lunes, 23 de marzo de 2015

SAN DIONISIO AREOPAGITA EN TORREDONJIMENO

Foto de Manolo Fernández.
San Dionisio Areopagita, Patrón de Jerez de la Frontera

"...la tradición teológica ofrece un doble aspecto: lo inefable y misterioso, de un lado, y lo evidente y cognoscible, de otro. Lo primero se sirve del símbolo y requiere previo conocimiento. Lo otro es filosófico y emplea la demostración. Más aún: lo arcano se entrelaza con lo manifiesto."
 
San Dionisio Areopagita, "Carta IX"




UNA DEVOCIÓN POPULAR Y UNA DEVOCIÓN INTERIOR


Manuel Fernández Espinosa


Una de las imágenes que se procesionaban en Torredonjimeno, en la mañana del Viernes Santo, era la de San Dionisio Areopagita. Todavía se hacía en la primera mitad del siglo XX, como recuerda D. Juan Montijano en su "Séptima estampa tosiriana de antaño" , incluidas en "Historia de la Ibérica Tosiria". El mismo Montijano Chica nos describe la talla de San Dionisio: "obispo griego, con su anillo episcopal, mitra y báculo y con una capa pluvial encarnada y teniendo en su mano una gran esfera, de color azul oscuro".
 
San Dionisio aparece mencionado en los Hechos de los Apóstoles, entre los griegos que se convirtieron por la predicación de San Pablo en el Areópago de Atenas: "Quidam vero viri adhaerentes ei crediderunt; in quibus et Dionysus Areopagitaet mulier nomine Damais et alii cum eis" ("Algunos se adhirieron a él y creyeron, entre los cuales estaban Dionisio Areopagita y una mujer de nombre Damaris y otros más", Act. 17, 34.)
 
Dionisio era un miembro importante del llamado "Areópago" ateniense. El "Areópago" (o "colina del dios Ares") era desde el año 480 antes de Cristo y hasta el 425 d. C. la sede de un tribunal, por lo que deducimos que Dionisio, miembro del Areópago, era uno de los principales magistrados atenienses. Era tradición que D. Juan Montijano refiere que, aunque Dionisio no se hallara físicamente presente en el Calvario cuando la crucifixión de Jesucristo Nuestro Señor, sí que, cuando expiró Cristo el Viernes Santo y se sucedieron fenómenos como el oscurecimiento del sol, a manera de eclipse, el sabio ateniense Dionisio que estaba versado en astronomía, exclamó: "O el mundo perece o el autor de la naturaleza muere". El asombro del Areopagita se sustentaba en que es imposible, conforme nos refiere Montijano Chica, que en plenilunio se produzca un eclipse "según nos dice la ciencia astronómica y lo confirma la experiencia". Es de suponer que San Dionisio recordaría aquel eclipse cuando escuchara la prédica de San Pablo en el Areópago. Más tarde Eusebio de Cesarea (275-339) nos diría en su "Historia Eclessiae" que San Dionisio sería el segundo Obispo de Atenas, sucediendo en la sede episcopal ateniense a San Hieroteo el Divino.
 
La presencia de San Dionisio abriendo la procesión de la mañana del Viernes Santo podría parecer un despropósito, una anacronía, una arbitrariedad de nuestros antepasados, pero no lo era, pues hasta en los autos sacramentales se recordaban las palabras que pronunció, según la tradición, San Dionisio Areopagita el Viernes Santo en que Cristo expiró en la cruz del Gólgota.
 
¿Pero desde qué fecha incluyeron nuestros antepasados a San Dionisio Areopagita en nuestra Semana Santa? Según opinión de Francisco José Téllez Anguita, la cofradía de San Dionisio en nuestro pueblo "Se debió de  fundar en 1680 como consecuencia directa del terremoto que afectó a la villa el día 9 de octubre a las siete de la mañana". En efecto, el llamado "terremoto de Málaga" del año 1680 causó 70 muertos y un centenar de heridos en Málaga, además de causar mucho estrago y otras muertes en poblaciones próximas a Málaga. Incluso se acusó la onda sísmica más al interior: en Granada, en Córdoba, en Jaén y hasta en Sevilla, aunque los daños fueron de menor impacto. Por suceder este terremoto el día de la festividad de San Dionisio Areopagita, los andaluces entendieron ser una especial intercesión de San Dionisio el que el temblor de tierra no hubiera causado más perjuicios. Así lo dejó escrito el Cabildo de Jaén: "No hubo desgracias personales, gracias -según el Cabildo Municipal- a la intercesión de San Dionisio Areopagita, en cuyo día se produjo el seísmo. Se realizaron distintas ceremonias religiosas para dar las gracias y pedir a Dios" -nos cuentan Juan Antonio López Cordero y Ángel Aponte Marín en su libro "Un terror sobre Jaén. Las plagas de langosta, XVI-XX".
 
Fue a partir de este suceso que parece que creció la devoción a San Dionisio, no sólo en Torredonjimeno, sino en todo el Reino de Jaén como se desprende de las funciones religiosas que se hicieron en Jaén. Téllez Anguita refiere que "la universidad de clérigos de la parroquia de San Pedro en agradecimiento le hizo fiesta solemne y trasladó la imagen a la capilla de Santa Ana". Hay que tener en cuenta que en Torredonjimeno existía una ermita extramuros dedicada a Santa Ana (fuera de la ciudad, todo hace suponer que en el cortijo que todavía conserva su nombre), pero también existió en la iglesia parroquial mayor de San Pedro Apóstol de Torredonjimeno una capilla de las principales bajo el título de Santa Ana, en su suelo era inhumado el clero petrino, como se puede ver en no pocas entradas de los libros de Sepelios del archivo parroquial de San Pedro Apóstol. El aspecto más exterior de la devoción a San Dionisio era, por lo que hemos dicho, la memoria de gratitud por considerarlo protector contra el terremoto de 1680, pero el clero de San Pedro adoptó como propia esta devoción, llevando la imagen de San Dionisio nada más y nada menos que a su capilla enterramiento.
 
Esto tiene más significado de lo que a primera vista parece. La figura de San Dionisio Areopagita está envuelta bajo varias tradiciones que se le han superpuesto a lo largo de casi 2000 años. En primer lugar,  entre los siglos V y VI d. C., un místico bizantino empleó el nombre de Dionisio Areopagita para firmar una colección de escritos teológico-filosóficos que tendrán una repercusión colosal en la espiritualidad cristiana, tanto de la Iglesia latina como de la oriental, es el llamado "Corpus Areopagiticum" que contiene cuatro tratados ("Sobre la Jerarquía celeste", "Sobre la Jerarquía eclesiástica", "Sobre los nombres de Dios" y "Sobre Teología mística") y diez epístolas. Durante siglos se pensó que el autor de estos textos era el mismo San Dionisio del Areópago que es mencionado en los Hechos de los Apóstoles, pero la implacable crítica filológica creyó descubrir que el Obispo de Atenas y el autor de estos textos no podían ser el mismo personaje, por eso se habla del Pseudo Dionisio Areopagita cuando se trata del autor de estos libros. Sin embargo, durante siglos el "Corpus Areopagiticum" fue traducido, estudiado y comentado profusamente: Juan Escoto Eriúgena, Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz. Los tratados y epistolario de Dionisio Areopagita han sido para el cristianismo una de las tradiciones más fecundas, sobre todo para la mística.
 
Por si fuese poco, a San Dionisio Areopagita no solo se le identificó con el autor del "Corpus Areopagiticum", sino que también se le confundió con San Dionisio de París (martirizado el año 272, con sus compañeros Rústico y Eleuterio, posiblemente en Montmartre -Mons Martyrum- de París). A San Dionisio de París se le representa, debido a su leyenda hagiográfica, como un santo cefalófaro (portador en sus manos de su propia cabeza.) Sin embargo, en la Cristiandad la iconografía de San Dionisio Areopagita se confundió con la de San Dionisio de París; lo podemos ver en antiguos grabados, por ejemplo el de San Dionisio Areopagita de Jerez de la Frontera, ciudad que lo tiene como Santo Patrón desde la vuelta del culto cristiano a la ciudad.
 
Nuestro San Dionisio, tal y como nos lo pinta D. Juan Montijano, no llevaba su cabeza en las manos, como el de París, pero sí que iba revestido conforme a su orden episcopal, portando "en su mano una gran esfera, de color azul oscuro". El color azul está vinculado simbólicamente con la devoción, pero en el caso particular de San Dionisio la razón de una "gran esfera, de color azul oscuro" nos remite a la anécdota que más arriba hemos contado sobre el prodigioso eclipse que le hiciera exclamar la frase que se le atribuye. "El azul es la oscuridad devenida visible" -decía Gaston Bachelard; y que la bola fuese de "azul oscuro" nos está recordando que la completa noche se hizo visible con la muerte de Cristo en la Cruz.
 
San Dionisio hacía aparición por nuestras calles en la mañana del Viernes Santo: el pueblo le estaba agradecido por haberlo librado de las consecuencias más calamitosas del terremoto de 1680. Pero la clerecía de San Pedro Apóstol lo reservó para darle un culto más interno, más acorde con quien pasa por ser el gran transmisor de la iniciación mistérica cristiana: el misterioso Doctor del Arcano que nos habló de "secreta y sagrada tradición" (sic), que enseñaba que: "Nosotros, los hombres, no podríamos en modo alguno elevarnos por vía puramente espiritual a imitar y contemplar las jerarquías celestes sin ayuda de medios materiales que nos guíen como requiere nuestra naturaleza" ("De Jerarquía celeste").
 
El clero de San Pedro Apóstol de aquellos tiempos todavía sabía estas cosas. Hoy se han olvidado muchas, pero algunos encontramos en ellas nuestro alimento espiritual más sólido.
 

BIBLIOGRAFÍA:
 
 
 
Montijano Chica, Juan, "Historia de la ibérica Tosiria"
 
Téllez Anguita, Francisco José, "Un análisis de religiosidad popular. Las cofradías penitenciales de Torredonjimeno"
 
López Cordero, Juan Antonio y Aponte Marín, Ángel, "Un terror sobre Jaén. Las plagas de langosta, XVI-XX"
 
Holzner, Josef, "San Pablo. Heraldo de Cristo"
 
OBRAS COMPLETAS DEL PSEUDO DIONISIO AREOPAGITA, edición preparada por Teodoro H. Martín-Lunas, Biblioteca de Autores Cristianos

 
 
 

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