lunes, 29 de junio de 2015

DATOS BIOGRÁFICOS DEL PADRE FRAY ALEJANDRO BARCO GARCÍA

Torre del Convento de la Victoria de Estepa

CORRECCIÓN DE DATOS BIOGRÁFICOS ELEMENTALES CONCERNIENTES A FRAY ALEJANDRO DEL BARCO GARCÍA (MIMm)

RECTIFICADOS Y AUMENTADOS POR NUESTRA LABOR INVESTIGADORA
 Manuel Fernández Espinosa

Su nombre y apellidos apenas dicen algo a nadie más allá de un restringido círculo minoritario de amigos de la Historia de Torredonjimeno (los lectores de la Revista Cultural ÓRDAGO) y pocos más. No goza del honor de un rótulo en el callejero de su localidad, pese a los muchos méritos que hizo para que los tosirianos le rindamos gratitud. Su libro capital -aunque publicado en tres ocasiones desde 1788- reposa en las bibliotecas en que por acaso está, y allí duerme el sueño de los justos, pues es tanta su enjundia y su densidad (pruebas del calibre de la erudición de su autor) que se hace arduo leerlo. También ocurre que los motivos que movieron al fraile a escribirlo, quedan tan remotos que es un asunto propio de eruditos. Muy pocos sabemos la razón por la que lo escribió, pues hemos dedicado tiempo a leerlo y estudiar el contexto: en otra ocasión podremos tratar, una vez presentados sus datos biográficos aquí con rigor histórico, las razones que motivaron la redacción de "Las Colonias Gemelas Reintegradas...".

El libro del que hablamos se intitula "Las colonias gemelas reintegradas en la mitad de sus respectivas poblaciones; que les tenían usurpadas los soldados eméritos de las legiones romanas: Diálogos críticos". Tal vez, la complejidad de esta obra explique que enfrentarse con el libro no sea una tarea grata para el lector medio que pronto desiste de seguir la lectura si ésta no es todo lo amena que se aguarda. Todo esto es lo que hace que fray Alejandro del Barco García, el autor de esta joya bibliográfica del siglo XVIII de la que trataremos, sea un desconocido para la gran mayoría del público. Esta ignorancia que persiste sobre la personalidad y obra de fray Alejandro del Barco es la raíz del cúmulo de enigmas biográficos que pretendemos despejar en este artículo, corrigiendo los errores que se han ido reproduciendo al seguir al pie de la letra los pocos estudios que sobre el autor existen.

El Rvdo. P. fray Alejandro del Barco García (fraile de los mínimos de San Francisco de Paula  o "victorios": cuyas siglas son MIMm) es uno de esos religiosos eruditos del siglo XVIII a los que tanto debemos, pero que la desidia nos ha hecho tan desconocido. El P. Barco fue uno de los primeros que en el Reino de Jaén se sumó a la Real Sociedad Económica de Amigos de Jaén, participando junto a su paisano y amigo D. Fernando María del Prado y Ruiz de Castro en la fundación de dicha institución jaenesa (año 1785). Tres años después de ese acontecimiento, en 1788, el fraile mínimo publicaba su obra maestra: "Las colonias gemelas reintegradas...". Había escrito, según el criterio de D. Aurelio Valladares Reguero, el "Retrato natural y político de la Bética antigua" (Sevilla, 1779) y dejó manuscritos otros estudios históricos, como "La antigua Ostippo y actual Estepa", que no se vieron publicados hasta bien entrado el siglo XX; en concreto, “La antigua Ostippo y actual Estepa” se vio publicada gracias a los desvelos del sabio franciscano vallisoletano, nuestro maestro el Rvdo. P. fray Alejandro Recio Veganzones (OFM). Se le atribuye la autoría de otros escritos de carácter local, histórico y arqueológico, que quedan por confirmarse como suyas. Ocupó importantes cargos en su orden religiosa y, con generosidad, dotó de su peculio a las respectivas iglesias del convento de la Victoria de Estepa (donde fue corrector) y del convento de la Victoria de Torredonjimeno.

Si su obra goza de poca repercusión (restringida al limitado círculo erudito), su perfil biográfico es aún menos conocido que sus aportaciones a la historiografía, por lo que su figura aparece envuelta en una nebulosa. Esto explica que los pocos estudiosos que de él se han ocupado hayan dado curso a una serie de imprecisiones biográficas que, reproducidas a lo largo de la breve bibliografía de este asunto, complican mucho más la tarea de perfilar la personalidad de fray Alejandro del Barco García. El propósito que me marco con este artículo es contribuir a esclarecer los datos biográficos que permitan conocer más a fondo quién fue este fraile erudito.

Portada de "Las Colonias Gemelas Reintegradas..." del P. Barco

FRAY ALEJANDRO DEL BARCO Y GARCÍA: DATOS VITALES

Para empezar, digamos que dos de las fuentes que mencionan a fray Alejandro del Barco llegan a confundir, por si fuera poco, hasta el nombre del erudito fraile mínimo del siglo XVIII.

Cronológicamente, la primera fuente que sirve erróneamente su nombre es, nada más y nada menos, que "Don Lope de Sosa" -que no es, precisamente, una fuente que podamos denominar poco informada sobre las curiosidades históricas de la provincia de Jaén. “Don Lope”, cuando en 1925 publica un extracto de “Las colonias gemelas reintegradas…” (relativo al vecindario noble de la villa tosiriana), viene a equivocar el nombre de Barco, llamándolo "fray Alonso del Barco". Mucho tiempo después, en "Pueblos con nombre propio. Origen de los pueblos de Jaén" (Jaén, 2004), su autor D. Juan Rubio Fernández, al referirse a la misma obra del Padre Barco, llama a éste –en un pie de foto de dicha obra- "fray Jerónimo del Barco". 

Así las cosas, cuando hasta el nombre del autor es causa de tan crasos yerros cometidos por autores tan prestigiosos y especializados en cuestiones provinciales, el lector podrá hacerse cargo de la ímproba tarea que implica desbrozar en este asunto, para que aparezca la genuina figura de este fraile erudito, libre de los errores que la falta de datos o la incuria han amontonado sobre esta figura prominente de la historiografía de la Andalucía del XVIII.

En cuanto a la génesis de nuestro interés por el Padre Barco diremos que la primera referencia que pudimos encontrar del mismo nos la hacía –como así ha sido en tantas ocasiones, cuando de Torredonjimeno se trata- el cronista oficial de Torredonjimeno, nuestro maestro D. Juan Montijano Chica. A partir de ella comenzó en nosotros un creciente afán por conocer más de este tosiriano que había mostrado tanto celo por la historia de Torredonjimeno. En el capítulo de su libro "Historia de la ibérica Tosiria", dedicado a los hijos ilustres de la ciudad tosiriana, D. Juan Montijano Chica nos esbozaba el perfil de este historiador:

"Padre Alejandro del Barco. Religioso de la Orden Mínima de San Francisco de Paula o de la Victoria. Famoso en su Orden por los cargos elevados que en ella ejerció. Publicó varias obras de historia. Entre ellas se destaca: "Las Colonias Gemelas Reintegradas". Puede decirse que su vida está enmarcada en casi todo el siglo XVIII, pues murió, muy anciano, en este su Convento de la Victoria hacia el año 1785".

En esta escueta presentación se afirma, como podemos leer, que falleció en Torredonjimeno. Después de rastrear los libros de Sepelios del Archivo Parroquial de la Inmaculada Concepción de Santa María de Torredonjimeno, donde era costumbre inscribir los óbitos de los frailes del Convento de la Victoria, no hemos podido hallar ninguna entrada que nos asevere que fray Alejandro del Barco muera, tal como nos dice Montijano, en Torredonjimeno. Ignoramos dónde pudo inspirarse D. Juan Montijano Chica tanto para aventurar el dato del lugar y año de su defunción. Además, digamos que la fecha que Montijano proporciona como año de fallecimiento es un imposible: dado que existen documentos que prueban que en 1788 el Padre Barco todavía estaba vivo.

En la génesis de todo estudio sobre el P. Barco, hay que citar forzosamente los trabajos que se dio el Rvdo. P. Fray Alejandro Recio Veganzones (OFM) que, con el propósito de publicar una esmeradísima edición de "La antigua Ostippo y actual Estepa", manuscrito inédito del Padre Barco sobre la historia de Estepa, investigó concienzudamente los archivos parroquiales de Torredonjimeno, pero con tan poca fortuna que el estudioso franciscano no pudo encontrar ningún rastro de la fe de bautismos, tampoco la partida de defunción del fraile mínimo. El P. Recio ofreció, en el estudio preliminar que acompaña esta edición de "La antigua Ostippo...", unas "Notas bibliográficas sobre el autor y su obra: La antigua Ostippo y actual Estepa". Ante la falta de datos inconcusos sobre el natalicio y óbito de su biografiado, el P. Recio tuvo que reconocer: “Por más que intentado buscar el día del nacimiento del P. Barco y García, no me ha sido posible, aunque algún autor supone que nació alrededor de 1715”. El autor al que se refiere el P. Recio es Caballero Venzalá. 

En cuanto al lugar de nacimiento del P. Barco, el P. Recio supuso que el personaje principal de los diálogos de "Las Colonias Gemelas Reintegradas" (a saber: D. Patricio, un sacristán con aficiones historiográficas) era un "alter ego" del autor. Y, sobre esa base, el Padre Recio concedió al relato literario una credibilidad que nuestras investigaciones vienen a refutar:

"De pocos personajes y escritores como el autor de esta historia, Alejandro del Barco García, religioso mínimo, puede afirmarse, según él mismo dice, que nació en la línea divisoria de dos pueblos de la provincia de Jaén -Torredonjimeno y Jamilena- y con tan perfecta igualdad que "no pudo decidirse cuál de las dos poblaciones se me debía reputar por patria."

En el prólogo de "Las Colonias Gemelas Reintegradas", es cierto, el sacristán protagonista D. Patricio refiere su procedencia: "Señor, mi padre fue de Torreximeno, y yá de edad de mas de treinta años, casó con mi madre, que era de Xamilena. Veme aquí Vmd. oriundo de ambas patrias. Estando mi madre en cinta, le mandaron pasearse, y como es natural en las mugeres, y aun en los hombres tambien, la inclinacion á la patria, siempre dirigia el rumbo á la Virgen de la Estrella." A continuación el P. Barco pone en boca de su personaje que su madre lo vino a parir en el "sitio en que se juntan los términos" (nota: "Las colonias gemelas...").

Pero los hallazgos documentales de nuestras pesquisas desmienten que los datos que de sí declara el tal D. Patricio, personaje de ficción al fin y al cabo, se ajusten a la biografía del autor P. Barco. Lo que D. Patricio dice de sí es mera ficción literaria de la que se sirve fray Alejandro del Barco, aunque puedan encontrarse ciertas analogías entre la vida del autor y la peripecia del personaje. Expliquémonos: si el ficto D. Patricio presenta una doble naturaleza (como tosiriano y jamilenudo), el autor Padre Barco también presentaba una doble naturaleza paralela (como granadino y giennense). Con anterioridad al descubrimiento de los datos reales de su nacimiento, nosotros pusimos en tela de juicio que la ficción literaria pudiera constituir datos biográficos fehacientes del autor.

En cuanto a la fecha de su nacimiento, lo poco publicado sobre el P. Barco se muestra tan endeble como la precisión del lugar de nacencia del P. Barco. El P. Recio reproduce el cálculo erróneo que D. Manuel Caballero Venzalá da como fecha aproximada del nacimiento del P. Barco, en su "Diccionario Biobibliográfico del Santo Reyno".

El error de Caballero Venzalá se ve nuevamente reproducido en "Literatura giennense en el siglo XVIII", de Aurelio Valladares Reguero, al tomar como válido el año 1715 cuando delinea una semblanza breve del P. Barco (nota: "Literatura giennense en el siglo XVIII").

En "Vidas de la Ibérica Tosiria" nosotros mismos tuvimos ocasión de esbozar una hipótesis que el tiempo ha venido a confirmar como cierta:

"Alejandro del Barco García era hijo de D. Juan José del Barco Río y doña Vicenta García Navarro. A día de hoy se ignora si nació en Granada o en Torredonjimeno, allá por 1733 aproximadamente".

Nos complace afirmar que estuvimos más atinados de lo que suele ocurrir cuando uno se aventura a lanzar una fecha. Después de publicar “Vidas de la Ibérica Tosiria” llegó a nuestras manos una copia del informe genealógico que emitió el Santo Oficio de la Inquisición en 1792, relativo a la "naturaleza, lexitimidad y limpieza de sangre" de fray Alejandro del Barco y García, con el propósito de cerciorarse de no haber inconveniente para su presentación como Calificador del Santo Oficio (documento descubierto por nuestro paisano y amigo, el investigador D. Juan Luis Anguita Pérez en Granada) se desvelan los datos exactos tanto del lugar como fecha del nacimiento de nuestro fraile mínimo.

"Fr. Alexandro Josef del Barco y García, natural de la Ciudad de Granada, baptizado en la Ygª Parroq. de Sta. María Magdalena de dha Ciudad en nuebe de Marzo de mil Setecientos treintaytres." 


Este documento de la Inquisición, descubierto por D. Juan Luis Anguita en los archivos granadinos, confirma que estábamos en lo cierto cuando suponíamos que el P. Barco podía haber nacido en Granada (y no en Torredonjimeno, por más que el P. Barco siempre hiciera profesión de tosirianía), así como se demostraba que nuestro cálculo para el año de su nacimiento también era el correcto. 

En cuanto a su defunción, la falta de una partida obituaria (todavía sin descubrir) ha provocado otros tantos cálculos errados que ponen la fecha de su muerte en 1785 (Montijano Chica) o en 1787 (Valladares Reguero). Ambos estudiosos han pasado por alto que, con fecha 23 de marzo de 1789, el mismo P. Alejandro del Barco y García presentaba al Cabildo de Torredonjimeno un memorial que acompaña a unos ejemplares de su libro "Las colonias gemelas reintegradas" que dedicaba a la villa de Torredonjimeno. Dicha obra había sido publicada en Madrid en 1788. El P. Barco no murió, por lo tanto, ni en 1785 ni en 1787.

Si todavía no hemos podido encontrar la partida de defunción de fray Alejandro del Barco (posiblemente desaparecida), sí que pudimos ofrecer en su defecto un dato que permite despejar la incógnita fijando, por fin, el año al menos de su deceso en "Vidas de la ibérica Tosiria":

"El P. Alejandro del Barco García falleció en las postrimerías de 1795, como se desprende de unas honras que se hallan en los libros de la parroquial de Santa María. Muchos eruditos se habían rendido ante la falta de un dato que arrojara luz sobre el final de sus días, pero nosotros tuvimos la fortuna de descubrir el dato que puede confirmar el año exacto de su fallecimiento, si no el día y mes de su fecha. Allí, con fecha 2 de diciembre de 1795, fray Juan de Ortega Gómez, licenciado presbítero provincial de Granada de la Orden de la Victoria, mandaba aplicar, en sufragio del alma de fray Alejandro del Barco, unas honras fúnebres".

Quedan, pues, corregidos los yerros que se han venido cometiendo en cuanto a la identificación de lugar y fecha para el nacimiento de fray Alejandro del Barco García. También ha sido posible establecer el año de su defunción, aunque sea de modo aproximado. Quedaría definir en qué localidad falleció, pero muy posiblemente fuese Estepa, de cuyo Convento de la Victoria había sido dos veces corrector y donde habitualmente residía.


CONCLUSIÓN

El P. Alejandro del Barco y García nació en Granada el año 1733 y falleció, probablemente, en Estepa allá por el año 1795 frisando los 62 años.

BIBLIOGRAFÍA:

Los libros empleados para este artículo se citan por su título en el cuerpo del artículo.

miércoles, 24 de junio de 2015

LAS SEIS RÚAS DE LA PLAZA

 

En la fotografía: Autoridades franquistas, brazo en alto, en el balcón del Palacio Municipal de Torredonjimeno (Agradecemos esta fotografía histórica a Luis Morales Quesada)



LAS SEIS RÚAS DE LA PLAZA


Nuestras vidas son seis calles
que van a dar a la Plaza,
allí nos desembocan,...

desde nuestras casas,
cada uno con sus andares
buscando a quien nos cuente
lo que pasó... o lo que pasa.

 
Nuestras vidas son seis calles
que van a dar a la Plaza,
que es la vivienda diaria:
La Muela, Rabadán,
Mesones, San Pedro,
la placeta Pablo Casals
y la calle El Agua.


La torre del reloj, cívica
cual cura que colgó la sotana,
no levantó más palmos que la sacra
torre del campanario parroquiano:
su reloj se declara fraudulento
por simular exactitud con el tiempo,
tan lejos de la verdad de la campana.

 
Nuestras vidas son seis calles
viejas, angostas y anchas, cuyos cauces
nos llevan y nos traen vecinos
que pasan, como nosotros, raudos
o parsimoniosos, que con la vida
contratan una incierta paga.

 
En el centro invisible el agua mana
de una fuente: los alcaldes mandaron
erigir en medio de la plaza un surtidor,
de agua risueña, a la que nadie mira,
ascendiendo en columna fluida y espumosa,
como monumento a la efímera constancia.

 
Vez hubo en la plaza un cadalso
donde ahorcaron a seis rebeldes,
y todavía queda una infame pared
en la que, siglos después, fusilaron
a otros seis cuyo delito fue el hambre:
víctimas de un estatal culto sanguinario.

 
La vida es como la plaza que paseamos,
por las calles andorreamos, vamos
a veces con meta y otras sin propósito;
por San Pedro, procesión; procesiones
de Semana Santa, procesiones por dentro
de cada vecino que atraviesa la Plaza.

 
Los balcones del Cabildo y su Concejo
se asoman a la Plaza sin otro remedio:
ven que sigue el Casino en su esquina
y el Regina quieto, tan duraderos,
a veces extrañan que no pase tal vecino:
"Se ha muerto" -sentencia alguno sabihondo.

 
Seis son los afluentes de un exiguo caudal
de vidas caducas y familias perennes,
por las seis rúas vienen y van paisanos
y hasta forasteros; a los que se mira
por no reconocérselos. Si se trata de ser
cabales: aquí estamos cumpliendo milenios.

 
Seis fueron los ahorcados en mil
seiscientos cincuenta y tantos,
en la Plaza. A seis, en mil novecientos
cuarenta y algo, allí los fusilaron.
Nos llaman Torredonjimeno en los papeles
pero en el secreto tenemos otro nombre:
"nosotros" nos llamamos, a veces no siéndolo.

 
Manuel Fernández, Torredonjimeno, Día de San Juan de 2015.

lunes, 22 de junio de 2015

LA INFLUENCIA DE ROMA EN LA COMARCA DE MARTOS


"Portada del nº 8 de la Revista Órdago,en donde se hacía mención de lápidas y hallazgos de Roma en Torredonjimeno"

Luis Gómez

El pasado día 8 de junio, en el programa de radio “La Cruz de Calatrava” que dirige José Carlos Gutiérrez en Radio Jamilena FM, tuvimos la ocasión de hablar sobre el importante legado que Roma dejó en la comarca de Martos, en Torredonjimeno y su término, en Jamilena así como en el resto de la provincia.
De Roma somos herederos, no sólo debido a la influencia del idioma, sino en sus leyes, en su filosofía, en su derecho etc.

En la Revista Cultural órdago nº 8, de Noviembre de 2003, ya tuvimos ocasión de aportar unas pinceladas de ese pasado en nuestro término. Artículos como el que escribiera nuestro querido P. Fray Alejandro Recio Veganzones sobre la “inscripción de Marco Aurelio” en relación a la lápida que en Benzalá –antigua Batora romana- dedicaran al emperador y que fue hallada y estudiada por nuestro amigo franciscano. O el ara funeraria dedicada a Júpiter, encontrada en Torrefuencubierta y que se puede contemplar en la actualidad en el Castillo de Torredonjimeno. Por no hablar de las lápidas que se hayan empotradas en sendos muros de dos templos tosirianos el de Santa María y de las MM. Dominicas. 


"Base que soportaba una estatua ecuestre de Publio Fabio Juliano. Encontrada en Benzalá actualmente se encuentra en una de las esquinas de la Iglesia de Santa María de Torredonjimeno. Su estado actual, muy deteriorado por el tiempo, la hace prácticamente ilegible. En la revista Órdago nº 8 reprodujimos el texto que la exornaba"

Se quedaron algunas lápidas más por apuntar, pero la falta de espacio en aquella ocasión, hizo que nos fuese imposible el reproducir todo el patrimonio romano que se encuentra catalogado y estudiado sobre nuestro pueblo en un solo número de la revista.

En esta ocasión, demás de reproducir los enlaces de audio y de vídeo del programa de radio, dejamos para deleite de nuestros lectores, las peripecias que  una lápida encontrada en nuestro pueblo hubo de pasar hasta llegar a su destino final. 



"Lápida funeraria en honor de Cassia Monanila (Estela que da nombre a la Asociación Cultural y al Blog). Encontrada en Jamilena, en la actualidad se encuentra ubicada en una de las esquinas del Convento de Madres Dominicas de Torredonjimeno".   



Pinchando aquí, el enlace le llevará al audio completo del programa que sobre Roma se grabó en Radio Jamilena FM el pasado 8 de junio. Programa "La Cruz de Calatrava", dirigido por José Carlos Gutiérrez y realizado en colaboración del especialista en Roma D. José Antonio Serrano y el Historiador D. Luis Gómez


NOTICIA DE MEMIO EL TOSIRIANO, DESCENDIENTE DE RÓMULO

Manuel Fernández Espinosa


                D. Juan Montijano cita en su libro "HISTORIA DE LA IBÉRICA TOSIRIA" (pp. 32-33) una lápida que podría ser la primera noticia epigráfica del nombre pre-romano de nuestra localidad: Tosiria.
 
                "...otro argumento arqueológico se trata de una piedra que indica que, a doce pasos, P.P. XII, en donde se puso, tal vez sería el lugar en que fue hallada, estuvo sepultado un tal Memmius Tosirianus. Sobre estas dos palabras, hay otras dos letras, tipo capital romana, y una fecha en números griegos. El conjunto de todo ello dice: "A doce pasos está sepultado Memmio Tosiriano".
 
                "La falta de un gran espacio de esta lápida sepulcral nos priva de leer las letras que, según costumbre romana, se ponían, antes y al final de estas laudas o inscripciones, que eran las siguientes: "Diis Manibus Sacrum", o sea, "Consagrado a los dioses de los difuntos"; y la terminación usual que la constituían cuatro letras, capitales también, y que eran S.T.T.L., que traducido al castellano decían: "Séate la tierra liviana". Hasta aquí lo que D. Juan Montijano dejó escrito, no obstante, la desaparición física de esta lápida sepulcral, sin que sepamos su actual paradero, nos ha frenado a la hora de publicarla.
 
                Ha sido la noticia que hemos hallado en otra fuente la que nos ha animado a divulgarla en este número de ÓRDAGO, sustancializando la breve noticia que nos ofrece D. Juan Montijano. El testimonio, mucho más académico que la descripción de nuestro cronista local, nos la proporciona fray Agripino Cabezón Martín, O.F.M., en su libro "Epigrafía Tuccitana" [Archivo español de Arqueología, volumen XXXVII -1964, números 109-110] nos dice textualmente:
 
                "Fragmento de mármol de Cabra, de color rojo con vetas blancas. Fue hallado en la casa que perteneció a D. Miguel Gómez Damas, generalísimo del Ejército carlista del Sur, en la calle D. Ginés de Perea, nº 9. Se conserva en casa de D. José Rodríguez Lara, carpintero, en la calle general Varela, nº 11 [actual Postiguillo, 13.].
 
                "Reconstruyendo un poco:

"d.m.s./.../.../in.f.P.XIL./...mEMMIVS.../...TOSIRIanus/s.t.t.l.

                "En la palabra "tosirianus" está indicada la patria del difunto. Es de notar que aparece con S y no con X, como se suele ver escrito muchas veces el nombre de Toxiria (sic).
 
                "Por este fragmento podemos ver la correspondencia entre Tosiria y la actual Torredonjimeno, según se venía creyendo ya por la mayoría de los autores. Hasta el momento no hay ninguna inscripción geográfica en que se mencione esta ciudad, por lo que consideramos de gran importancia el fragmento para su identificación. Memmius es bastante frecuente en España. Aparece en Martos, Bobadilla (cerca de Antequera) y Estepa dos veces.
 
                "Las dimensiones del fragmento son las siguiente: 23 cm de ancho, por 20 de alto y 23 de grueso. La interlineación es de 1 cm, uniforme. Las letras son capitales cuadradas (siglo I-II) algo alargadas, sobre todo en el renglón primero; de incisión profunda y calidad elegante."

                Esta descripción epigráfica corrobora el testimonio de D. Juan Montijano que se hacía eco de esta lápida, aparecida en Torredonjimeno y desaparecida en nuestros días. ¿Pero dónde se encontró y qué ocurrió con ella?
 
                Hemos seguido la pista de esta lápida y nos parece que estamos en la posición de avanzar una hipótesis sobre su ruta.
 
                La lápida fue hallada, como nos dice fray Agripino Cabezón, en la calle Ginés de Perea, en el que fuera antiguo domicilio de D. Miguel Gómez Damas, según el epigrafista franciscano. Y tal vez se trate de la misma lápida a la que aludió de pasada fray Alejandro del Barco en su libro "Las Colonias Gemelas reintegradas..." de 1788, haciendo esta somera mención: 

                "Otra piedra sepulcral existe hoy en el frontispicio de la fuente de un jardín que tienen los Padres Mínimos que se hallaba años pasados en la pared de un casa en la calle que llaman de Perea."
 
                Sin que nos diga nada más sobre ella.

                Tenemos así que la lápida de Memmio estaba originariamente en una casa de la calle Perea para pasar posteriormente al jardín del llamado "Conventico" de la Victoria. Tenemos que suponer que allí estuvo hasta que el Convento fue demolido para construir la Casa Municipal de Cultura y el edificio de los Sindicatos, siendo alcalde D. César Gallo. D. Juan Montijano, según él mismo nos confesó, se encargó de que esta lápida no se perdiera en las obras de demolición del antiguo Convento de la Victoria, poniéndola a salvo en casa de su amigo D. José Rodríguez Lara, "el Valenciano", de oficio carpintero y domiciliado, como nos cuenta fray Agripino, en la  calle general Varela, nº 11 [actual c/ Postiguillo, 13.]. Allí estuvo a buen recaudo hasta que un día D. Juan Montijano pensó que la lápida sepulcral de Memmio, así como había adornado la fuente de los Mínimos, podría exornar el patio de la casa de las Hermanas Filipenses, sito en la calle Parras Bajas (donde actualmente residen las hermanas del Padre Nuestro). Una vez que se trasladó la piedra le perdemos la pista en esta casa, tal vez -según lamentaba D. Juan- en algunas obras de remodelación llevadas a cabo en la pía casa la piedra fuera a parar a la escombrera.
 
                Pero, ¿quién era Memmio el Tosiriano? Nos cuenta fray Alejandro del Barco que la familia de los Memmios "...era de las plebeyas, y se jactaban de que descendía de Rómulo, a quien, con más frecuencia que a Marte se le daba el nombre de Quirino, y aún lo tenía por antonomasia, según la expresión de Virgilio: "Remo cum frates Quirinas jura dabat".
 
                "Los Memmios y los Obstatos se establecieron en varios pueblos de nuestra Bética, como acreditan estas lápidas..." (La Antigua Ostippo y actual Estepa, p. 235).

                De ser cierto, resulta que el primer "tosiriano" podía autotitularse descendiente de Rómulo, uno de los dos fundadores de la eterna Roma.

                Lo más importante es que estamos ante el primer documento -epigráfico- en que aparece por escrito el gentilicio "TOSIRIANUS".

martes, 16 de junio de 2015

POETAS DE JAÉN POR LOS BÓERS (II PARTE)



 
Patrocinio de Biedma

LOS POETAS Y SUS POEMAS (II PARTE)

 
Manuel Fernández Espinosa
 
 
PATROCINIO DE BIEDMA Y LAMONEDA


Nacida en Begíjar (provincia de Jaén) el 13 de marzo de 1845, doña Patrocinio de Biedma casó con D. José María de Cuadros y Arellano, hijo del marqués de San Miguel de la Vega. Tuvo tres hijos de su primer matrimonio, los tres murieron a temprana edad. A los diez años de casados, doña Patrocinio quedó viuda y, pasado el luto de precepto, marchó a Cádiz con la princesa Ratazzi. Allí en Cádiz volvió a casarse con D. José Rodríguez y Rodríguez, director de “La Crónica Gaditana”. Alfonso XII fue padrino de estas segundas nupcias. Instalada definitivamente en Cádiz, en compañía de su segundo esposo, moriría el 14 de septiembre de 1927.
D. Alfredo Cazabán Laguna escribió de ella que fue una mujer y una poetisa que: “En todo momento fue el amor a la humanidad el sentimiento característico de sus creaciones. Una moral sana y justiciera; una piedad tierna, dulce e ingenua; una protesta caritativa; un aliento generoso para los nobles empeños…”. El poeta vizcaíno Antonio de Trueba, más conocido como Antón el de los Cantares, encomió las dotes literarias de doña Patrocinio que escribió, amén de poemarios, novelas y artículos periodísticos.

Pasa por ser una de las tempranas feministas andaluzas, y en 1898 fue nombrada vicepresidenta en España de la “Ligue de femmes pour le desarmement international”.


En 1877 fundó la revista “Cádiz” que dirigiría hasta 1880. En dicha revista colaboraron firmas prestigiosas del mundo político y literario del momento: D. Emilio Castelar, Echegaray, García Gutiérrez, Hartzenbusch o Salvador Rueda. Con motivo de la guerra anglo-boer, doña Patrocinio publicó un poema que se editaría en Holanda: “Los Boers”.

Este es el canto que dedicó a los combatientes böers:
¡Salud, Pueblo inmortal!, la heroica lucha
Con que defiendes en tu noble tierra
Tu hogar, tu libertad, tu fe, tus leyes,
El grandioso ideal de tu conciencia…
Esa explosión viril de tu entusiasmo
Que hace de cada hazaña la epopeya
De un pueblo libre, que al trabajo debe
Prosperidad y honor, gloria y riqueza.
Esa constancia en el deber cumplido,
Esa fraternidad en la entereza
Con que, al salvar los fueros del derecho,
Afirmáis la santa independencia…
Esa lealtad del hombre convencido
De su augusta misión sobre la tierra
Que, al inspirar respeto y confianza,
Ofrece ejemplos a la edad moderna.
Quedará en los anales de la historia
Formando la magnífica leyenda
Del valor y el deber que sobrevive
A los brutales golpes de la fuerza.
Quedará cual corona de este siglo,
Que pudo ser de redención emblema
Dando al hombre la paz en el derecho,
Ahogando la ambición que lo vulnera.
Que pudo hacer sagrada e inviolable
La propiedad del débil, la existencia
Del pueblo honrado, que al trabajo uncido
Nuevas corrientes a la vida lleva.
Y prefirió manchar el aureo manto
Con que el progreso proclamó su alteza,
Con señales de lágrimas y sangre,
Con injusticias de nefandas huellas.
¡Salud, Pueblo inmortal! ¡Tú reverdeces
Laureles de otras razas, de otras épocas!
Mereces libre ser, y habrás de serlo
Pésele a los tiranos de la tierra.
Que el pueblo que defiende sus hogares
Y lucha por su santa independencia,
El pueblo que sostiene sus derechos
Frente a las injusticias de la fuerza,
No puede esclavo ser, ni ser vencido,
Que de Dios el espíritu lo alienta,
Y si los poderosos lo abandonan
De su poder mostrando la flaqueza,
Los buenos, los sencillos, los humildes,
Como a hermanos los aman y respetan.
Defender a este pueblo en sus derechos
Es defender la humanidad entera.
Es romper esos moldes que forjaron
El egoísmo y la ambición, en guerra
Con el sublime espíritu divino
Que sólo a la justicia se doblega.
Es borrar para siempre de la historia
La infamante señal de las miserias
Que manchan los Estados y los Tronos
Ocultas en brillantes apariencias.
Defender el Transvaal es redimirse
De errores que el pasado nos revela…
¡Ayudemos al pueblo que defiende
Patria y honor, virtud e independencia!

FRANCISCO DE PAULA UREÑA


Nacido el 22 de junio de 1871 en Torredonjimeno (provincia de Jaén), D. Francisco de Paula Ureña Navas es un poeta de raza que, desde su brutal asesinato a manos de las hordas rojas, pasó al olvido.
Hijo de una modesta familia carlista de Torredonjimeno, en sus venas corría sangre de cristianos viejos, gentes piadosas y patriotas. Cuidó marranos cuando era niño, pero uno de los muchos presbíteros de su pueblo natal reparó en su precoz talento. Estudió las primeras letras con el cura y pasó a Sevilla para cursar Derecho y Filosofía y Letras.

En la capital de las Andalucías, en la inmortal Sevilla patriarcal y castiza, fue en donde D. Francisco de Paula Ureña conoció al eminente cervantista D. Francisco Rodríguez Marín. Amplió su círculo de amistades y llegó a merecer el aplauso de D. Marcelino Menéndez y Pelayo por sus traducciones de Horacio. También fue corresponsal epistolar de D. Juan Valera.

Con el tiempo se convirtió en director-propietario del periódico tradicionalista de Jaén “El Pueblo Católico”, líder de opinión en la provincia. Fue cooptado por la Real Academia Española de la Lengua y adoptado como Hijo Ilustre de la ciudad de Jaén.

En 1936, tras vender su periódico que continuamente era hostigado por los frentepopulistas, pasa a Madrid creyendo poder ponerse a salvo. El poeta tiene una avanzada edad, y es acompañado por su primogénito Paco. Ambos –el padre y el hijo- fueron apresados por las milicias en el Madrid sovietizado. El anciano poeta tradicionalista D. Francisco de Paula fue asesinado vilmente en Vicálvaro, después de ser obligado a cavar la fosa en la que, primero arrojaron a su hijo, y en la que poco después acabaron asesinándolo a él. Era el 27 de septiembre de 1936. En Jaén, sus otros dos hijos varones –Carlos y Juan- también fueron apresados por los frentepopulistas y asesinados en uno de los infames “paseíllos”.


Treinta y seis años antes de su fatídico desenlace; podemos decir que de su martirio por Dios y por España: en marzo de 1900, D. Francisco de Paula compuso esta oda con rasgos epopéyicos que obtuvo el accésit al premio de honor en los Juegos Florales de Sevilla del mismo año 1900.

AL PUEBLO BÖER (I)

¡Quiero cantar! El rayo que serpea,
De tremebunda tempestad la noche
Bañando en luz; el fragoroso trueno,
Que estremece montañas; la terrible
Trompa del Ángel vengador; la tea
Que alumbre al mundo en el postrero día;
El terror, el espanto, la ira, el odio…,
Las cuerdas templen en la lira mía;
Y, de entusiasmo lleno
Y de coraje henchido
Mi joven pecho, en batallar no usado,
Convierta el blando nido,
Por casto amor labrado,
En Etna horrible, que en el fondo estalla,
Y al libre viento lance
Mortífera metralla,
Que al opresor de la justicia alcance.
¡Sombras ilustres de Corinto; ruinas
De la inmortal Sagunto; peregrinas
Hembras insignes de Tarento; muros
Del Partenón de Atenas; bendecidos
Manes errantes de Numancia; escombros
De la fiel Zaragoza; no vencidos,
Aunque muertos, soldados de Gerona;
Héroes de Trafalgar y de Santiago,
Gloria a la vez y estrago,
Que ibero honor pregona;
Márgenes de La Janda; león bravío,
Que guardas las Termópilas; sombrío
Peñón de Arcadia, que Tarpeya fuiste
De las hijas de Grecia,… todo, todo
Cuanto grandeza perenal reviste,
O señala una fecha
De abnegación gigante
Por inmortales hecha,…
¡surgid!; y al plectro mío,
Para que digno cante
Y al débil torne en fuerte,
Prestadle tonos de aflicción y muerte,
Y enseñad a las razas,
Que forman las naciones,
Que insultos y amenazas
Y exterminio y ruina
Nada son, si ilumina
La fe los corazones,
O timbre son de inmarcesible gloria,
Que con amor profundo
Conserva fiel la Historia
Para llenar de admiración al mundo.
Mansísimos pastores,
Entregados al dulce esparcimiento
De escuchar en las ramas de la selva
Los trinos de los pardos ruiseñores,
Al tiempo que en la umbría
O en el monte callado
Descansaba o pacía
El tímido ganado;
O bien sencillas gentes,
A los pechos criadas
De Ceres pura, un pueblo
De educación bravía
Y costumbres sagradas,
En el trabajo y la honradez vivía.
Nadie a turbarle en su quietud serena
Llegó jamás; ignotas,
En tierras tan remotas,
Sus minas fueron; la ambición ajena,
¡causa de tantos males!,
No trocó los espesos matorrales
De sus vírgenes campos, en recinto
De medrosos cipreses funerales.
Todo era paz, y sencillez, y encanto.
El nombre de Dios santo,
Bendecido en el monte y en la aldea
Con viva fe cristiana,
Fue siempre hermosa idea,
Que le mostró esplendente
De la vida la próspera mañana.
Mas ¡ay! Que a tierra toca
De piratas modernos el navío,
Que artero amarra a la imponente roca;
El sol convierte su calor en frío
Y en sombra su fulgor; se cubre el cielo
De espesos nubarrones,
Y, bajo el denso velo
Que eclipse y nubes dan, pisan la tierra
En banda los ladrones,
Y ocupan llano y sierra,
Ocultado sus negras intenciones.
-¡Somos amigos! –dicen-. Y, mintiendo
-nuevos penos, salidos de Cartago-,
Escrutan, a las luces del halago,
Las riquezas que fueron persiguiendo;
Y hoy dos, mañana diez, veinte más tarde,
Van llegando los barcos forajidos,
Con carga de bandidos,
De amistad, y aun de amor, haciendo alarde.
Un día el leopardo… ¡Horror! ¡De Dios maldito,
Cien veces cien, en su memoria sea
El que espantó con estentóreo grito
A los hijos del monte y de la aldea!
¿Por qué, leopardo, tus sañudos bríos
Llevas así contra el cordero inerme,
Mientras en calma duerme
Sobre el césped umbroso de sus ríos?
¿Por qué la frente humillas,
Cuando cruzas, de noche, los breñales,
Para apresar las mansas avecillas
Que reposan en zarzas y en jarales?
Mas… ¡ni aves ni corderos
Son los hombres, que oprimen
Tus rudas garras en horrendo crimen!
¡Pastores son!; guerreros,
Que, al golpe de tu zarpa fementida,
Niegan valles y oteros
Y hogar y esposas y quietud y vida,
Para correr a la escarpada sierra,
Al ronco son de “¡Libertad y guerra!”
¡Libertad, Libertad!... Nombre bendito,
Por Dios impreso en la conciencia honrada;
Emblema de honor; timbre de gloria;
Brillante sol, que iluminó la Historia
Desde los brazos de la Cruz sagrada;
Lumbre perenne que inflamó el acento,
Ya grito, ya lamento,
De las arpas hebreas,
Y enardeció en los circos fabïanos
El pecho de los mártires cristianos,
Del martirio en las luchas giganteas;
Fuero de la verdad; peto y escudo
De la inocencia amable; hermosa palma
De la justicia, en el combate rudo
Que engendran las ideas;
Luz de la inspiración, alma del alma,…
Libertad, Libertad… ¡bendita seas!
¡Y en la montaña son! De sus pendones
-que al aire dan, de “¡Independencia!” al grito,
“¡Dios proveerá!”, es el lema
Con oro y sangre escrito.
Y tórnanse cañones
Los ciclópeos peñones,
Que les prestan sus rocas de granito;
Y el mar les da su fuerza, el sol su llama,
El huracán su furia, Dios su ira,…
Y la Patria ¡la pira
De purísimo amor que los inflama!
¡Mirad, mirad a Krüger,
Anciano venerable,
Más que Príamo valiente,
Oír inalterable
La voz de guerra que sonó estridente;
Mirad sobre Pretoria,
Honra ya de la Historia,
Tremolar la bandera sacrosanta,
Que, en esplendente vuelo,
Desde la tierra al cielo
Nobleza y gloria y libertad levanta.
Y mirad por el viento,
Revibrando veloz, de Palas fiera
La flamígera espada, que, al acento
Terrible y bronco de “¡Venganza!”, espera
Romper el férreo yugo,
Que el odioso verdugo
Sobre pueblos honrados impusiera.
Mas ¡ay! Que acude en vano
La Justicia a luchar. Ya el Océano,
Revueltos con la espuma,
Hombres vomita, que le dio la bruma
De la odiosa Albïón; sobre la arena
De las playas del África, ya veo,
Del moderno Briareo,
Arrastrar en los carros los cañones;
Ya el agudo clarín los aires llena;
Treme el suelo, al pisar de las legiones,
Y la muerte sus alas
Extiende por doquier con furia loca,
Saliendo envuelta en las silbantes balas,
Que escupió del cañón la horrible boca.
¡Rómpete, lira, ya! Tu canto sea
Reflejo de la gloria del que bueno
Por su patria sucumbe en la pelea;
Mas del verdugo, no! ¡Letal veneno
Beban mis labios, antes
Que a los tiranos de la tierra cantes!
¡No más, no más cantar! Dame, Dios mío,
Por estro, rayos de asfixiante lumbre,
Y no haya mar, ni río,
Garganta, cima o cumbre,
Donde el verdugo esté, sin que hasta él lleguen
Las llamas que le aneguen
En fuego que le abrase
Y hasta su nombre, como arista, arrase.
¡Pueblos sin alma de la vieja Europa,
Mi maldición oíd! Yacéis dormidos,
Tirada al suelo la dorada copa
Del insano placer. ¡Ay! Los gemidos
De la justicia que oprimió el tirano
¿no os hirieron el pecho? ¿No la mano
De espada armó el doliente
Clamor del inocente?
¡Despertad, despertad! Llevad los ojos
Al África infeliz, y ved, llorando,
Los fúnebres despojos,
Que va Albïón tras de su pie dejando;
Los campos ved desiertos,
Y montones de muertos
Insepultos yacer sobre la tierra,
Y ved en las montañas
Y en las tristes cabañas
Los estragos del hambre y de la guerra…
Pero ¡escuchad! ¿Es trueno,
Borrasca bramadora,
Presagio de huracán…, o es armonía,
Dulcísimo y sonora,
Que va de Dios al seno,
Rauda cruzando la región vacía?
¡Es el himno marcial! Himno sagrado,
Al Dios de los Ejércitos potente,
Tras la lucha por héroes elevado,
Fija en el cielo la serena frente;
Himno marcial bendito
De intrépidos guerreros,
Defensores heroicos de sus lares,
Que, para honrar a Dios tras lo infinito,
En montañas y en valles y en oteros,
Hallan templos y víctimas y altares.
¡Gracias, mi Dios! No pueden,
Los pueblos que así viven,
Nunca morir. Que rueden
Sus exangües cabezas por el suelo;
Sus troncos, mutilados,
Llenen la tierra; el cielo
Sus campos desolados
Cubra doquier de funerario velo;
Sus jefes aguerridos
Caigan en el fragor de la pelea,
O giman entre hierros, confundidos
Con gentes de bajísima ralea;
Quemen sus casas; sus tugurios quemen;
Agua pidan y pan, pidiendo en vano,
Y habiten en un Yemen
Sin voz amiga y sin socorro humano.
¡No importa!... ¡Vivirán!... Mientras derrame
Su lumbre el Sol sobre la madre Tierra,
Y el mar furioso brame,
Y exista en pie una sierra;
Mientras haya un torrente
Y un valle y un collado
Y una selva y un prado,…
O sólo un ser viviente,
Dueño y señor del mundo inhabitado,…
Vivirán estos pueblos, bendecidos
Por la gigante boca
Que formarán, reunidos,
Torrentes, valles, prados,
Aves, selvas, collados,
Océano, Sol y roca!
¡Pueblo inmortal, arriba!
La frente yergue altiva,
Por nimbo orlada de virtud; ¡avanza,
Sin un palmo ceder! “¡Guerra y venganza!”
Tu santo lema sea,
Del honor en la lucha ciclópea.
Tu brazo es Dios; la Libertad, tu espada:
La Patria, tu celada;
La Justicia, tu escudo;
Tu enemigo,… la sórdida codicia.
Y ¿qué el tirano de la Historia pudo
Contra Dios, Libertad, Patria y Justicia?
¡Basta; no más! Dios pío,
Si a tu encumbrado trono,
Del pobre plectro mío
Llegare el flébil tono;
Si la oración ferviente,
Que de mis labios sale,
En la región luciente
Donde te ostentas, vale…,
¡laureles de victoria
Honoren al atleta,
Y vivan, coronados por la gloria
Los amargos acentos del poeta!
Marzo, 1900.


Con la muestra de estos dos sendos poemas, compuestos por una poetisa y un poeta jaeneros, queremos dejar constancia de las simpatías que se granjearon los heroicos afrikaanders, bóers, boers o afrikáners entre los poetas y poetisas del Santo Reino de Jaén. En la lucha contra la política ruin y miserable del sedicente imperio británico, los jienenses supieron cerrar filas con aquellos que fueron ejemplo de valor y resistencia contra la pérfida Albión.

BIBLIOGRAFÍA:

Alfredo Cazabán Laguna en la revista “Don Lope de Sosa”.

Manuel María Morales Cuesta, "Viejos poetas giennenses", Editorial Jabalcuz, Jaén, 1997.

Manuel Fernández Espinosa, “Don Francisco de Paula Ureña Navas: un poeta tosiriano olvidado. Elegía a un poeta que no tuvo su muerte”, Revista Cultural ÓRDAGO de Torredonjimeno, n.º 9, pp. 10-13.