jueves, 30 de julio de 2015

DANZAS DE ESPADAS EN EL REINO DE JAÉN

Danza de Espadas de Los Lanzaores de San Sebastián, Cabezas Rubias
(Andévalo, Huelva): foto Huelva Buenas Noticias.

Manuel Fernández Espinosa




A pesar de la devastación que, con el tiempo, se ha acusado de nuestras formas tradicionales (devociones, costumbres, música, danzas, etcétera), el estudio de nuestro pasado siempre es revelador y nunca deja de ser aleccionador. Esta vez traemos dos pasajes documentales que son elocuentes por sí mismos. Ambos hacen referencia a la existencia de un tipo de danza muy concreto (herencia antiquísima) en nuestra comarca de Jaén. Se trata de las primitivas Danzas de Espada, de las cuales quedan puntuales vestigios locales en Landaluzía (en la comarca onubense del Andévalo, p. ej.), aunque se conservan todavía pletóricas en Euskalherría. He ofrecido una aproximación en "Nuestras ancestrales danzas guerreras" (en el blog Mundivm)
 
Julio Caro Baroja comenta que estas danzas (de origen guerrero) "se celebran especialmente con motivo de las fiestas patronales asimismo, o de la del Corpus: danzas que se han encontrado en toda Europa, desde Andalucía hasta el Norte de Inglaterra y desde las costas eslavas del Adriático a Escandinavia".

En ellas intervienen varios mozos. Con el rigor y erudición que caracterizaron al maestro antropólogo vasco, Caro Baroja realizó varios estudios sobre las particularidades que mostraba la "ezpata dantza" vasca, la cual reviste en Euskalherría una rica multiplicidad de formas, dependiendo de la localidad en que se han conservado estas danzas. Caro Baroja contaba para su estudio con más bagaje documental de lo que podemos hallar en otras partes de la Península Ibérica. Así, por ejemplo, el sabio alemán Guillermo Humboldt (1767-1835) tuvo ocasión de dejar constancia en sus libros de viajes de las danzas vascas que pudo ver todavía en su siglo, como muchos otros viajeros extranjeros que se admiraban del grado de pureza que en las tradiciones se mantenía en las Vascongadas. Tampoco faltaron vascos amantes de sus tradiciones que registraron por escrito noticia de estas antiquísimas danzas, como fue Juan Ignacio de Iztueta, con su libro de 1824, titulado "Guipuzcoaco dantza gogoangarrien condaira edo historia..." ("Noticia o historia de las más memorables danzas de Guipúzcoa...": el título original es más largo, pero se nos agradecerá que seamos escuetos).
 
En Landaluzía (ver nota), en cambio, estas manifestaciones folklóricas apenas se nos han conservado (salvo lugares muy contados como es el caso de Puebla de Guzmán o Cabezas Rubias, ambas poblaciones de Huelva) y tampoco hemos tenido la fortuna de contar con hombres cultos que en su época, cuando todavía se ejecutaban estas danzas con sus espadas y coreografías particulares, registraran para la posteridad la composición de los danzantes, su indumentaria y pasos de danza. La incuria ha hecho así que se olvide casi del todo estas tradiciones en nuestras gentes y nuestros pueblos, sucediéndose en el tiempo esa "traición" a la tradición: sustituyendo estas costumbres genuinas de nuestros festejos por modas extrañas y ajenas a nosotros.
 
Sin embargo, aunque prácticamente desaparecido hasta su recuerdo, nos complace participar a nuestros lectores de la noticia que nos ha hecho llegar nuestro amigo D. Ildefonso Rueda Jándula sobre la indiscutible existencia de danza de las espadas en Arjonilla, sea por lo tanto agradecido su gentil gesto al proporcionarnos este valiosísimo material para nuestros estudios folklóricos.
 
He aquí los fragmentos textuales en que se hace mención de esta ancestral costumbre en Arjonilla:
 
Del año 1601 nos llega este párrafo: "Que por librança del qº. pagó a Pedro López Vela y consortes, músicos ochenta y ocho reales porque celebraron la fiesta del Santísimo Sacramento y a Manuel de Acosta maestro de escuela de la Villa de Arjona treynta e seis reales por una dança que trujo el dicho día y a los jitanos que sacaron una dança y bailaron otros treynta y seis reales y a Francisco Parrado y consortes que sacaron una danza de espadas otros treynta y seis reales".
 
En el libro de cuentas del Cabildo, correspondiente al año 1608, vuelve a encontrarse otra suculenta cita que dice así:
 
"por librança del qº. de quinze de abril del dicho año pago a Alonso Fernández vezino del Marmolejo veinte y quatro reales en tres fanegas de cebada que hubo de aber de hazer en esta Villa una dança de espadas la mañana de Resurreción y mostró librança y carta de pago...".
 
(La negrita cursiva es nuestra)
 
Aunque parcos en detalles, ambos pasajes documentarios nos refieren sin lugar a dudas la costumbre de solemnizar las festividades religiosas (el Corpus Christi y el Domingo de Resurrección) con las "danzas de espada". Se infieren varios detalles que merecen ser comentados:
 
1º La palabra "consorte" (en su acepción -no de "consorte" como esposa, sino- de "persona que es partícipe y compañera con otra u otras en la misma suerte") nos lleva a pensar en buena lógica que existían "compañías" que, con un grado de cierta profesionalización, se prestaban a ofrecer estas danzas de espada como atracciones festivas en las solemnidades en que se las contrataba.
 
2º No se trata de un hecho aislado,  de una sola y rara compañía de danzantes espadeadores en Arjonilla, puesto que se colige leyendo los dos fragmentos que son dos los "buruzari" (vocablo vasco con el que se indicaba al "capitán" de la compañía de espada-danzadores): Francisco Parrado (que figura en 1601) y Alonso Fernández (en 1608). Asimismo se ofrece el no menos interesante dato de que el segundo que cobra por los servicios prestados por su compañía de danzantes es oriundo de la localidad de Marmolejo (lo que hace muy plausible que la compañía también fuese de Marmolejo). Esto legitima a pensar que Arjonilla era una de las muchas localidades que podía contratar los servicios de estos danzadores gladíferos. Y no sería descabellado pensar que hubiera muchas más "compañías" de espada-danzadores tanto en la comarca como en el Reino de Jaén.
 
3º Frente al olvido de estas tradiciones, se alzan los documentos que por recónditos que estén en los archivos parroquiales, municipales y familiares que se han conservado, nos remiten a nuestros verdaderos orígenes, salvándonos de la falsificación de nuestra identidad a manos de desaprensivos que nos quieren convencer de ser lo que no hemos sido nunca.
 
Para las instituciones locales tendría que ser una prioridad reinstituir estas tradiciones, creando las infraestructuras pertinentes: un grupo profesional de etnólogos que lleven a cabo estudios comparativos para fijar los pasos de danza que se estimen oportunos, creación de grupos coreográficos que estudien, ensayen y ejecuten estas danzas en los días festivos y oferta de las instituciones religiosas o civiles que podrían enriquecer sus solemnidades con estas atracciones genuinamente autóctonas. Que vuelvan a reavivarse estas tradiciones venerables, aunque tengamos que prescindir de la pureza coreográfica de nuestros antepasados, por la incuria que nos ha hecho perder tanto.
 
Mejor eso que contemplar con desolación la pérdida de nuestras verdaderas señas de identidad histórica, étnica y folklórica, suplantadas por formas cuanto menos extrañas a nuestro ser.   
 
 
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Nota: Como bien apunta nuestro amigo y compañero de investigaciones, el escritor y folklorista sevillano, D. Antonio Moreno Ruiz, fue Unamuno quien llamaba Landaluzía a Andalucía que, en euskera significaría algo así como "Tierra Grande". Nosotros vamos a emplear este término, para devolverlo a poner en curso frente al más común de Andalucía, que tantas veces se confunde con una realidad contraria a nosotros: Al Andalus.
 
FUENTES:
 
Caro Baroja, Julio, "Estudios Vascos VII: Baile, Familia, Trabajo", Editorial Txertoa, San Sebastián, 1976.
 
Fernández Espinosa, Manuel, "Nuestras ancestrales danzas guerreras", MUNDIVM, miércoles 23 de julio de 2014.
 
Moreno Ruiz, Antonio, "De Vasconia a Andalucía", MUNDIVM, domingo 26 de julio de 2015.

miércoles, 29 de julio de 2015

ESCUDO DE ARMAS DE D. MIGUEL GÓMEZ DAMAS

 
 
CON TÍTULO NOBILIARIO DE MARQUÉS DE ORBAICETA
 
Manuel Fernández Espinosa
 
 
En su libro "Heráldica patronímica española y sus patronímicos compuestos: ensayo heráldico de apellidos originados en los nombres", D. Vicente de Cadenas y Vicent escribe: "En plata, cinco escudetes de azur, puestos en cruz, cargados de una lis, de plata, cada uno. (Privativas de los descendientes de Miguel Gómez Damas)".
 
Es éste el escudo de armas otorgado por D. Carlos María Isidro de Borbón a D. Miguel Gómez Damas, con el título nobiliario de Marqués de Orbaiceta; título que, por razones obvias, no tuvo más valor que el simbólico, puesto que el General Gómez marcharía al exilio tras el Convenio de Vergara y la Causa por la que combatió no tuvo más premio que la proscripción para los leales. En tanto que el General Gómez murió sin descendencia directa, son sus descendientes colaterales los que podrían reclamar este escudo como propio.
 
 


miércoles, 22 de julio de 2015

ENMASCARADOS ANCESTRALES: TERROR Y FIESTA

 
Ilustración del "Cañarrasca" de Arjonilla: imagen de la CRÓNICA DE ARJONILLA



EN EL SANTO REINO DE JAÉN NO TODO LO QUE ESTÁ ENTERRADO, ESTÁ MUERTO


Manuel Fernández Espinosa



En 1837 Heinrich Heine escribió en París su ensayo "Espíritus Elementales", en el cual decía: "En Westfalia, la antigua Sajonia, no todo lo que está enterrado está muerto". Se refería con esta frase a la pervivencia de creencias y costumbres paganas en los estratos más profundos de la cultura alemana. En Jaén, en Andalucía, también podríamos decir que no todo lo que está enterrado, está muerto.

De un tiempo a esta parte se han sobrevalorado las aportaciones judías y mahometanas en Andalucía y se siguen sobrestimando, siempre conformes a una línea oficialista cuyo discurso intelectual podríamos identificar como eso que llaman la "teoría de las tres culturas" y que, intelectualmente, constituye una falsificación de nuestra identidad comunitaria.

A poco que rasquemos en las antiguas tradiciones de nuestras localidades hallaremos arcaicos vestigios que emparentan a los andaluces con el resto de pueblos hermanos de la Península Ibérica y no con árabes ni con moros ni con judíos. La prueba está en que símbolos, costumbres y tradiciones, pertenecientes a estratos pre-cristianos, fueron asimilados por el cristianismo que en gran medida los acomodó.

Más allá del Carnaval que ha conservado el disfraz y la máscara, antiquísimas culturas agrícolas y matriarcales conformaron asociaciones masculinas de carácter secreto, cuyos miembros empleaban las máscaras de animales o demonios para ejercer el terror como instrumento de dominio en la comunidad. Con esas máscaras trataban de aterrorizar a las mujeres que ejercían un enorme poder social y a los profanos que no pertenecían al grupo. Es algo que ha estudiado la antropología difusionista, como el antropólogo alemán Fritz Graebner (1877-1934) a la cabeza. Estas instituciones, aunque no han sobrevivido al tiempo, se han perpetuado en algunas fiestas invernales que podemos encontrar en Vascongadas, Portugal, Galicia, Aragón, Asturias, Zamora, Cataluña. En ellas, los jóvenes del pueblo, con máscaras que representan animales cornudos salen por las calles correteándolas en ademán de invadir el pueblo y agredir en broma a los que no van enmascarados.

Carnaval de Bielsa (Aragón)


En el norte y centro de Europa lo que encontramos es un solo personaje demoníaco que, dependiendo del lugar, se le conoce con los nombres de "Knecht Ruprecht", "Klaubauf", "Pelzebock", "Schmutzli"... O el más habitual de "Krampus" (que deriva de un vocablo que significa "Garra"). El demonio Krampus andorrea las calles de las ciudades cada 5 ó 6 de diciembre, su máscara es aterradora y hace sonar cadenas y carracas que inducen al miedo: su función es la de castigar a los niños malos en contraste con el premio que San NIcolás da a los niños que se han portado bien.

El demonio navideño centroeuropeo Krampus


Gracias a las informaciones aportadas por D. Ildefonso Rueda Jándula y D. José Manuel Marchal hemos localizado en Arjonilla, en nuestro Santo Reino de Jaén, una antiquísima tradición que puede ponerse en relación con el "Krampus" centroeuropeo (e, indirectamente, con las mascaradas zoomórficas que más arriba hemos comentado). Se trata del personaje que los arjonilleros llaman el "Cañarrasca" que también hace su aparición en las fiestas navideñas y cuyo atavío es un traje de cañas, cubriéndose la cara con una máscara, llevando prendidas campanillas y máscara cornífera. Es muy probable que, como la mayor parte de las rarezas etnológicas que estudiamos, no se trate de un caso aislado, sino de la supervivencia de una costumbre mucho más extendida por toda la comarca, habiendo subsistido en Arjonilla mientras que en otras localidades ha desaparecido. Y estoy convencido de que, a partir de este artículo, podremos reunir más datos en esta dirección que refrenden que, en otras poblaciones de Jaén (y Andalucía), personajes similares (cofradías de enmascarados o un enmascarado semejante, seguro que con otro nombre) eran en tiempos remotos parte de nuestro acervo. 

Lo que ha existido por lo general, de un tiempo a esta parte, es una asombrosa incuria por todo lo que no fuese de presunto origen judaico o islámico (en ese frenético afán por apuntalar la falsa identidad que se nos impone). Es por ello que se han desatendido todos los elementos indígenas propios que pudieran vincular nuestras tradiciones folklóricas con los pueblos hermanos del norte de España y de Europa. La noticia y el estudio de nuestras expresiones folklóricas serán la clave para recobrar nuestra auténtica identidad étnica, discriminando como postizos elementos culturales que son del todo exógenos y cuya genealogía cultural es disparatada. 

Como decía aquella anciana que tanto me enseñó, Juliana Ocaña García (q.e.p.d.): "Hay que "sorrascar" bajo las cenizas del brasero, para que afloren las brasas": las brasas de nuestra verdadera identidad. 

En Jaén, en el antiguo Santo Reino de Jaén, no todo lo que está enterrado está muerto.



LECTURAS RECOMENDADAS ENLAZADAS:


"EL "CAÑARRASCA" VISITA EL MERCADO NAVIDEÑO EN EL DÍA DE SU CLAUSURA", CRÓNICA DE ARJONILLA

"ARJONILLA LLEVA EL CAÑARRASCA HASTA LA "FERIA DE LOS PUEBLOS"", CRÓNICA DE ARJONILLA

"LA CULTURA DE LAS MÁSCARAS. EL DOMINIO MASCULINO EN LAS ANCESTRALES SOCIEDADES MATRIARCALES", MUNDIVM

Libro: "El carnaval", Julio Caro Baroja.

Reportaje: Tras Os Montes (Portuga). Mascaradas de invierno


 

TESTIGOS TOSIRIANOS EN LOS PRODIGIOS DE ARJONA (SIGLO XVII)


 
 
 
 
LA EXTINTA COFRADÍA DE SAN BONOSO Y SAN MAXIMIANO DE TORREDONJIMENO
 
 
 
 




Texto: Manuel Fernández Espinosa

Fotografías: cedidas gentilmente por miembros
de la Cofradía de los Santos de Arjona.
 
 

Un día del año de 1616, Juan Muñoz, vecino de Andújar, se hallaba en Arjona cuando a eso de las once de la noche, entre la torre mocha y la torre del reloj, oyó tres golpes de una esquila, que le parecieron los sones de la campanilla que anunciaba el Santo Viático. Divisó una luz, y se descubrió la cabeza para esperar con todo respeto lo que creía ser el Santísimo Sacramento. Pero nadie pasó. Lo tuvo como cosa de duendes, y al día siguiente fue a confesarse con el prior de San Martín de Arjona. El prior prometió que lo acompañaría al lugar de los extraños fenómenos esa misma noche.
 
 
En el mismo lugar entre la torre mocha y la torre del reloj, Juan Muñoz y el prior, a las once de la noche oyeron el tañido de la campanilla y entonces apareció un niño de unos doce años, en hábito de fraile. El prior, espantado, sacó la espada y conjuró a la infantil aparición: "Si eres cosa del otro mundo, di lo que vienes a buscar de nosotros". El niño respondió: "No es tiempo", y acto seguido se desvaneció en el aire.
 
 
Doce años después de aquel suceso que no contaron a nadie ni Alonso Muñoz ni el prior, Alonso de Aguilera paseaba con don Miguel Mendoza por la torre del Rastrillo. Eran las once cuando Alonso vió un hombre con un bordón blanco en la mano que paseaba por donde lo hacían los dos hidalgos. Alonso temió tropezar con el extraño paseante, pero al pasarle al lado la figura lo traspasó sin que el hidalgo sintiera obstáculo alguno, extrañándose de bulto tan inmaterial. Contaron el suceso al prior de San Martín, y el cura achacó a excesos de vino lo que decían haber visto, prohibiéndoles que contaran a nadie lo ocurrido.
 
 
Pero luces, cruces luminosas, ruidos y demás fenómenos sin explicación natural se iban repitiendo en Arjona. Circulaban por aquel entonces una serie de falsos cronicones -años antes había pasado algo parecido en el Sacromonte de Granada con unos falsos plomos que pretendían fusionar las religiones católica y musulmana con clara preferencia de ésta última, pues sus autores habían sido moriscos. Pero muy distintas eran las falsificaciones del presunto Flavio Dextro, que narraban mixtificaciones de martirios y hagiografías con el propósito de edificar cristianamente a los pueblos andaluces.

 
LOS FALSOS CRONICONES.
 

Por este tiempo, corriendo el año 1628, el doctor Francisco Ibáñez de Herrera manda desde la Universidad de Baeza una carta al Cabildo de Arjona para que la vecindad se aprestara a honrar la memoria de dos mártires, Bonoso y Maximiano. El carmelita P. Fray Francisco de Santa María había transmitido al catedrático Francisco Ibáñez de Herrera que, según el cronicón de Flavio Dextro, Arjona tenía el honor de ser lugar de martirio de estos soldados al servicio de Roma que fueron torturados y muertos en una de las primitivas persecuciones decretadas por Diocleciano. Francisco Ibáñez de Herrera se puso en contacto con el Cardenal Obispo de Jaén, D. Baltasar Moscoso y Sandoval, para que diese las licencias oportunas que permitiesen que los arjoneros honraran la memoria de sus mártires.
 
 
Los fragmentos del presunto Flavio Dextro se habían impreso el año 1619 en Zaragoza. En 1627 fueron Cádiz y León de Francia las ciudades donde se dio a la estampa el centón pseudomartirológico. En Madrid se imprimió en 1640. La edición de Zaragoza estuvo a cargo del franciscano P. Fray Joan Calderón, y muy pronto los fragmentos de Dextro concitaron el interés de hombres doctos como el poeta Rodrigo Caro o el P. Fray Francisco de Bivar que añadieron a las sucesivas ediciones sus notas y comentarios críticos. Desde sus primeras estampaciones los fragmentos del pseudo-Dextro habían sido piedra de escándalo. Los arqueólogos de la época se habían enzarzado en disputas sobre su autenticidad, dando lugar incluso a rupturas entre los discrepantes, como ocurrió con Rodrigo Caro y el poeta de las flores, Francisco de Rioja.
 
 
Para las fechas de sus primeras ediciones, su verdadero autor, el jesuíta toledano P. Jerónimo Román de la Higuera, había muerto. Su autor no había conocido la impresión de los manuscritos que atribuía a la autoridad de Flavio Dextro, persona y autor real de los primeros tiempos del cristianismo, pero del que hasta la fecha se desconocen escritos que se nos hayan conservado. No obstante, los manuscritos habían circulado de Diócesis en Diócesis. Parece fuera de toda duda que Román de la Higuera había mezclado verdades con fabulaciones con la intención de edificar las almas con relatos martiriales.

 
PROSIGUEN LOS PRODIGIOSOS SUCESOS.
 

No obstante, a pesar de la sombra de falsedad que pesa sobre el cronicón de Flavio Dextro, Arjona empieza a vivir una serie de manifestaciones fuera de los marcos de la normalidad. Y eso, como hemos comprobado por las declaraciones más tempranas, antes de que los textos del pseudo-Dextro se hicieran públicos (los primeros acontecimientos paranormales datan de 1612). Persisten las cruces luminosas y las apariciones de extrañas criaturas; la vecindad empieza a entusiasmarse, entre temerosa y maravillada, contemplando unos prodigios de luz. A veces es una multitud de arjoneros la que asiste a espectáculos sobrenaturales.
 
 
Si a la pública admiración por las inexplicables luces se le suma la noticia del presunto martirio de Bonoso y Maximiano en Arjona, huelga decir que las autoridades de la época, creyentes hasta la credulidad, comenzaron la búsqueda de las reliquias de Bonoso y Maximiano.
 
 
Después de encomendarse a Dios, por medio de la Reina de los Mártires, se inician una serie de cavas que, al cabo de unos días, sacan a la luz restos humanos acompañados de vestigios materiales que hacen cierto un espantoso suplicio acontecido en las murallas de la ciudad. El pueblo se entusiasma, y da por hecho que los cráneos que se han descubierto pertenecen a San Bonoso y a San Maximiano. Pero no cesan las excavaciones, y de esta forma se descubre un inaudito osario que da pruebas de una antigua matanza: huesos, instrumentos de tormento, cráneos claveteados, huesos taladrados... Indicios todos de haberse practicado en tiempos pretéritos una colosal hecatombe. El hallazgo de una moneda en las riberas del Guadalquivir da carta de naturaleza a toda esa serie de descubrimientos. Se trata de una moneda que se acuña como conmemoración de dicho holocausto. Su leyenda dice: "SUPERTITIONE CHRISTIAN. DELETA/MUNICIPIO ALBENSE URGAVONENSE", o sea: "La superstición cristiana fue destruida (en el) Municipio de Alba Urgabonense".
 

CRISTÓBAL VERGARA, TESTIGO DE AQUELLOS SUCESOS.
 

No sólo se habían descubierto los restos mortales de San Bonoso y San Maximiano. Había aparecido un cúmulo de restos óseos que se atribuyeron a la legión de mártires asesinados junto con los dos soldados, hermanos y naturales de Iliturgi, a manos de los persecutores y verdugos del cristianismo.
 
 
Las reliquias que se extraían de las entrañas de la tierra producían efectos maravillosos. Algunas se iluminaban, otras se inflamaban en llamas que no quemaban, al igual que la zarza ardiente de Moisés, otras también tenían efectos salutíferos obrando milagros y otros huesos rompían inopinadamente en una efusión de sangre.
 
 
Los vecinos de Arjona y cuantos forasteros se hallaban por accidente o de paso por Arjona se apresuraron a hacerse con reliquias extraídas de aquellas cavas. Y fue que por ese entonces que estaba en Arjona un tal Cristóbal Vergara, natural y vecino de Torredonjimeno. Él fue uno de los testigos examinados por el tribunal eclesiástico en Arjona, uno de los muchos que depusieron de qué modo vieron luces, al parecer milagrosas, ya en el aire, ya en las murallas, ya en los huesos encontrados, así como cruces resplandecientes en el aire, visiones, sonidos de campana, fenómenos paranormales relacionados con esos huesos, músicas y sanidades operadas por la aplicación de las supuestas reliquias.
 
 
Cristóbal Vergara trajo consigo a Torredonjimeno no sólo el relato de lo que pudo admirar en Arjona, sino una de las reliquias, y sin tardanza la villa de Torredonjimeno se aplicó a erigir una hermandad con el propósito de ir a Arjona en el día grande de los Santos Mártires Bonoso y Maximiano. Así consta en documentos de la ciudad vecina, cuando nuestros antepasados solicitaron un lugar en las celebraciones religiosas arjoneras: "El alcalde y los regidores de la hermandad [de Torredonjimeno] hecha en honra de Dios y de los Santos Bonoso y Maximiano, pidieron sitio para poner una cruz y lugar en que hubiesen de ir en la festividad destos Santos en la procesión, con sus insignias." Dicha solicitud fue admitida a 28 de diciembre de 1628.
 
La Hermandad de San Bonoso y San Maximiano de Torredonjimeno se extinguió. Pero nunca es tarde para reanudar la tradición.
 


 



domingo, 19 de julio de 2015

LA ORDEN DE BALLESTEROS DE LA VERA-CRUZ DEL REY SAN FERNANDO DE SANTA ELENA



DISTINGUE EL SERVICIO A LA SOCIEDAD Y A LA CULTURA


No todas las órdenes religioso-militares creadas en la Reconquista de España pervivieron. Esto significa que, además de la Orden de Santiago, la de Calatrava y la de Alcántara, hubo en España otras Órdenes religioso-militares o militares con un alto componente devocional que, en el correr de los siglos, fueron desapareciendo por mucha razones, entre las cuales sería significativo el proceso de concentración en las grandes Órdenes tradicionales más arriba referidas.
En el reino de Aragón, reinando Alfonso I el Batallador (según Peter Rassow en el año 1122), Alfonso I el Batallador instituyó la Cofradía de Belchite, cuyo objetivo era defender los territorios reconquistados a los andalusíes y avanzar: "Los cofrades nunca tendrán paz con los paganos, sino que todos los días deberán atacarlos y hostigarlos, exceptuados aquellos que estén sometidos a los cristianos", además se impulsaba a esta Cofradía de Belchite a repoblar los territorios reconquitados en la frontera. Según José Ángel Lema Pueyo: "la [cofradía] de Belchite destacaba por una característica peculiar. Unía a la intención piadosa y penitencial una finalidad militar" y, dentro de ese espíritu religioso y combativo se admitían diversos grados de compromiso: desde el miembro plenamente integrado que llevaba vida de monje y ermitaño hasta el padre de familia que se armaba para combatir al invasor. "Los vecinos y cofrades de Belchite, por su parte, lanzarían algaradas y cabalgadas por el Bajo Aragón y Levante". En el Monasterio de San Juan de la Peña existen dos laudas sepulcrales en cuyo texto epigráfico se nos da noticia de Sanz de Asso y un tal Jimeno que murieron en lucha contra el musulmán. Poco más se sabe de esta cofradía que era el embrión de una Orden Religioso-Militar.
Tras la Batalla de las Navas de Tolosa de 1212, en el norte de Jaén, también asistimos a la creación de una Cofradía de características similares a la aragonesa de Belchite, esta vez en Vilches. Una de las noticias que se nos ofrecen sobre esta Orden la encontramos en el armorial "Nobleza de Andalucía", de Gonzalo Argote de Molina quien nos dice:
"Ha perseverado en Vilches, lugar de la jurisdicción de Baeza, cinco leguas de ella, en memoria de esta batalla, una Cofradía de trescientos hombres, que desde este lugar van cada año el día de este santo Triunfo en procesión por el lugar de esta batalla tres leguas, hasta los palacios reales donde está la ermita de Santa Elena que por gloria de este día fué allí edificada, donde se juntan gran número de cofrades de aquella comarca, y están allí tres días celebrando con gran solemnidad esta fiesta, al cabo de los cuales se vuelven á sus casas, y tienen en Vilches un antiquísimo libro los de esta cofradía de la historia de esta batalla en gran veneración".
La Orden de Caballeros Ballesteros de la Vera-Cruz del Rey San Fernando, con sede en la Casa de las Órdenes sita en Santa Elena, ha celebrado este fin de semana los actos correspondientes a esta tradición ocho veces centenaria en Santa Elena.
El sábado 18 de Julio de 2015, tras la Santa Misa, oficiada por Monseñor Serafín Sedano, Capellán de la Casa Real de España, los Caballeros de la Orden y autoridades militares y de las Fuerzas Armadas rindieron homenaje a los Caballeros Cruzados Caídos en la Batalla de las Navas de Tolosa de 1212. Al término de la procesión que salió de la Casa de las Órdenes hasta la antigua ermita de Santa Elena, los Caballeros celebraron la tradicional comida de hermandad en el Hotel Alfonso VIII de Santa Elena, donde a muchas personalidades del Ejército, las Fuerzas Armadas y los ámbitos culturales, les fueron concedidas las Medallas por su labor y ejemplo en la defensa de la Patria, de la sociedad y de las tradiciones. Este año 2015 la Orden de Caballeros Ballesteros de la Vera-Cruz del Rey San Fernando ha venido a distinguir con la Medalla de Honor a D. Manuel Fernández Espinosa, cofundador y codirector de la Asociación Cultural Cassia y la revista ÓRDAGO de Torredonjimeno, por su labor cultural en la defensa y divulgación de las tradiciones del Santo Reino de Jaén.
Entre los presentes y también condecorados destacan miembros de la Benemérita Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército Español que, venidos de todos los rincones de España, se han señalado sobresalientemente en una impecable conducta de caballerosidad, honor y valor.

lunes, 13 de julio de 2015

MIGUEL GÓMEZ DAMAS O LA CLEMENCIA EN LA GUERRA CIVIL

 

General Gómez Damas



PAZ Y GUERRA SI ME LA HACEN

Dedicado a mi amiga Doña Pilar Badiola

 
Manuel Fernández Espinosa



Allá por el siglo III antes de Cristo, el caudillo galo Breno venció al ejército del romano Quinto Sulpicio. Los romanos propusieron pagarle 1000 monedas a condición de liberarse y el intrépido celta sentenció: "Vae victis" (¡Ay, de los vencidos!).

Así ha sido a lo largo de los siglos. Los ejércitos derrotados, las naciones conquistadas, los pueblos vencidos apenas se han beneficiado de la clemencia ante el arrollador paso de sus vencedores. Tal vez por eso, por no haber vencido, es que el carlismo todavía sea un gran desconocido. Como reacción popular contra la revolución liberal y burguesa el carlismo se echó al monte en tres guerras durante el siglo XIX. El entusiasmo popular que generaba no pudo vencer contra maniobras traicioneras, como la de Maroto, ni contra un ejército gubernamental, mejor pertrechado y auxiliado por potencias como Inglaterra y Francia que estaban especialmente interesadas en imprimir a España una dirección bien contraria a la naturaleza y la tradición españolas. Todavía en el siglo XXI, comunicadores como Federico Jiménez Losantos o César Vidal, prosiguen la campaña desfiguradora del carlismo, propagando tópicos sin apenas detenerse a considerar el fenómeno con un mínimo rigor intelectual. Jiménez Losantos, p. ej., ha culpado al carlismo de ser inspirador del nacionalismo vasco de Sabino Arana, sin considerar que fue el carlismo el que más sufrió con la irrupción del nacionalismo. Y bien podemos considerar la novela "Bilbao no se rinde", de César Vidal, como paradigma panfletario que reúne todos los tópicos que contra el carlismo se han ido creando desde el siglo XIX: crueldad, fanatismo, oscurantismo, opresión, etcétera. 

He tenido ocasión de explicar recientemente, en la revista impresa NIHIL OBSTAT, que las patrañas sobre las que se ha montado una imagen del todo distorsionada del fenómeno histórico del carlismo son insostenibles, me refiero a mi artículo "Tribulaciones del carlismo en camino a su reintegración". Resumidamente diré aquí que las tres grandes mentiras que cunden sobre el carlismo quedan totalmente desmontadas al menor esfuerzo que hagamos de estudiar el fenómeno en la bibliografía más amplia, nacional y extranjera, y -lógicamente- en los documentos de la época.

1) El carlismo no fue una simple cuestión dinástica, sino que fue una cuestión política: no podría explicarse que el carlismo todavía exista en el siglo XXI si fuese una cuestión exclusivamente dinástica.

2) El carlismo no fue un fenómeno restringido a ciertas zonas norteñas españolas, sino que fue un fenómeno que afectó a la totalidad de España: lo hemos demostrado y seguiremos demostrándolo desde las páginas de ÓRDAGO y desde este mismo blog. Muchos que siguen EL BLOG DE CASSIA también han emprendido en sus respectivas poblaciones indagaciones sobre el carlismo y lo han podido comprobar.

3) El carlismo no fue un fenómeno limitado a unas elites tradicionales (clero, aristocracia...), sino que fue un fenómeno transversal sociológicamente. Los hombres que formaban en las filas del carlismo en la I Guerra Carlista eran voluntarios, mientras que el ejército gubernamental (el de la Regente María Cristina y su hija Isabel) eran llamados por los carlistas los "peseteros", pues no militaban por convicciones. Por muchos curas, frailes y militares profesionales que hubiera en la España de 1833, sin la adhesión heroica de un pueblo no se comprende que se pudiera prolongar una guerra por siete años (y me refiero a la I Guerra Carlista; recordemos que hubo tres en el siglo XIX). Y esa amplia base social a favor del carlismo existió en España hasta bien entrado el siglo XX: una gran parte del pueblo español era carlista -es lo que no dicen los manuales de texto ni en los Institutos de Enseñanza Secundaria. El carlismo incluso tuvo sus contactos con el movimiento obrero que, en la III Guerra Carlista, estuvo a punto de entrar a formar parte del carlismo, truncándose ese propósito por la dirección que marcaron las logias masónicas a sus agentes infiltrados en el Movimiento Obrero, así como haciendo lo posible por apartar de la dirección de éste a los líderes obreristas (no-masones).

Dicho esto vamos a abundar hoy en algo que, considero, es toda una lección histórica muy poco conocida y cuya ignorancia hemos de atribuir a esa falsa imagen que del carlismo se ha ofrecido por parte de sus "vencedores". Y por tocar de lleno a una de las figuras más gloriosas de nuestra historia local no dudamos que será lo suficientemente interesante para nuestros paisanos.

El General Miguel Sancho Gómez Damas, preclaro hijo de Torredonjimeno, no sólo fue el protagonista de una hazaña militar tan notable como su famosa Expedición, estudiada incluso en las academias militares extranjeras. También fue en su conducta, para con las ciudades conquistadas y para con los prisioneros, uno de los modelos más impecables de carlista, de cristiano caballero y español. Y eso fue algo que incluso tuvieron que reconocerle los liberales menos sectarios de su época.

Así lo describe un contemporáneo suyo, adversario político, pero libre del achaque propagandístico de la difamación y la calumnia:   




"Dotado de una hermosa presencia varonil, y en una edad, en que la madurez moral no disminuye todavia las fuerzas fisicas, D. Miguel Gómez, antiguo teniente coronel de ejército, habia sabido ganarse el amor y la confianza de sus soldados por medio de un constante esmero en procurarles ocasiones de adquirir gloria, al par que la satisfaccion de sus justas necesidades. Siempre á su lado ó á su frente, jamás habia consentido que estuviesen privados de lo necesario, sin que el participara de sus mismas privaciones. En los diferentes mandos, que desempeñó bajo las ordenes de Zumalacárregui, de quien fue gefe (sic) del estado mayor, y de Eguia, no solo había manifestado un valor poco común, sino tambien cierta templanza, ó mas bien, moderacion en el uso de la victoria, que le hacia contrastar ventajosamente con otros caudillos de uno y otro bando, cuyos nombres marcará la posteridad con muy distintos colores."

Es cierto que Ramón Cabrera, caudillo carlista, destacó por su crueldad haciéndose acreedor del apodo de "Tigre del Maestrazgo", pero también habría que saber que a la pobre madre de Cabrera la fusilaron los liberales por el solo hecho de ser madre de un "faccioso", lo que desató la cólera de Cabrera convirtiéndolo en un sanguinario exterminador de todos los enemigos que encontraba a su paso. Cabrera, habiéndose incorporado a la columna de nuestro paisano Gómez, añadiendo algunas de sus tropas, fue expulsado por Gómez de la Expedición por la poca clemencia que el Tigre del Maestrazgo mostraba con los prisioneros. Para eso, lo cuenta Pío Baroja, Gómez se citó con él y con otro caudillo valenciano, a las fueras del campamento carlista, y con unos vascos leales escolta de Gómez, éste les dejó claro a los dos que no los quería tener en su columna, debido a su comportamiento inhumano y les ordenó resolutivamente que se montaran en sus respectivos caballos y, con sus pertenencias, ambos regresaran al Maestrazgo, no sin antes decirles: "Vosoltres sols" (Vosotros solos). 

Frente a la ejecución sumaria de los prisioneros, a lanzazos algunas veces, Gómez fomentaba una política de firmeza, pero clemente. Así redactó nuestro paisano una de las muchas circulares que despachó, para poner en libertad a los prisioneros hechos en las escaramuzas y batallas que se produjeron a lo largo de su Expedición:

"Ejército Real de la Derecha.- Bajo el juramento que ha prestado de no volver a tomar las armas por ningún pretexto durante la presente lucha, y con la indispensable obligación de regresar al seno de su familia, concedo libertad y seguridad de su persona y bienes a......., natural de........, el cual....... en.......

Y encargo a las autoridades tanto civiles como militares dispensen a este interesado toda protección, contra cualquiera ofensa que se le intente hacer a pretexto de sus opiniones políticas, pues según las benéficas y paternales miras del Rey N(uestro) S(señor) no debe ser molestado por ellas 

Cuartel General de......., de....... de 1836.

El Comandante General - Miguel Gómez".


No obstante, digamos que la actitud de Cabrera o de otros carlistas tenía explicación por las crueldades que de antemano habían sufrido, las que habían hecho patente sus enemigos liberales que no tenían contemplaciones ni con los civiles. Los militares gubernamentales de María Cristina e Isabel eran implacables con el pueblo: llevaron a cabo ejecuciones, devastaron los núcleos rurales que creían afectos al carlismo, siguiendo las pautas  de guerra de exterminio, empleadas por el liberal Espoz y Mina años antes, durante el Trienio Negro Liberal de 1820-1823. En el interior, en zona controlada bajo el gobierno liberal de María Cristina, imperaba el terrorismo de Estado: las llamadas Milicias Urbanas, una suerte de organización paramilitar de signo progresista, armadas y consentidas por el gobierno ejercían la más tremenda de las represiones sobre todos aquellos que eran conocidos por sus simpatías carlistas o simplemente sospechosos de ser favorables a los carlistas. Lo cuenta alguien nada sospechoso de partidista, un extranjero para más señas: el protestante inglés George Borrow en "La Biblia en España" y que vino a España por esas fechas, para difundir la Biblia protestante por encargo de la Sociedad Bíblica. Las palizas propinadas por estos "urbanos" a los sujetos reputados de carlistas eran el pan de cada día. La Iglesia católica fue víctima de Álvarez Mendizábal que, alegando complicidades entre el clero y el carlismo, procedió a exclaustrar conventos y expropiar los bienes eclesiásticos para repartirlos con sus amiguetes liberales. Muchos carlistas que vivían en zona cristina/isabelina sufrieron también el despojo de sus bienes y el hostigamiento gubernamental.

Y, sin embargo, la política impuesta por el General Gómez siempre fue la del perdón a los prisioneros, a condición de que estos juraran no tomar las armas y se recogieran en sus casas, como arriba ha quedado claro por la circular emitida por nuestro paisano en plena campaña. No había en el General Gómez revanchismo, ni odio ideológico alguno. Y es que el carlismo no es una ideología, como bien explica Javier Barraycoa, en su artículo "El carlismo: una visión metahistórica": "El carlismo no es una ideología, sino principios encarnados". Y así lo demuestra el General Gómez, cuando habiendo conquistado con sus tropas la ciudad de Santiago de Compostela, emitió este bando:








"Y en cuanto a los urbanos, que temerosos por la aproximación de las tropas de mi mando, hayan abandonado sus hogares, pueden volver á ellos seguros de que no serán jamás molestados por razón de opiniones, de cuya verdad [de lo que les digo] ya tienen repetidos ejemplos con los que se han presentado en la ciudad de Oviedo, fuera de lo notoria que es la conducta que hemos observado con los demás del reino. 

Cuartel general de Santiago a 18 de Julio de 1836.- 

El Comandante General Gómez."

Esto nos puede parecer increíble, pero fue cierto. Nos puede parecer increíble por haberse registrado, a lo largo del siglo XIX y, con mayor virulencia, en el correr del siglo XX, truculentos genocidios por motivos religiosos o ideológicos: se siguen cometiendo en nuestros días. Los blancos contra los rojos y los rojos contra los blancos, sin darse tregua, matándose los unos a los otros por el solo hecho de tener "ideologías" enfrentadas. El carlismo -repetimos- no es una ideología, si lo fuese no tendría cabida una manifestación más respetuosa para con los que, en una Guerra Civil, siendo adversarios han terminado cayendo, por derecho de conquista, bajo el poder carlista.

En ese mismo bando citado arriba, el General Gómez se dirigía a los gallegos, en estos términos:

"Yo confío en vuestro patriotismo y unión. A las armas, gallegos leales, a las armas: la victoria es segura; porque la causa es justa, es legítima, es santa y el rey de los ejércitos la protege. Imitad el valor y la constancia de los navarros, vascongados, castellanos y otros muchos; y entonces cesarán los sacrilegios, las profanaciones de los templos, los asesinatos de sus ministros y otros tantos crímenes inauditos de tan aciagos tiempos; entonces serán abatidos y escarmentados; entonces, en fin, la paz y la unión nos harán verdaderamente religiosos y felices a nuestros hijos".

Un liberal no sectario llega a decir de nuestro paisano y su expedición: 

"La conducta que Gomez empezaba á observar en Estremadura (sic) era del todo conforme á su caracter ó al plan que se habia propuesto seguir, y asi despues de licenciar los prisioneros hechos en Almaden y los que nuevamente hizo en Guadalupe, mando bordar en sus banderas la palabra Paz, debajo de la cual se leía, y guerra si me la hacen."

¿Dónde está aquí el fanatismo? ¿Dónde ese odio cainita contra el enemigo, presente en todas las guerras civiles? ¿Dónde la despiadada crueldad, por desgracia tantas veces repetida en los conflictos de ayer y hoy? ¿Dónde está, en fin, esa bestia negra que nos han pintado del carlismo?

Mentiras, nada más que mentiras. 

Esa era su divisa, la que mandó poner en las banderas de su columna nuestro paisano, el carlista Miguel Sancho Gómez Damas:


PAZ

Y GUERRA SI ME LA HACEN.



sábado, 11 de julio de 2015

LOS PRIMO DE RIVERA Y TORREDONJIMENO

Fernando Primo de Rivera, cuadro de Ferrer Dalmau



















LA FAMILIA TOSIRIANA DE LOS PRIMO DE RIVERA


Manuel Fernández Espinosa



Los Primo de Rivera constituyen uno de los linajes aristocráticos cuajados en el servicio a España, en el Ejército Español y en la Armada Española, habiendo dado ilustres miembros a lo largo de varios siglos. Destacaron en la defensa de la España de Ultramar, en América y Filipinas, a lo largo del siglo XVIII y XIX; con la pérdida de la España Americana retornaron a la Península, participando en todos los conflictos civiles y coloniales.

Será a finales del siglo XIX cuando obtengan las máximas distinciones y títulos nobiliarios. Así es como un Primo de Rivera, el capitán general Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, recibió el título de I Marqués de Estella en 1877; a éste Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, también I Conde de San Fernando de la Unión, se le otorgó Grandeza de España por su desempeño contra los carlistas en la III Guerra.

Para las dos figuras históricas más emblemáticas del clan Primo de Rivera serían D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja y su hijo, José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, sobradamente conocidos por su trascendencia histórica en el siglo XX. Con el beneplácito de Alfonso (XIII), Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923, poniéndose al frente de un Directorio Militar que resolviera los graves problemas que atravesaba España: la palabra "Dictadura" suena muy fuerte, pero hay que tener en cuenta que en los gobiernos del Dictador Miguel Primo de Rivera hubo colaboración de personalidades del PSOE y UGT. Alfonso (XIII) le instó a que dimitiera el 28 de enero de 1930, exiliándose a París, falleciendo el 16 de marzo de 1930.

Su hijo José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia nació el 24 de abril de 1903. Era abogado y primogénito del Dictador. Las circunstancias históricas que vivió y el piadoso afán de restaurar el buen nombre de su padre lo empujó a la política activa, fundando la Falange Española. Fue detenido antes de estallar la Guerra Civil bajo la acusación de conspiración, condenándosele a muerte y siendo ejecutado en Alicante el 20 de noviembre de 1936. José Antonio no disparó ni una bala, pues se pasó el final de su vida en la cárcel hasta ser fusilado, mientras en España nos matábamos unos a otros. Su figura fue empleada por la propaganda franquista, llamándosele el "Ausente" y su retrato se ostentaba en todos los ámbitos públicos.

El árbol genealógico de los Primo de Rivera, tan abigarrado como el que más, nos exime de dar cuenta al pormenor de detalles, pues lo que queremos destacar aquí, es lo que nos importa, es la relación entre los Primo de Rivera y Torredonjimeno, pues la hubo.
Y la relación de los Primo de Rivera con una familia de Torredonjimeno se produce cuando Doña María Cobo de Guzmán y Moreno contrae matrimonio con Fernando Primo de Rivera y Orbaneja en 1909. Fernando era hermano de Miguel Primo de Rivera y tío, por lo tanto, de José Antonio Primo de Rivera. Nacido en Cádiz el año 1879, ingresó en la Academia de Caballería en 1898 y amplió su formación militar en la Academia de Caballería de Saumur, en Francia.
Fernando sobresalió en la Campaña de África, combatiendo a los rifeños. Y murió el 6 de agosto de 1921 en Monte Arruit, a consecuencia de heridas cuando, siento Teniente Coronel, estaba como segundo del heroico Regimiento de Caballería "Cazadores de Álcantar" nº 14.
Su esposa que, más arriba, hemos referido se llamaba María Cobo de Guzmán y Moreno. Era hija de Ángel Cobo de Guzmán Calle y María Moreno, siendo los abuelos de María Cobo de Guzmán, D. Teodoro Cobo de Guzmán Ardio (nacido en Mancha Real el año 1825) que fue concejal del Ayuntamiento de Mancha Real en el año 1845 y en el 1850. D. Teodoro había casado en segundas nupcias con una tosiriana, Carlota Calle Martos cuyo domicilio estaba en la Calle Rabadán de Torredonjimeno.
La viuda del heroico D. Fernando Primo de Rivera y Orbaneja falleció el 18 de Enero de 1968. María Cobo de Guzmán y Moreno, la tía de José Antonio Primo de Rivera, dejó tres hijos: Inés, Dolores y Miguel Primo de Rivera y Cobo de Guzmán, conde de San Fernando de la Unión, casado con Doña María Antonia Urquijo de De Federico. María Cobo de Guzmán y Moreno, la tía de José Antonio Primo de Rivera, era por lo tanto, nieta de una tosiriana.
José Antonio Primo de Rivera y Saénz de Heredia

viernes, 10 de julio de 2015

LOS HERMANOS SENISE

Foto de Manolo Fernández.
Los tosirianos Antonio y Paco Senise,
fotografía de andaluciainformacio.es
 
 
 
DOS ARTISTAS DE LA CALLE EL NORTE
 
 
Manuel Fernández Espinosa
 
 
En la segunda mitad del siglo XIX llegó a España, procedente de Italia, un relojero italiano. Con el tiempo, este honesto relojero vino a Torredonjimeno, se ocupó del reloj de la torre del Palacio Municipal y se asentó aquí. Puede resultar curioso que un italiano viniera a parar a la villa tosiriana, pero hemos tenido ocasión de ver en los archivos parroquiales más italianos de los que cabe suponer. Casi todos emigraron de Italia por los conflictos que en ella se produjeron a lo largo de la centuria decimonónica: en la primera mitad del XIX fueron los liberales italianos, conspiradores y terroristas que el gobierno del trienio liberal acogió concediéndoles incluso una pensión. Pero, en la segunda mitad del diecinueve, los italianos que abandonaron su patria para asentarse en España o, más allá del Atlántico, en América, era gente de paz, como este Senise que vino a ocupar la plaza de relojero municipal. Esta emigración la formaban familias y gentes con sus oficios y no pocos venían de los Estados Pontificios que habían sido suprimidos por el Risorgimento.
 
Aquel relojero italiano que vino a vivir y terminar entre nosotros era el abuelo de los Hermanos Senise. Los Senise eran tres hermanos: María, Antonio y Francisco José Senise Colmenero. Su padre, como el abuelo, también tenía el oficio de relojero. Se casó con una Colmenero que, aunque no puedo aseverarlo, probablemente sea de Jamilena. Según cuentan los que trataron a Antonio y a Paco Senise (mi padre, sin ir más lejos, era vecino de ellos y compañero de andanzas) los hermanos Senise disponían de una inventiva incesante: no paraban de inventar juguetes o juegos, iban a cazar pajarillos por las Celadas, correteaban por el solar en que había estado el Cementerio Viejo, disparaban con escopetas de plomo y hasta hicieron informalmente un torneo de boxeo con los chavales del barrio, para el que se emplearon guantes pugilítiscos, que para la época era una novedad a la vista para aquellos niños. Se puede decir que los Hermanos Senise siempre fueron asaz inquietos y la chiquillería de aquellas calles estaba bastante entretenida. Estos honrados italianos que tuvieron que abandonar su patria por los trastornos de la época -me pregunto a veces: ¿serán familia del famoso actor norteamericano Gary Sinise? Me refiero al "Mac Taylor" de CSI Nueva York. El apellido es el mismo (la grafía, cosa comprobada, puede variar pero compartir el mismo tronco familiar) y el origen es el mismo: Italia.
 
A los hermanos Antonio y Francisco José Senise se les quedó chico Torredonjimeno y, haciendo gala de su efervescente imaginativa, encauzaron ésta por el mundo del arte: maquetas y miniaturas, grabados y hasta óleos, pergaminos, heráldica, grabados a buril. Aunque ensayaron muchas técnicas y realizaron verdaderas obras de arte en muchos materiales y con diversos métodos, lo que les granjeó la fama fueron sus maquetas arquitectónicas. Eran dos talentos, brillantes y capaces, que fueron reconocidos en el ámbito nacional y en el internacional. No tuvieron escuela definida ni maestro, por lo que Luis González López pudo escribir de ellos en 1963: "Los hermanos Senise son autodidactos por voluntad propia y porque no han tenido medios para elegir". Sin embargo, la pasión que pusieron en cuanto hacían, sus innatas habilidades, sus exhaustivas investigaciones, su estudio y aplicación no eran los de unos aficionados. Reprodujeron en maqueta la Catedral de Sevilla y la  de la Giralda, lo cual les valió un premio internacional en 1950. La puerta del mundo se les abrió: se les encargó la maqueta de la Catedral de San Patricio de Nueva York, para la que fueron becados y allí les firmó un libro el Cardenal Spellman que, por sus dotes económicas, fue llamado "Cardinal Moneybags" (el Cardenal Monedero). Los Hermanos Senise también reprodujeron a escala el Duomo de Milán y el Santuario de Lourdes y tantos trabajos más. 
 
Llevan mucho tiempo fuera de Torredonjimeno, pues se fueron jóvenes y acabaron asentándose en Jaén capital, con su taller en la calle Salido nº 9. Pero en Torredonjimeno todavía hay gente que los recuerda con cariño y tenemos el honor de llamarlos paisanos.

martes, 7 de julio de 2015

EL ESCUDO DE LOS FERNÁNDEZ DE ARCINIEGA DE TORREDONJIMENO

Piedra armera de los Fernández de Arciniega/Fernández de Martos


LA PIEDRA ARMERA DE LOS FERNÁNDEZ DE ARCINIEGA/FERNÁNDEZ DE MARTOS



Manuel Fernández Espinosa


En el Reino de Jaén todo estudio heráldico y genealógico que pueda hacerse no dejará de ser nunca un comentario a pie de página de la obra "Heráldica y genealogía en el Reino de Jaén" de nuestro amigo y maestro D. Andrés Nicás Moreno. La excelente calidad y envergadura de este trabajo publicado en 1997 no agota sin embargo la vastedad de la temática, puesto que la actual provincia de Jaén al ser tierra fronteriza desde la que se reconquistó el resto de Andalucía (Córdoba, Sevilla con Fernando III el Santo... y, más tarde, Granada, en el siglo XV con los Reyes Católicos) albergó tantas y tantas familias de abolengo que sería una tarea difícil de acometer y lograr agotarla. No obstante, Nicás Moreno desarrolló un trabajo de una magnitud colosal por el que siempre estaremos agradecidos. La mejor forma de reconocérselo sería que las instituciones reeditaran nuevamente "Heráldica y genealogía en el Reino de Jaén" cuya primera edición lleva años agotada. Una nueva edición de su obra podría verse ampliada considerablemente, pues nos consta que las investigaciones, con su acostumbrado rigor, del Doctor Nicás Moreno han continuado en este campo. Vaya, pues, esto por delante: nuestro reconocimiento y gratitud al decano de los heraldistas y genealogistas de nuestra provincia y uno de los más capaces de toda España.

En el libro susodicho, Andrés Nicás hace mención de un escudo sito en "Calle D. Diego López Pacheco nº 25. Piedra. Siglo XVI. Fachada. 2 blasones. ¿Linaje de Gallo y alianzas? Yelmo de hidalgo y tenantes".

Nicás Moreno se refiere a la casa más antigua de Torredonjimeno que hace unos años vio su puerta principal desaparecer y ser tapiada. Por su parte, Alfredo Ureña Uceda nos describe con su pulcro tecnicismo las características externas de la fachada: "La portada, de pequeñas dimensiones, presenta doble piso de escasa altura, lo que nos da una idea de las cotas máximas de las viviendas tosirianas de la época, que irían ganando a lo largo de los siglos. Se trata de un vano adintelado flanqueado por pilastras toscanas almohadilladas, al igual que el arquitrabe. Esta estructura se vuelve a repetir, a menor escala, en el balcón del piso superior, que se corona con un frontón y éste, a su vez, lleva pináculos piramidales en los extremos. El conjunto se complementa con una pareja de escudos pétreos, ubicados a ambos lados del balcón. Se sostienen sobre sendos dados decorados con un mascarón antropomórfico en su cara frontal, y son sostenidos por tenantes". Ureña Uceda se refiere al nombre vulgar que recibe esta casa llamándola "Casa de Moyica" (nosotros la hemos oído siempre nombrar como "Casa Moyuela"). Ureña Uceda la data como del siglo XVII (Nicás Moreno la hace del XVI) y, en cuanto a la identidad de las armas heráldicas de su fachada, Ureña Uceda remite literalmente a la cita que hemos hecho de Nicás Moreno.

No es de nuestra competencia fechar la casa, pero sí diremos que en Andújar existen portadas semejantes a las trazas que muestra la nuestra (pilastras almohadilladas) que, es digno de mencionarlo, se atribuyen a Francisco del Castillo. La presencia de Francisco del Castillo consta en Torredonjimeno por los años en que se erige el templo de la Iglesia Mayor Parroquial de San Pedro Apóstol, por lo que no tiene nada de extraño que, además de trabajar en el templo parroquial, pudiera recibir el encargo de la familia que mandó edificar esta casa noble.

Es nuestro propósito identificar el linaje de una de las dos piedras armeras de su fachada, la que según se mira de frente a la fachada, aparece a la izquierda. Y creemos que podemos con ello aportar luz a uno de los "misterios" que no han merecido la atención conveniente hasta ahora. El otro, de contorno oval (o italiano), lo dejaremos para cuando alleguemos más datos que puedan identificar a la familia, simplemente decir que, al ser ovalado, tiene todas las hechuras de ser el escudo de la señora de la casa y que es éste otro (que hoy no voy a tratar) el que hace pensar a Nicás Moreno que puede ser de los Gallo por los (gallos) que, entre otras figuras heráldicas, porta uno de sus dos campos. Pero el que nosotros identificamos como de los Arciniega/Martos que es el que ahora nos concierne muestra en sus blasones suficiente materia como para disertar al hilo de la historia que por diversas fuentes podemos hacer de esta familia, asentada en los primeros tiempos de nuestra feliz reconquista.

Se trata de un escudo que forma su contorno en lo que dijéramos transición entre el contorno gótico y el español. De los dos campos en que queda dividido nuestro escudo heráldico, tenemos en el jefe (parte superior) del diestro tres luceros de ocho puntas cada uno por cima de un castillo. Se muestra más complejo simbólicamente el campo que se abre a su izquierda: en él podemos ver una encina desarraigada que la mano de un brazo agarra en el nacimiento de su copa. A la derecha de la encina vemos un dragón que trepa a lo alto y, a la izquierda bajo el brazo, tenemos un animal cuadrúpedo pasante que mira al frente, pudiendo ser quizás un lebrel.

Hemos descrito sin abusar mucho del argot heráldico el escudo que nos atañe. El campo del castillo y los tres luceros correspondería a las armas de los Fernández de Martos, como nos transmite fray Alejandro del Barco García: "Tambien hallo que obtuvieron el referido Castillo, en calidad de Alcaydes, los nietos descendientes de Martin Fernández de Arriniega (sic), Caballero de la Banda, que en la conquista de Córdoba ganó la Puerta de Martos, por donde entraron muchos de los nuestros que tomaron la ciudad; cuya hazaña le premió el Rey Don Alonso el Sabio, concediéndole que usára como de apellido propio el mismo nombre de Martos que tenía dicha Puerta, y que traxera por Escudo de armas la misma Puerta de Martos, figurada en un Castillo colocado en campo azul con un lucero de Oro alusivo al que siguió, para tomar dicha Puerta; y este es el tronco de todos los Martos que hay en España."

El P. Barco erró al escribir "Arriniega" en vez de "Arciniega", pero rectificó su yerro en la fe de erratas de la edición original (año 1788) de su obra "Las Colonias Gemelas reintegradas...". Se nos podría decir que la descripción de las armas de los Arciniega/Martos que nos refiere Alejandro del Barco satisfacen en lo que a las figuras del castillo y el lucero atañen, pero que -a la luz de nuestro escudo en piedra- todavía quedarían por explicar los otros dos luceros que se añaden a la descripción de Barco (y Lendínez que, en el siglo XVIII, lo pudo ver en la Ejecutoria de la familia). La reconquista de Córdoba se debió a Fernando III el Santo que acudió a reforzar el golpe audaz que los adalides almogávares de Andújar y Martos habían acometido, aprovechando ciertas informaciones, teniendo lugar en 1236. Los nietos de aquel Martín Fernández de Arciniega -como nos dice el P. Barco- se asentaron en Torredonjimeno y se encargaron de la alcaydía de nuestro castillo: "Su Nietos, y descendientes fixaron su residencia en la sobredicha Villa; y siendo uno de sus nietos, Diego Fernández de Martos, Alcayde de su Castillo, lo defendió con tanta vizarría de Albohacen Rey Moro de Granada, que por no desampararlo, ni faltar á la lealtad y ley de buen Caballero, no acudió á la defensa de su hacienda, ni á libertar á dos hijas, que le habia aprisionado; y se las llevó consigo á la ciudad de Granada, en la qual murió Mártir una de ellas". En efecto, las dos hermanas fueron secuestradas por la morisma en compañía de una doncella de su casa, llevadas a Granada los moros les persuadieron a que apostataran de Cristo para desposarse con principales granadinos. Una de las dos hijas de Diego Fernández de Martos se negó rotundamente, la otra hija no se sabe lo que fue de ella (posiblemente aceptó la esclavitud) y una doncella de ellas prefirió el martirio con la más firme de las hijas. Barco se refiere a Santas Juana y María. La mayor parte de la información que emplea aquí el P. Barco procede del manuscrito del franciscano fray Juan Lendínez: "Augusta Gemela Ylustrada con los pueblos de su Partido, oy Villa de Martos" que se escribió diez años antes que el de Barco, en el año 1778.

Cuenta el P. Lendínez que ambas, la hija del alcayde tosiriano y su doncella, fueron torturadas y a la postre las sacaron de la Alhambra atadas a dos caballos, arrastrándolas hasta el lugar que ocuparía posteriormente el Colegio de Clérigos de San Gregorio en Granada. Allí, a la hora del Ángelus, puestas de rodillas las dos tosirianas fueron degolladas o decapitadas. La razón de los dos luceros que se sumarían al lucero de Martín Fernández de Arciniega se encuentra aquí, puesto que como transmite el P. Lendínez:

"Al punto que consumaron su glorioso martirio, aparecieron en el Cielo dos Astros refulgentísimos que venciendo al Sol en claridad, dirigían sus portentosos rayos a los sagrados cuerpos, bañándolos con ellos, dando a entender el Cielo con asombro de los moros que si los cuerpos de las sagradas vírgenes cayeron muertos en el suelo, sus almas pasaron a mejor vida de gloria".

Está claro, por lo tanto, que el campo que vemos a la izquierda de nuestro escudo partido de la calle Don Diego corresponde a los Fernández de Martos. En cuanto a la parte que vemos a la derecha digamos que porta las armas más antiguas, como se infiere de la figura del dragón. Se trata de las armas heráldicas de los Fernández de Arciniega. Sabemos que Martín Fernández de Arciniega, al que nos hemos referido más arriba, era escudero de Alvar Pérez de Castro; no consta en los listados que han llegado a nosotros que perteneciera -como dice el P. Barco- a la Orden de la Banda, aunque los Pérez de Castro sí que figuran en los elencos de caballeros de dicha orden (y recordemos que Martín era escudero de Alvar Pérez de Castro). Lo que sí nos parece incuestionable, a la luz de los datos que vamos a aportar, es que los blasones de esta parte del escudo son los de los Arciniega. Indiquemos que tanto el dragón como el otro cuadrúpedo (en caso de ser lebrel) tienen un significado simbólico en heráldica que es la defensa heroica de las fortalezas encomendadas por el rey a sus vasallos, tal y como hiciera Diego, el descendiente de Martín y el mismo Martín ganando la Puerta de Martos de Córdoba.

Posteriormente, a principios del siglo XVI, parece que una rama de esta prolífica familia de los Fernández de Martos, en su origen afincada en Martos y Torredonjimeno, pasó a Huelma donde los encontramos también. Otro asunto es que no parezca del todo claro si estos Martos de Huelma jugaron limpio a la hora de hacer valer su hidalguía cuando se establecieron en Huelma; así lo puso de manifiesto el trabajo de nuestro amigo el investigador D. Rafael Galiano Puy que presentó material suficiente del que se desprende que Antón de Martos el Viejo, el primero en instalarse en Huelma procedente de Martos, pudo manipular ciertos datos para ganar la hidalguía en Huelma. Pero no creemos que sea incierto lo que el dicho Antón de Martos el Viejo alegaba, sabiéndose descendiente de los que habían ganado la villa de Martos en 1224 y añadiendo también que antepasados suyos habían defendido Martos con otros parientes de la ofensiva de Ismael rey de Granada, la del año 1322. Y aquí merece que remembremos aquel dicho que todavía se oye (aunque desposeído de su sentido original): "De Martos, con pocos hartos; de Torredonjimeno, con menos": lo que significaba en su origen que bastaba con pocos varones (y hasta mujeres), si eran de Martos, para defender un castillo y, si eran de Torredonjimeno, con menos había los suficientes. El dicho encuentra su sentido en estas familias que defendían como leones las plazas encomendadas por el Rey a su cuidado. Pero, dejando estas cuestiones a un lado, lo que me interesa destacar es que el escudo de los Martos que se halla en la Plaza España de Huelma (Nicás Moreno lo fecha en el siglo XVIII) trae un dragón de sinople y un castillo de oro, aunque guarde otra disposición.

Volviendo a la parte más enigmática del escudo de nuestra calle Don Diego digamos que no ofrece ninguna duda que en él están los blasones de los Arciniega. Me baso para aseverar esto en el árbol que agarra la mano por el nacimiento de la copa que es una encina y, en vascuence, "Artziniega" vendría a significar "los del encinar". La villa de Arciniega en la provincia de Álava tiene una indudable relación con la encina. En primer lugar, diremos que etimológicamente el topónimo "Artziniega" se forma con el sustantivo vasco "Artzi" más la desinencia "-(ni)ega" que equivale en euskera a la desinencia "-eka": tanto la desinencia castellana "-ega" derivada del euskera "-eka", como la euskera vienen a significar "propiedad", "pertenencia", "heredad"). Además de las frondosas encinas que en aquella tierra de nuestros orígenes existen, resulta que en Arciniega la Virgen Patrona recibe desde tiempos ancestrales el título de Nuestra Señora de la Encina; según la piadosa tradición la Virgen María se apareció a una pastora en una encina que todavía se yergue enhiesta allí mismo, propincua al Santuario que se le erigió y que concita la devoción de Álava, Vizcaya y Burgos. La encina de Arciniega mide 25 metros de altura y, desde 1995, dicha encina se halla incluida en la declaración de Árboles Singulares del País Vasco (puede vérsela aquí enlazada). Su antigüedad es inmemorial.

En cuanto a la Casa en que hallamos estos escudos pétreos digamos que, conociéndosela como Casa de Moyuela (o Moyica, como cita Ureña Uceda), fue conocida en tiempos más remotos como Casa del Parrón, por la enorme parra que incluso, según cuentan los antiguos, podía verse desde la calle.

 

Portada de la fachada de la Casa de los Fernández de Arciniega/Fernández de Martos


BIBLIOGRAFÍA:

Nicás Moreno, Andrés, "Heráldica y genealogía en el reino de Jaén".

Ureña Uceda, Alfredo, "Patrimonio arquitectónico y urbanismo en Torredonjimeno. Desde los inicios de la Edad Moderna hasta la actualidad".

Barco, Fray Alejandro del, "Las Colonias Gemelas reintegradas...".

Lendínez, Fray Juan, "Augusta Gemela Ylustrada..." (manuscrito inédito, del que disponemos)

Recio Veganzones, Fray Alejandro, "Hidalguía y origen del apellido 'Martos'", REVISTA ÓRDAGO, nº 1, Torredonjimeno, noviembre de 1998.

Foro "Alejandro del Barco", "Santas Juana y María, mártires tosirianas", REVISTA ÓRDAGO, nº 2, Torredonjimeno, marzo de 1999.