DE NÚÑEZ DE BALBOA Y FRANCISCO PIZARRO

Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Mar del Sur (Océano Pacífico)
 
Y DE OTROS TOSIRIANOS QUE DESCUBRIERON Y CONQUISTARON AMÉRICA
 
 
Dedicado a mi amigo y paisano,
el genealogista Juan Luis Anguita Pérez
 
 
Por Manuel Fernández Espinosa


Cuando los españoles llegamos a América cundía el rumor de que había un mar por descubrir. Muchos lo habían intentado, pero la gloria estaba reservada para el extremeño Vasco Núñez de Balboa (1475-1519), de cuna hidalga, pero de hacienda pobre. Había vivido en Córdoba y en Sevilla y se animó a embarcar al Nuevo Mundo, poniendo el pie allá por 1500. Había engrosado algunas expediciones y se había ido labrando una cierta fama de hombre valiente y decidido. Era el 1 de septiembre del año de gracia de 1513 cuando Vasco Núñez de Balboa, con muy pocos recursos, emprende la búsqueda de ese Mar del que tantos hablaban. Iba a la cabeza de 190 españoles y entre ellos había un tosiriano: Juan Roldán de Ávila.
 
190 españoles, guías indígenas y una buena rehala de perros se pusieron en marcha, a bordo de un bergantín y unas canoas, rumbo a las tierras del cacique Careta. Combatieron con algunas tribus hostiles, ayudados por otros indígenas que hicieron liga con los españoles. En Cuarecuá vencieron la enconada resistencia del caudillo Torecha y cuando los españoles hallaron al hermano de Torecha vestido como una mujer en compañía de algunos jóvenes, entendieron que aquello era un serrallo homosexual y les echaron los perros. La tribu sometida hizo alianza con los españoles: cayeron algunos españoles y otros resultaron maltrechos de los combates, quedándose estos en Cuarecuá. Pero Vasco Núñez de Balboa y otros 67 españoles (entre los que iba el de Torredonjimeno) prosiguieron su expedición: entre ellos también iba Francisco Pizarro. Los indígenas comunicaron a Núñez de Balboa que, desde las cimas de las montañas que se levantaban en los bordes del río Chucunaque, podía divisarse el Mar que buscaban. Núñez de Balboa subió las montañas y comprobó que era cierto; ascendieron los demás: Pizarro y Roldán de Ávila y fueron los primeros en contemplar el Mar del Sur (que hoy se conoce como Océano Pacífico). Era el 25 de septiembre de 1513.
 
Habían visto con sus ojos el Mar del que todos hablaban, pero todavía no se habían posesionado de él. Para ello fue menester vencer el obstáculo de otra tribu que les salió al paso: la de Chiapes. La vencieron y sumaron a los vencidos a la columna que avanzaba. Con 26 españoles (entre ellos Roldán de Ávila), Núñez de Balboa llegó a la costa. Núñez de Balboa, blandiendo su espada en una mano y en la otra el estandarte de la Santísima Virgen María, entró en las aguas y proclamó que de aquel Mar tomaban posesión los Reyes de Castilla, Juana y Fernando: era el día de San Miguel Arcángel y en homenaje del Príncipe de las Milicias Celestes el golfo recibió su nombre.
 
Foto de Manolo Fernández.
 
Poco sabemos del tosiriano que participó en esta gloriosa empresa. El nombre y apellidos de Juan Roldán de Ávila figura en el Archivo General de Indias, donde consta que era natural de Torredonjimeno y que se había embarcado el año 1493 a Santo Domingo. Su apellido Roldán nos sugiere que podría tener algún parentesco con el famoso Francisco Roldán, hidalgo también de Torredonjimeno, que acompañara a Cristóbal Colón en su segundo viaje al Nuevo Mundo; allí quedó Francisco Roldán como capataz de los españoles cuando Cristóbal Colón retornó nuevamente a España y, en ausencia del Almirante, se desató una cruda guerra entre los partidarios de Roldán y los secuaces que seguían a Bartolomé y Diego Colón, hermanos de Cristóbal. Francisco Roldán Jiménez (era su segundo apellido) se había embarcado el mismo año que Juan Roldán de Ávila; aunque el segundo apellido difiere en uno y otro, bien podrían ser hermanos, habida cuenta de los usos irregulares que regían en aquel entonces a la hora de apellidarse. Algún parentesco pudiera haber entre ambos, pero no podemos aseverarlo a falta de documentación concluyente. En toda esta historia que está por contar, hubo otro importante tosiriano: Diego de Nicuesa. Nicuesa fue nombrado gobernador de Veragua en 1508 y en 1510 fundó la ciudad de Nombre de Dios (hoy en la Provincia de Colón, Panamá), pero con antelación a la expedición de Núñez de Balboa, éste se había rebelado contra la autoridad de Nicuesa y las desavenencias acarrearon la muerte de Nicuesa. Todavía existe muy cerca de Torredonjimeno un cortijo que conserva el nombre de Nicuesa y que es indicador de haber sido antigua propiedad del linaje de este desgraciado conquistador tosiriano.
 
Volviendo a Juan Roldán de Ávila es de advertir que en la expedición de Núñez de Balboa el torrejimenés tuvo que hacer muy buena amistad con Francisco Pizarro, dado que acompañó a éste en el descubrimiento y conquista del Perú entre 1524 y 1539, en el comedio de esta larga conquista, nuestro Roldán de Ávila fue conquistador de Quito (año 1534) y su pista se nos pierde el año 1557, cuando lo vemos que toma como esposa a Leonor de la Reguera en la ciudad de Lima.

BIBLIOGRAFÍA:


"La emigración jiennense a las Indias en el siglo XVI: 1495-1599", Aurelio Valladares Reguero y Rocío Ruiz García, Instituto de Estudios Giennenses, 1994.

"Francisco Pizarro y la conquista del Imperio Inca", Bernard Lavallé, Editorial Planeta, 2007.