miércoles, 27 de mayo de 2015

IZNATORAF Y LA POLÉMICA SOBRE EL PASTOR PROTESTANTE DEL SIGLO XIX


"Vista panorámica de la localidad de Iznatoraf"

Luis Gómez.

Ya habíamos hablado en otras ocasiones en este blog sobre el protestantismo decimonónico en España o incluso las reacciones que, a los tosirianos por ejemplo, les produjo el hecho de saber que se edificaba un templo protestante en Madrid.

Al hilo de esas noticias traemos hoy, en esta ocasión, el caso del pastor protestante en Iznatoraf a finales del siglo XIX.

El tema dio mucho de sí en su día, y hubo periódicos de tirada nacional e ideología liberal que se hicieron eco de la noticia, poniendo a los habitantes de Iznatoraf, poco más o menos que, de fanáticos incultos o retrasados.

Pongámonos en situación.

Durante casi todo el siglo XIX fueron muchos los visitantes que recorrieron los pueblos de España. La gran mayoría lo hacían movidos por el romanticismo de la época, escribiendo en ocasiones libros de viajes al tiempo que, muchos de ellos, escribían informes para sus respectivos países, sobre las industrias, infraestructuras y condiciones del país anfitrión. Nos dice así Mª del Mar Serrano en su libro “Viajes y viajeros por la España del siglo XIX


En cambio, a lo largo del siglo XIX, que es el que con preferencia nos ocupa, visitaron España numerosos viajeros franceses como Alexandre Laborde, cuyo Itinéraire Descriptif constituye un empeño estadístico exhaustivo que hubo de ser de gran utilidad durante muchos años a posteriores viajeros; o Prosper Mérimée, que tanto abría de contribuir, junto con Théophile Gautier y Alejandro Dumas, a configurar la imagen romántica de Andalucía, o Charles Davillier y Gustave Doré que viajaron por una España surcada ya por el ferrocarril, deseosos de recoger lo que de esa imagen romántica de antaño quedara. Ingleses como George Borrow, cuya misión consistente en la difusión de biblias protestantes en un país profundamente católico prueba su amor por la aventura; o Richard Ford, cuya extensa obra sobre España no le ha salvado del calificativo de hispanófobo. Alemanes como GuiIlermo de Humboldt, estimulado por su amigo Goethe, el cual seguía en un mapa colgado en la pared de su habitación el itinerario que el historiador le indicaba en sus cartas. También italianos, como Edmondo de Amicis, interesado por la forma en que los españoles habían recibido a Amadeo de Saboya... Las publicaciones de relatos de viaje por España realizadas por autores extranjeros llegó a ser tan numerosa que Ramón de Mesonero Romanos, en el prólogo de una obra suya publicada en 1840, realizó un retrato satírico de los relatores, en este caso franceses, contraponiendo su superficialidad a la sólida obra de viajeros como Ponz, CavaniIles, Flórez o los hermanos Villanueva, que necesitaron años de estudio y dedicación antes de escribir sobre sus viajes”.

En la España decimonónica, los ingleses tenían un privilegio. Tras haber ayudado a los españoles contra los franceses en la Guerra de la Independencia (algunos autores no consideran que los ingleses ayudaran a España en la Guerra de la Independencia. Más bien al contrario, pues destruyeron infraestructuras imprescindibles para el sostenimiento de las colonias, privaron de recursos y destruyeron las incipientes competencias mercantiles que España poseía, privándole así de unas ventajas imprescindibles en el futuro lo cual supuso un penoso lastre a los españoles de todo el siglo XIX. Entre los saqueos y abusos de los franceses junto con las maquinaciones de los ingleses, España retrocedió industrialmente hablando dos siglos al pasado y quedó sumisa y dependiente de las exportaciones extranjeras, incapaz de montarse en el tren de la incipiente Revolución Industrial europea hasta pasados muchos años) muchas fueron las colonias de británicos que se establecieron en nuestro país. En Cádiz y Jerez, o en Gibraltar eran muy numerosas, y también lo fueron en Linares, aprovechando las explotaciones mineras. Allí se asentaron, llevando con ellos sus tradiciones, sus deportes (tenis y fútbol) y como no, su religión protestante o evangélica. Es en ese sentido donde debemos ubicar el caso de Iznatoraf.

Veamos como lo vendió la prensa decimonónica del momento: 



 "El Diario nacional "El Globo" se hace eco de la noticia" 

De Iznatoraf nos escribe persona fidedigna dando cuenta de un nuevo abuso cometido en contra de la tolerancia religiosa, de la civilización y de la cultura. A no abonar el relato quien lo abona, y pese á otros hechos análogos ocurridos anteriormente en Iznatoraf, muy en duda hubiéramos puesto semejante atentado, propio no más que de poblaciones salvajes ó de remotos siglos.
A fines de Abril llegó á la villa un pastor evangélico, inglés de nacimiento, y persona de distinguida educación cuanto de aspecto respetable. Subía el dia 2 por la calle del Castillo, la mas pendiente de la población, y dirigíase á su alojamiento, cuando de pronto le asaltó una fanática turba que, no contenta con cubrirle de denuestos, groserías é injurias, acabó por perseguirle á pedradas, ni mas ni menos que hubieran hecho con algún padre franciscano ó dominico los igorrotes famosos de Primo de Rivera.
El pastor, oyendo impasible los insultos de un centenar de mujeres y de otros tantos hombres, y recibiendo con la cabeza baja la lluvia de proyectiles que sobre él descargaba un bando de rapaces, hubo de recorrer un largo trayecto hasta que encontró, tras las puertas de su casa, el necesario refugio.

Para colmo de escarnio, la autoridad envió á apaciguar el tumulto la mujer de un alguacil, la cual (bien conocida, ciertamente, por sus malas costumbres), arengaba á la turba multa con las siguientes frases: «Insultadle cuanto queráis, mas no le tiréis piedras.» A tal punto hemos llegado después de trece años de tolerancia religiosa, después de proclamada hace tres siglos la libertad de conciencia. Hay españoles que atacan á un hombre inofensivo, á una persona que ni siquiera alardea de su religión ó de su culto, como ya ni en Marruecos, ni en Asia, ni en Oceanía se ataca á los misioneros católicos. Bien hará el misionero evangélico en llevar ante los tribunales á los agresores, pero mejor hará el gobierno, puesto que así cumplirá con su deber, exigiendo estrecha responsabilidad á las autoridades que tal han consentido. Y por cierto que dichas autoridades son consentidoras netas, que por ahora han sabido salir á flote del naufragio” (Diario “El Globo Ilustrado” 7/05/1881)


"Vista de una de las calles de Iznatoraf. (Foto Natalia y Alejandro)

Tal y como se puede apreciar, el periodista, al calor de su ideología liberal, trata de vender el asunto como un caso de atropello o fanatismo integrista. El liberalismo de la época quería arrasar con el clero y el trono, arremetiendo duramente contra estas instituciones. La masonería europea y española están cuajados de ese sentir, e incluso se crearon cabeceras editoriales dedicadas a ese aspecto (Un ejemplo de ese tipo de prensa es: “Las dominicales del libre pensamiento” cabecera radical muy crítica con el clero y los conservadores. Puede verse un ejemplo de lo que se habla en esta entrada de este mismo blog). 


"El sabio español, D. Marcelino Menédez y Pelayo"

Don Marcelino Menéndez y Pelayo, en su obra “Historia de los Heterodoxos Españoles” recoge este mismo caso del pastor evangélico, pero nos da otra visión sobre lo sucedido. Dice así el sabio español:

En el obispado de Jaén intentaron algo, con éxito muy dudoso, los mineros ingleses y alemanes de Linares, abriendo una capilla y comprando algunas apostasías, de las cuales fue muy ruidoso, después de la Restauración, el caso de Iznatoraf, donde un infeliz que se decía pastor evangélico, subvencionado por una señora inglesa, reclamó contra el párroco, que había bautizado a un hijo del susodicho pastor a ruegos de su madre. El ministro de la Gobernación, que lo era entonces el Sr. Romero Robledo, dio la razón al pastor contra el párroco, recomendó la caridad y la tolerancia y reprobó la conducta del alcalde que había tenido la entereza suficiente para encararse a que la forastera violentase con dádivas o con halagos la voluntad de los padres de la recién nacida”. (Historia de los Heterodoxos españoles, tomo II, Pág. 1.147, BAC, 1,956)

Es decir. Una mujer inglesa, haciendo proselitismo de su religión, daba grandes sumas de dinero a un hombre que decía ser de la religión evangélica y ser por lo tanto pastor protestante. Ese dinero debía de servir para que el pastor sufragase sus gastos como misionero evangélico en nuestro país. Al parecer una hija recién nacida en el domicilio de este pastor es llevada por la propia madre al sacerdote católico de la localidad de Iznatoraf para ser bautizada, motivo por el cual protesta el pastor evangelista. El pueblo llano se entera de lo sucedido y entra en liza, armándose el consiguiente lío que llegó a trascender de lo anecdótico local a lo nacional.

Aunque han pasado muchos años de este suceso, el hecho sigue dando de qué hablar. El sacerdote oriundo de Iznatoraf D. Pedro J. Agudo, escribía en el blog Iznatoraf.info, que hacía tiempo, y debido al hecho de haber publicado el sacerdote un libro sobre Iznatoraf, coincidió con otro señor que era pastor evangélico, el cual había leído su libro y el caso del pastor protestante que nos trata y dice así D. Pedro sobre el asunto:

Tenía y me dio tres fascículos con el título común de “Cuadernos de la Iglesia Evangélica de la provincia de Jaén”: uno, dedicado a IZNATORAF, otro, a VILLANUEVA DEL ARZOBISPO y el otro lleva por título D. ROBERTO J. SENINGTON, EL PRIMER MISIONERO INGLÉS DE LAS ASAMBLEAS DE HERMANOS QUE ESTUVO EN LINARES y que el año 1884 visitó también Iznatoraf, Villacarrillo, La Cañada de la Madera, y otros sitios de la zona.
En los tres fascículos pone de relieve cómo nacieron y vivieron las primeras comunidades protestantes en esta zona. Al texto de la Historia de los Heterodoxos Españoles, referente a Iznatoraf, recogido también por el autor de dicho fascículo, lo llama “texto Oficial”, y a él contrapone los fascículos como la versión verdadera.
En el fascículo de Iznatoraf presenta una lista, de hombres y mujeres, 19 en total, escrita a mano, que formaban la comunidad de cristianos evangélicos en el año 1890”.

Las informaciones parecen contradictorias, y el suceso no está claro del todo. otro autor, el historiador Juan Bautista Vilar, en su libro “Un siglo de protestantismo en España (Aguilas-Murcia, 1893-1979)” nos dice en la página 38 sobre este caso:

“(León B. Amstrong) era inglés, pero conocía bien el país y el idioma al término de un cuarto de siglo de residencia. Era un rico comerciante que liquidó sus negocios para dedicar su tiempo y dinero a dar testimonio del Evangelio”. Un poco más abajo, nos sigue diciendo el mismo autor: “El pastor llegó a Águilas acompañado de su esposa Julie, auxiliar eficiente en todas sus actividades. Aunque relacionados con la obra bautista, los Amstrong no dependían en el aspecto financiero de ningún comité nacional, ni recibían apoyo pecuniario regular de nadie. Se mantenía con sus propios recursos. Sólo de tarde en tarde les llegaban donativos de Inglaterra, Suecia y los Estados Unidos.” Dicha información aportada por Juan Bautista, autor del libro, discrepa de lo indicado anteriormente por D. Marcelino Menéndez Pelayo, quien si sabía de las aportaciones recibidas de una viuda inglesa. Pero no es la única información contradictoria. Sigue diciendo Juan Bautista Vilar en su libro: “El matrimonio estuvo anteriormente en Mérida y en el pueblecito jienense de Iznatoraf, próximo a Villanueva del Arzobispo. Trajeron con ellos una chica de ese pueblo, Leonor Gutiérrez, a la que educaron y trataron siempre como una hija”. En las notas del libro, el autor nos revela que a Leonor “La casaron con un colportor (El colportor es una persona, por lo general bien vestida, que llama a las puertas de las casas para ofrecer el Evangelio o vender la Biblia protestante. Actualmente, los Testigos de Jehová suelen ser los más asociados con la figura del colportor en nuestra región) apellidado Manjón, que debió conocerla durante una visita a Águilas. Ya anciana, murió hará unos años en Albacete, donde un hijo suyo figura entre los dirigentes de la importante congregación bautista local”.


"Retrato de un colportor de principios de siglo. Vendían sus Biblias por las casas"

Tenemos así que al parecer, la mujer que quedó embarazada era la joven Leonor Gutiérrez, que era oriunda de Iznatoraf. Podemos suponer que tendría algún escarceo amoroso fruto del cual le nacería un hijo. No sabemos si movidos por el padre de la criatura o por propia iniciativa de Leonor, el hijo recién nacido es llevado al sacerdote católico de la localidad para su bautismo. Enterado de todo el pastor protestante, es cuando se debería de haber liado el enojoso asunto local. Por lo que se apunta en la lectura de Juan Bautista Aguilar Vila, Leonor, con el paso del tiempo, se casaría una vez que Léon y su esposa Julie abandonaron Iznatoraf camino de la localidad murciana de Águilas. No sabemos decir si el hijo que en la localidad de Albacete lidera la comunidad bautista es el nacido en Iznatoraf u otro vástago nacido del matrimonio entre Leonor y el colportor Manjón.

BIBLIOGRAFÍA:
MENÉNDEZ PELAYO, M. “Historia de los Heterodoxos Españoles” Tomo II. La BAC. Madrid 1961
BAUTISTA VILAR, J. “Un siglo de protestantismo en España (Aguilas-Murcia, 1893-1979) Aportación al estudio del acatolicismo español contemporáneo” Murcia. Cátedra de Historia Contemporánea, Universidad de Murcia, 1982.
SERRANO, Mª M. “Viajes y viajeros pro la España del siglo XIX” Cuadernos Críticos de Geografía Humana, Barcelona 1993
Diario “El Globo Ilustrado” 7/05/1881
Blog de Cassia (Varios artículos)
Blog “Iznatoraf.info”

martes, 26 de mayo de 2015

"LA CRUZ DE CALATRAVA", EN RADIO JAMILENA FM


EL PADRE RECIO, PROTAGONISTA DEL PROGRAMA RADIOFÓNICO:
"LA CRUZ DE CALATRAVA"


Radio Jamilena FM ha tenido el acierto de ofrecer un espacio en su parrilla de programación a la historia comarcal: es LA CRUZ DE CALATRAVA, programa que capitanea nuestro amigo José Carlos Gutiérrez Pérez, historiador y cronista oficial de Jamilena.

Ayer 26 de mayo de 2015, invitados por esta Casa, tuvimos ocasión de compartir con José Jiménez Martínez y José Carlos Gutiérrez Pérez una espléndida tarde en la que hablamos de una figura para nosotros inolvidable: nuestro querido franciscano Rvdo. P. Fray Alejandro Recio Veganzones (q.e.p.d.), eminente historiador y arqueólogo que, aunque vallisoletano, se volcó en el rescate de la historia de Martos y la comarca. No podía haber mejor temática para quienes siempre hemos llevado a mucha gala haber sido discípulos directos del Padre Recio.
 
Aquí ofrecemos parte de la emisiónn radiofónica en directo, captada en vídeo.
 
 
 
 
 
Con antelación a incorporarnos al estudio de radio, para emitir el programa en directo, José Carlos Gutiérrez Pérez nos llevó de visita guiada la recoleta y preciosa ermita de San Francisco de Asís de Jamilena: así... Para preparar el ambiente, puesto que poco después íbamos a recordar a una figura tan estrechamente unida a la devoción de San Francisco de Asís entre nuestras gentes como fue el Padre Recio que, amén de arqueólogo de prestigio internacional, fue el último de los capellanes de la Orden Tercera de Franciscanos de Jamilena y de la de Torredonjimeno.
 
Gran tarde para rememorar a los buenos y transmitir a los seguidores de la radio un destello de aquella lumbrera de sabiduría que fue el P. Recio.
 
 
 
 
 

martes, 19 de mayo de 2015

EL HIDALGO QUE PINTABA TORREONES


Manuel Molina Zufía, en su estudio de artista
 
 
A LA MEMORIA DEL MAESTRO MANUEL MOLINA ZUFÍA, NUESTRO AMIGO,
QUE PASÓ A MEJOR VIDA EL 19 DE MAYO DE 2015
 
 
 
Manuel Fernández Espinosa
 
y
 
Luis Gómez López
 
 
 
 
 
Siempre es triste despedir a un amigo. Y hoy, todavía de cuerpo presente, no podemos dejar de apesadumbrarnos en las primeras horas en que nos hemos percatado del vacío que ha dejado entre nosotros, sus vecinos y amigos. El llanto, sobre el difunto -que dicen los castizos. Y, después de rezarte unas Avemarías al pie de tu ataúd, queremos hablar de ti, homenajearte como mereces, aunque mereces mucho más.
 
Manuel Molina Zufía falleció esta madrugada, se fue plácidamente, con la discreción que siempre caracterizó su vida de hombre bueno entre nosotros. Todo el pueblo lo conocía y lo apreciaba. Fueron muchos años los que trabajó atendiéndonos cuando comprábamos un billete de autobús a Jaén, a Martos... Hasta su jubilación se empleó dando la cara al público para los autobuses UREÑA: con su cordialidad, su bonhomía, su clásico bigote de galán.
 
Nosotros también tuvimos la fortuna de conocerlo y tratarlo, primero en la Hermandad y Cofradía de Jesús Orando en el Huerto de los Olivos y María Santísima de la Fe y el Amor, en los buenos tiempos de Cristóbal Liébana López, otro grande que se nos fue. Más tarde, cuando emprendimos la aventura de nuestra revista ÓRDAGO, ahí estaba Manolo, siempre dispuesto a nutrirnos con fotografías antiguas y dibujos suyos.
 
Hemos pasado buenas horas con Manolo, en su estudio artístico, hablando de los viejos tiempos que él conoció y nosotros conocimos mejor gracias a sus noticias. Siempre que nos encontrábamos en la plaza, en la calle, era algo más que un "Adiós": nos parábamos, nos dábamos parte de estas y las otras novedades, nos emplazábamos para vernos algún día y las puertas de su casa, siempre abiertas para nosotros. La diferencia de edad no era un obstáculo para que hubiera entre Manuel Molina Zufía y nosotros una simpatía que fluía.
 
Su conversación era reposada y siempre amena. El tema príncipe de nuestras tertulias con él fue el arte, que vivía apasionadamente. Dominaba el arte: no sólo en su ejecución (lo mismo al carboncillo que con pinceles), sino que se notaba que había estudiado a fondo la historia del arte, las técnicas, los secretos de los clásicos de todos los tiempos y, con preferencia, los barrocos. Pero otro de sus temas predilectos eran las historias de la vieja Tosiria, de la que sabía bastante. Una de las ramas de su árbol genealógico, nos lo contó él mismo, procedía de Navarra y esos antepasados suyos se habían asentado en Torredonjimeno tras la Tercera Guerra Carlista. Manolo Molina Zufía había tratado a todos nuestros grandes locales de la segunda mitad del siglo XX: a D. Juan Montijano, a D. José López Arjona... Y atesoraba muchas anécdotas de ellos que transmitía con su campechanía y particular gracejo de gentil caballero. Nunca le oímos una palabra fea de nadie: pues como cristiano callaba, cuando no podía alabar. Esposo ejemplar y buen padre, el buen recuerdo de su paso por esta vida quedará no sólo en sus más cercanos familiares: su viuda e hijos, sino en todos cuantos tuvimos la suerte de tratarlo.
 
Como hombre de profundas creencias la religión fue uno de los temas predilectos de Manolo, fuente de continua inspiración para su obra pictórica. Y el otro, fueron los rincones de nuestra patria chica, que también plasmó en sus lienzos, en sus óleos, acuarelas y dibujos: el Molino del Cubo, la Torre Fuencubierta... Con el arte expresó su mundo interior, habitado por sus devociones locales y el amor que tuvo siempre a Torredonjimeno.
 
Se nos hará raro pasar por la plaza o por la calle Santa Teresa y no volver a verlo más: con su guayabera, su sombrero, su bastón, con las hechuras de hidalgo de otro tiempo, de mejores tiempos, cuando había tiempo para admirar las cosas más cercanas y sencillas, detenerse a contemplarlas, hacerle unos versos a un palomar o dibujar la vetusta torre parroquial.
 
Te añoraremos, Manolo. Y te recordaremos siempre paseando, llevándote a tu estudio de pintor una idea, una imagen, a la que dedicarle un tiempo para captar el núcleo de eternidad de toda cosa que, en la evanescencia efímera de su realidad material, se mantiene durante un tiempo. Pintor de torreones que son símbolo de fortaleza y resistencia fuiste, Manolo. ¡Cómo añorabas tiempos de honor y caballerosidad! Como nosotros los añoramos.
 
Como creemos en la otra vida, te despedimos, con el consuelo de que estés gozando ya de la eterna gloria de Dios Nuestro Señor.
 
 
 
Torre Fuencubierta, dibujo de Manuel Molina Zufía

 
 

viernes, 15 de mayo de 2015

El crimen del conde de la Puebla de los Valles en Jaén




"D. Melchor Liñán y Cisneros, I Conde de la Puebla del Valle. Al ser religioso y no poder ostentar títulos nobiliarios lo cedió a su hermana"

Luis Gómez

Uno de los sucesos luctuosos más sonados acontecidos en el Jaén del siglo XIX es sin lugar a dudas el asesinato a cuchilladas de D. Ramón Calvo de Tejada y Valenzuela, conde de Puebla de los Valles, en Jaén en 1848.

Era don Ramón descendiente por parte de hermana de “Don Manuel de Valenzuela García de León Pizarro, nacido en Madrid, octavo Conde de la Puebla de los Valles, casado con doña Josefa Hernández Martínez, el cual hizo cesión del título en virtud de Real Cédula de 3 de Julio de 1831, con la debida autorización Real a favor de su sobrino, hijo de su hermana, don Ramón Calvo de Tejada y Valenzuela”. Nuestro personaje es por tanto “el noveno Conde de la Puebla de los Valles, con reserva de derechos, patronatos y propiedades referentes al Mayorazgo y señoríos a favor de su tío y linaje. Fallecidos ambos sin sucesión, el derecho sucesorio el linaje sigue en el hijo segundo de don Manuel, séptimo Conde, don Antonio de Valenzuela García de León y Pizarro, nacido en Madrid en 1829, Abogado de los Reales Consejos, del Tribunal Regional de Villanueva de la Serena, en Extremadura, Alcaide de la Puebla en Guadalupe, de la Orden Gerónima, Magistrado de la Audiencia de La Habana, Caballero de la Orden de Isabel la Católica, que casó en Villanueva de la Serena con doña Nicolasa de Santisteban y Fernández Ladero, hija del Brigadier don Francisco de Santisteban, Presidente del Tribunal de esta ciudad, caballero de la Orden de Alcántara, con sucesión” [Revista Hidalguía, nº154-155, año 1979]. Los tíos de D. Ramón fallecieron sin sucesión, y en él recayó sus bienes y posesiones.

Andando el tiempo, y tras la muerte de Fernando VII, sucederá en España la guerra civil denominada I Guerra Carlista. Los partidarios de Carlos V, hermano de Fernando VII y legítimo sucesor al trono por vía masculina, se unen para combatir a los  isabelinos, partidarios de la reina niña y de su madre, la regente Mª Cristina.  Estos se apoyaban en la abolición de la Ley Sálica y la vigencia de la Pragmática Sanción realizada en el lecho de muerte y a instancias de su esposa por Fernando VII para asegurarse el trono en contra de los partidarios de Carlos.

Desde 1833 hasta 1840, dos Españas se batieron a sangre y fuego. Siete años en los que numerosas familias lo perdieron todo: maridos, hijos, casas y tierras. La guerra terminó, -al menos oficialmente- con el denominado “Abrazo de Vergara


Al inicio del conflicto, el rey Carlos hubo de exiliarse con algunos de sus partidarios a Portugal. Allí, en el vecino país, se ventilaba una guerra dinástica similar a la española, entre partidarios de los miguelistas y los septembristas partidarios del rey Pedro I de Brasil. De allí, el monarca embarcaría para Inglaterra, mientras que sus seguidores eran trasladados en penosas condiciones de un lugar a otro de Portugal. Muchos de ellos eran altos mandos militares de la causa carlista, nobles y hacendados españoles que optaron por seguir a su rey, y que ahora en el destierro, se les trataba como esclavos. Muchos murieron en esos trances, pues los liberales españoles, allegados al país vecino, incitaban a los habitantes de los pueblos portugueses por los que había de pasar la columna de presos carlistas para que se les negase pan y cobijo y se les diese el peor de los tratos. [Véase para este episodio "La Expedición Rodil y las legiones extranjeras en la 1ª Guerra Carlista", D. Gonzalo de Porras y Rodríguez de León, Ministerio de Defensa, año 2004 o bien un resumen en “La crueldad y felonía de los filántropos liberales: nuestra memoria histórica]. Los que pudieron sobrevivir escaparían a la vecina Francia, y una vez allí, se aprestarían a atravesar los Pirineos para luchar en el bando Carlista.


"Vistas de los olivares de la Campiña. Las tierras siempre han sido objeto de litigios en todas las épocas"

Muchos nobles de los que participaron en la contienda –en uno y otro bando- lo habían perdido todo. Era común en ambos ejércitos, que en sus zonas de influencia (por simplificar digamos que el norte para los carlistas y el sur para los isabelinos) expropiasen y enajenases los bienes de los rivales, ejemplarizando así ante sus partidarios una acción de castigo y de paso contribuyendo con ello a los gastos de guerra que ambas facciones mantenían. Casas, tierras y propiedades cambiaron de unas manos a otras en ambas zonas.

Los alcaldes y autoridades de la época eran los encargados de ejecutar las expropiaciones de esas propiedades, dándoselas, en el mejor de los casos, a los antiguos arrendatarios o inquilinos, y en el peor, a familiares o partidarios de su facción política. Ese lamentable espectáculo está todavía reciente en la memoria de nuestros mayores, pues en la pasada Guerra Civil del 36, ocurrió algo muy similar, pasando casas y tierras de unas manos a otras en virtud del bando que ejercía el control de la zona.


Tras la contienda, y gracias a indultos reales, muchos de los exiliados carlistas pudieron regresar a España. Una vez en suelo patrio, se dedicaron a recuperar su patrimonio y a solucionar las deudas pendientes que habían dejado tras el transcurso del conflicto armado.  Es en esa tesitura cuando encontramos la siguiente noticia inserta en la prensa decimonónica:


"Vista moderna del Arco del Consuelo en Jaén. En dicho lugar se perpetró el brutal crimen del Conde de la Puebla"

ANDALUCIA.—JAÉN 3 de octubre

“—Acaba de presenciar Jaén un atentado poco común en él, por el carácter, en lo general, pacífico de sus habitantes. Serian las siete y media de la noche de ayer cuando al retirarse á su casa el señor conde de la Puebla fué asaltado por dos hombres que, sin hablar una palabra, se saciaron brutalmente en darle de puñaladas, de cuyas resultas acaba de fallecer á las cinco de esta mañana digo que se saciaron, porque pasan de doce las heridas que le hicieron.—El conde de la Puebla fué uno de los que acompañaron a don Carlos á Portugal, y no le abandonó hasta hace muy poco tiempo que vino de Francia, y habiendo conseguido una real orden para que se le devolviesen todos sus bienes, incluidas varias fincas que poseía en el pueblo de Martos, las que aquel ayuntamiento había distribuido entre los vecinos y estos habían mejorarlo considerablemente, se encontraba en esta practicando las diligencias al efecto, y no falta quien sospeche que á esto le debe la muerte”.
El suceso conmocionó a la provincia entera, y fruto del mismo se empezaron a realizar pesquisas e investigaciones pertinentes.

Según relata Teodoro Caño en su blog “La era del Cortijillo” , el asesinato del conde de la Puebla fue, según sus investigaciones y en parte a la transmisión oral recibida por parte de su familia- un problema de abuso de autoridad de la época, en el que el Conde de la Puebla, abrumado por deudas y para poder pagar lo que debía, desarraigó a los arrendatarios de sus tierras privándoles de su sustento, motivo por el cual se perpetró el crimen.

Según sus noticias, el suceso tuvo lugar en Jaén capital. Los criminales se desplazaron de sus localidades de origen a Jaén portando consigo las futuras armas del crimen.  Después de acudir a un afilador  para sacar filo a los cuchillos de matarife que llevaban, se escondieron a la espera de poder perpetrar una celada al conde de la Puebla. Una vez avistado, le asaltarían y entre ambos arremeterían con dichos instrumentos de carnicero asestándole al noble hasta unas doce cuchilladas, dejándolo en aquel lugar moribundo, pero no muerto. Trasladado éste a su domicilio, moriría poco después a resultas de las graves heridas infligidas.


Al parecer –siempre según la opinión del citado blog- serían los remordimientos por el crimen perpetrado el que llevaría a la justicia a los asesinos confesos.


"Vistas de la Plaza del Mercado de Jaén a principios de siglo XX"

Al año siguiente del luctuoso crimen podemos leer en la prensa nacional:   

NOTICIAS DE LAS PROVINCIAS. Acerca de la ejecución de los asesinos del conde de la Puebla, dicen de Jaén al Heraldo lo siguiente con fecha 20: «Hoy han sufrido la pena de muerte en garrote Silvestre Melero y Juan Melero Espejo, naturales de Martos, autores del asesinato del señor conde de la Puebla de los Valles, que tuvo lugar en esta ciudad hace más de un año. El cómplice en dicho crimen Malaquías de Mora, ha presenciado la ejecución de sus compañeros en la argolla, y después está condenado á cadena perpetua. Los primeros se han mostrado en la capilla con bastante valor y resignación, que han sostenido hasta el último trance: no así el Malaquías, que ha estado sumamente abatido á pesar dé no tenor que sufrir como sus compañeros la pena de muerte, y si durante la capilla se ha prestado a lomar algún alimento , ha sido á fuerza de instancia de aquellos, los cuales, á pesar de su crítica situación exhortaban al Malaquías á que tuviese ánimo y valor, no habiéndolo podido conseguir, pues en el tránsito de la cárcel al lugar del suplicio iba tan abatido y desfallecido, que cualquiera hubiera creído que él era el reo de muerte y sus compañeros se conducían á presenciarle. El justo odio que inspira un crimen tan atroz y horrible como el que ha dado lugar á esta ejecución, se había  resfriado mucho en el largo tiempo transcurrido desde que se cometió al día de su expiación, y así es que generalmente se ha sentido la muerte de esos desgraciados. Por fortuna el triste espectáculo que hemos presenciado en el día de hoy, son muy raros en esta capital, cuyos moradores de costumbres sencillas y bastante moralizadas, se horrorizan á la idea de un crimen tan atroz como el que han visto castigar, cuyos autores, así como el asesinado el señor conde de la Puebla eran vecinos de la Villa de Martos”.

Según se da entender, las tierras en litigio estaban ubicadas en lo que hoy es término municipal de La Carrasca o del de Monte Lope Álvarez.

Pero al parecer, las motivaciones criminales no son tan simples como se deja apuntado más arriba. Según se refiere en la página redjaen sobre este suceso, podemos leer que:


El 5 de octubre de 1848 tuvo lugar el crimen más sonado en Jaén desde el Condestable. Fue asesinado en el Arco del Consuelo el carlista Ramón Calvo, Conde de la Puebla de los Valles tras su regreso de Francia junto al pretendiente Don Carlos de Borbón. La reina Isabel había enajenado sus bienes en Martos en favor del pueblo. Fue asesinado por dos marteños que trataban de impedir su restitución. Su hermano y heredero fue asesinado en Martos también días después de un trabucazo. Los autores Juan Melero Espejo y Silvestre Melero Espejo fueron ejecutados en el Ejido de Santa Isabel a garrote el 25 de octubre 1849 ante más de 12.000 personas. Su cómplice Malaquias de Mora fue condenado a cadena perpetua y presenciar la ejecución”.


"Vistas de la ciudad de Martos a principios de siglo XX"

Por lo que se puede apreciar, a parte de la premeditación y la alevosía en el primer crimen, hubo otro ocurrido a los pocos días, sucedido en el hermano del conde. Al parecer el objetivo era dejar sin descendientes legítimos que pudieran litigar por la titularidad de las tierras y reclamarlas ante la Justicia, para así poder disfrutarlas de por vida por los nuevos propietarios. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Apresamiento de una partida de bandoleros en Jamilena.


"Vista de Jamilena desde la sierra. Al fondo la Peña de Martos y vista de la Campiña Los cerros de alrededor siempre fueron un buen refugio para los ladrones y salteadores de caminos"

Luis Gómez

Escribíamos en este blog una entrada sobre la aprehensión del famoso forajido “Antonio el de Martos” en Rute. La noticia nos llevaba a lo peligroso que era en el siglo XIX transitar por los caminos, pues numerosos partidas de bandoleros pululaban por las sierras y cortijos de la comarca, los cuales, aprovechándose de una Justicia y fuerzas de seguridad incipientes, asolaban y atemorizaban el agro de la Campiña jaenera.

Algunas veces, cuando la Guardia Civil detenía a algunos de estos salteadores, en vez de ejecutarlos o ponerlos a buen recaudo, se les ofrecía la posibilidad de redimir sus cuentas para con la Justicia de una manera provechosa. Se les permitía trabajar para los cuerpos y fuerzas de seguridad de la época pasando de ser forajidos  o salteadores de caminos a vigilantes de los mismos. Su amplio conocimiento de las sierras, los escondites y la complicidad popular, les hacía unos agentes auxiliares de extraordinario valor. Ese es el caso de los Botija o del propio José María “El Tempranillo”.

Reproducimos pues esta curiosa notica sobre el apresamiento, en la vecina localidad de Jamilena, de una partida de forajidos, algunos de los cuales, según se indica, eran oriundos de la misma. El suceso fue posible gracias a la colaboración de los Botija, hermanos de Torredelcampo y que antaño formaban parte de la famosa banda de los “Botija”. Dice así la noticia:  

—CAPTURA DE BANDIDOS. De Martos escriben al Eco con fecha del 9 de febrero de 1846

En la tarde de ayer han sido aprehendidos en la población de Jamilena, distante media legua de esta villa y pertenecientes á su distrito judicial, los bandidos Antonio Bumaño (sic) Pulido y Manuel Caballera Soto, de este domicilio y Miguel Círico Fernández de Algarrobo, muy conocidos por sus crímenes, por los que eran temidos en los pueblos de esta circunferencia, pudiendo citarse mas de una familia que por sus maldades quedó en orfandad, y no pocas á que privaron de los medios de subsistencia. Su captura, que es del mayor interés y garantiza la seguridad de estos vecinos, se ha debido á los hermanos Miguel y Manuel López, vecinos de Torrecampo conocidos por los Botijas, y antiguos jefes de la partida de seguridad, auxiliados por la guardia civil; y nos consta que ha sido consecuencia de un espionaje y persecución activa combinada por las autoridades de provincia con el juez y alcaldes de esta población, quienes desde mucho tiempo hace ha venido preparando la combinación que tan buenas resultados ha dado. Es de esperar que Continúen con igual celo y actividad en la destrucción de cuantos criminales puedan abrigarse en estas inmediaciones